Friedrich Engels

Publicat per primer cop als números 5 i 6 de la Neue Rheinische Zeitung, dirigida per Karl Marx, a Hamburg, l’any 1850. Font: Marxist Internet Archive

Índice

Prefacio a la segunda edición de 1870

Adición al prefacio a la edición de 1870 para la tercera edición de 1875

I. La situación económica y la estructura social de alemania

II. Los grandes grupos de la oposición y sus ideologías. Lutero y Münzer

III. Los movimientos precursores de la gran guerra campesina entre 1476 y 1517

IV. La sublevación de la nobleza

V. La guerra de los campesinos en Suabia y Franconia

VI. La guerra de los campesinos en Turingia, Alcasia y Austria

VII. Las consecuencias de la guerra de los campesinos

Prefacio a la segunda edición de 1870

La presente obra fue escrita en Londres, en el verano de 1850, bajo la impresión directa de la contrarrevolución que acababa de consumarse; apareció en los números 5 y 6 de la “Neue Rheinische Zeitung. Politisch-ökonomische Revue” [1] dirigida por Carlos Marx, Hamburgo, 1850. Mis amigos políticos de Alemania me piden su reedición, y atiendo a su deseo ya que, con gran sentimiento mío, la obra no ha perdido aún actualidad.

La obra no pretende dar un material nuevo, fruto de mis propias investigaciones. Por el contrario, todo el material que se refiere a las insurrecciones campesinas y a Tomás Münzer ha sido tomado de Zimmermann [2]. A pesar de sus lagunas, el libro de este autor constituye la mejor recopilación de datos aparecida hasta la fecha. Además, el viejo Zimmermann trata la materia con mucha cariño. El mismo instinto revolucionario que le obliga a lo largo de todo el libro a erigirse en campeón de las clases oprimidas, le convierte más tarde en uno de los mejores representantes de la extrema izquierda [3] en Francfort.

Y a pesar de que a la exposición que nos ofrece Zimmermann le falta cohesión interna; de que no logra presentarnos las cuestiones religiosas y políticas que se debatían en aquella época como un reflejo de la lucha de clases del momento; de que no ve en esa lucha de clases más que opresores y oprimidos, malos y buenos, con el triunfo final de los malos; de que su comprensión de las relaciones sociales que determinan el origen y el desenlace de la lucha es muy incompleta, todo esto no son más que defectos propios de la época en que apareció el libro. Por el contrario, en medio de las obras históricas idealistas alemanas de aquellos tiempos, el libro constituye una excepción digna de elogio y está escrito de un modo muy realista.

En mi exposición, en la que me limito a describir a grandes rasgos el curso histórico de la lucha, trato de explicar el origen de la guerra campesina, la posición ocupada por los diferentes partidos que intervenían en ella, las teorías políticas y religiosas con que estos partidos procuraban explicarse ellos mismos su posición y, por último, el propio desenlace de la lucha como una consecuencia necesaria de las condiciones históricas de la vida social de estas clases en aquella época. En otros términos, trato de demostrar que el régimen político de Alemania de aquellos tiempos, las sublevaciones contra este régimen y las teorías políticas y religiosas de la época no eran la causa, sino la consecuencia del grado de desarrollo en que se encontraban entonces en Alemania la agricultura, la industria, las vías de comunicación terrestres, fluviales y marítimas, el comercio y la circulación del dinero. Esta concepción de la Historia –la única concepción materialista– no ha sido creada por mí, sino que pertenece a Marx y forma asimismo la base de sus trabajos sobre la revolución francesa de 1848-1849 [*], publicados en la misma revista, y de “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” [**].

El paralelo entre la revolución alemana de 1525 y la revolución de 1848-1849 saltaba demasiado a la vista para que yo pudiese renunciar por completo a él. Sin embargo, al lado de la semejanza en el curso general de los acontecimientos, cuando tanto en un caso como en otro el mismo ejército de un príncipe iba aplastando una tras otra las diversas insurrecciones locales, y a pesar de la semejanza, muchas veces cómica, que presenta la conducta observada en ambos casos por los vecinos de la ciudad, las diferencias entre ambas revoluciones son claras y patentes:

«¿Quién se aprovechó de la revolución de 1525? Los príncipes. ¿Quién se aprovechó de la revolución de 1848? Los grandes soberanos, Austria y Prusia. Detrás de los pequeños príncipes de 1525 estaban los pequeños vecinos de la ciudad, a quienes aquéllos estaban atados por los impuestos; detrás de los grandes soberanos de 1850, detrás de Austria y Prusia está, sometiéndolas rápidamente  por medio de la deuda pública, la gran burguesía moderna. Y detrás de la gran burguesía está el proletariado» [***].

Por desgracia, debo decir que con esta afirmación hice demasiado honor a la burguesía alemana, la cual tanto en Austria como en Prusia había tenido la ocasión de «someter rápidamente» la monarquía «a través de la deuda pública» pero que nunca ni en ninguna parte aprovechó esta oportunidad.

A raíz de la guerra de 1866 [4], Austria cayó como un regalo en manos de la burguesía. Pero ésta no sabe dominar, es impotente e incapaz de hacer nada. Lo único que sabe hacer es vomitar furia contra los obreros en cuanto éstos se ponen en movimiento. Y si sigue empuñando el timón del poder, es únicamente porque los húngaros la necesitan.

¿Y en Prusia? Cierto es que la deuda pública ha subido vertiginosamente, que el déficit es un fenómeno crónico, que los gastos del Estado crecen de año en año, que la burguesía tiene la mayoría en la dieta, que sin su consentimiento no se pueden elevar los impuestos ni contratar empréstitos, pero, ¿dónde está, a pesar de todo, su poder sobre el Estado? Apenas hace unos cuantos meses, cuando el Estado se hallaba otra vez en déficit, la posición de la burguesía era de lo más ventajosa. De haber mostrado tan sólo un poco de firmeza hubiese podido lograr grandes concesiones. Pero, ¿qué hizo? Consideró como una concesión suficiente el que el Gobierno le permitiese poner a sus pies cerca de nueve millones, y no por un solo año, sino como aportación anual para todos los años futuros.

No quiero fustigar a los pobres «nacional-liberales» [5] de la dieta más de lo que se merecen. Yo sé que han sido abandonados por los que están detrás de ellos, por la masa de la burguesía Esta masa no quiere gobernar. Los recuerdos de 1848 están demasiado frescos en su memoria.

Más adelante diremos por qué la burguesía alemana manifiesta tanta cobardía.

En otros aspectos, la afirmación que hemos hecho más arriba se ha confirmado plenamente. Como vemos, a partir de 1850, los pequeños Estados van pasando más y más decididamente a segundo plano, y ya no sirven más que de palancas para las intrigas prusianas y austriacas. La lucha entre Austria y Prusia por la hegemonía es cada vez más encarnizada, y, finalmente, en 1866, llega la solución violenta, por la que Austria conserva sus propias provincias. Prusia sojuzga directa o indirectamente todo el Norte, mientras que los tres Estados Suroccidentales [****] quedan por el momento de puertas afuera.

En toda esta representación pública, lo único que tiene importancia para la clase obrera alemana es lo siguiente:

En primer lugar, que, gracias al sufragio universal, los obreros obtuvieron la posibilidad de estar directamente representados en la Asamblea Legislativa.

En segundo lugar, que Prusia dio un buen ejemplo al tragarse otras tres coronas [*****] por la gracia de Dios. Ni siquiera los nacional-liberales creen ahora que después de esta operación Prusia conserva aún aquella inmaculada corona por la gracia de Dios que se atribuía antes.

En tercer lugar, que en Alemania no existe más que un adversario serio de la revolución: el Gobierno prusiano.

Y en cuarto lugar, que los germano-austriacos deben plantearse y decidir de una vez para siempre qué es lo que quieren ser: alemanes o austriacos; qué es lo que prefieren: Alemania o sus apéndices extra-alemanes transleitanos. Era evidente desde hacía tiempo que debían renunciar a una o a los otros, pero este hecho siempre había sido velado por la democracia pequeñoburguesa.

Por lo que respecta a las demás cuestiones importantes en litigio y relacionadas con 1866, cuestiones discutidas desde entonces hasta la saciedad entre los «nacional-liberales» y el «Partido Popular» [6], la historia de los años siguientes demostró palmariamente que estos puntos de vista habían combatido entre sí con tanta violencia únicamente por representar los dos polos opuestos de una misma mediocridad.

El año 1866 no modificó casi nada las condiciones sociales de Alemania. Las escasas reformas burguesas –el sistema único de pesas y medidas, la libertad de residencia, la libertad de industria, etc.–, todas ellas limitadas a los marcos señalados por la burocracia, no llegan aún a lo alcanzado desde hace tiempo por la burguesía de los otros países de la Europa Occidental y dejan en pie el mal principal: el sistema burocrático de concesiones [7]. Por lo demás, para el proletariado la práctica policíaca al uso hizo completamente ilusorias todas esas leyes sobre la libertad de residencia, el derecho de ciudadanía, la supresión de los pasaportes, etc.

Mucha mayor importancia que toda esta representación pública de 1866 fue la que tuvo el desarrollo que, a partir de 1848, adquieren en Alemania la industria, el comercio, los ferrocarriles, el telégrafo y la navegación transoceánica. Por mucho que estos éxitos quedasen a la zaga de los logrados durante ese mismo tiempo por Inglaterra e incluso por Francia, no tenían, sin embargo, precedentes en la historia de Alemania, y dieron a este país en veinte años mucho más de lo que antes le había dado un siglo entero. Ahora es cuando Alemania se incorpora resuelta y decididamente al comercio mundial. Multiplícanse rápidamente los capitales de los industriales y sube en consonancia la posición social de la burguesía. El síntoma más seguro de la prosperidad industrial, la especulación, florece esplendorosamente y encadena a condes y duques a su carro triunfal. Ahora, el capital alemán –¡que la tierra le sea leve!– está construyendo ferrocarriles en Rusia y en Rumania, mientras que hace tan sólo quince años los ferrocarriles alemanes tenían que implorar la ayuda de los empresarios ingleses. ¿Cómo ha podido ocurrir, pues, que la burguesía no haya conquistado también el poder político, que su conducta frente al Gobierno sea tan posilánime?

La desgracia de la burguesía alemana consiste en que, siguiendo la costumbre favorita alemana, llega demasiado tarde. Su florecimiento ha coincidido con el período en que la burguesía de los otros países de la Europa Occidental se halla políticamente en declive. En Inglaterra, la burguesía no ha podido llevar a su verdadero representante Bright al Gobierno más que ampliando el derecho electoral, medida que por sus consecuencias debe poner fin a toda la dominación burguesa. En Francia, donde la burguesía como tal, como clase, no pudo dominar más que dos años bajo la república, 1849 y 1850, sólo logró prolongar su existencia social cediendo su dominación política a Luis Bonaparte y al ejército. Dado el extraordinario desarrollo alcanzado por las influencias recíprocas de los tres países más avanzados de Europa, es ya completamente imposible que la burguesía pueda implantar cómodamente la dominación política en Alemania cuando en Inglaterra y en Francia esa dominación ya ha caducado.

La particularidad que distingue a la burguesía de todas las demás clases dominantes que la han precedido consiste precisamente en que en su desarrollo existe un punto de viraje, tras el cual todo aumento de sus medios de poder, y por tanto de sus capitales en primer término, tan sólo contribuye a hacerla cada vez más incapaz para la dominación política. «Tras la gran burguesía está el proletariado». En la medida en que la burguesía desarrolla su industria, su comercio y sus medios de comunicación, en la misma medida engendra al proletariado. Y al llegar a un determinado momento, que no es el mismo en todas partes ni tampoco es obligatorio para una determinada fase de desarrollo, la burguesía comienza a darse cuenta de que su inseparable acompañante, el proletariado, empieza a sobrepasarla. Desde ese momento pierde la capacidad de ejercer la dominación política exclusiva, y busca en torno suyo aliados, con quienes comparte su dominación, o a quienes, según las circunstancias, se la cede por completo.

En Alemania, ese punto de viraje ya había llegado para la burguesía en 1848. Aunque bien es cierto que en aquel entonces la burguesía alemana no se asustó tanto del proletariado alemán como del proletariado francés. Los combates de junio de 1848 [8] en París le enseñaron qué era lo que la esperaba. La agitación del proletariado alemán era suficiente para demostrarle que en Alemania habían sido arrojadas las semillas capaces de dar la misma cosecha. Y a partir de ese momento quedó embotado el filo de la acción política de la burguesía alemana. Esta empezó a buscar aliados y a venderse por cualquier precio; y de entonces acá no ha avanzado un solo paso.

Todos esos aliados son reaccionarios por su naturaleza: el poder real, con su ejército y su burocracia; la gran nobleza feudal; los junkers provincianos de medio pelo y, finalmente, los curas. Con todos ellos pactó y concertó acuerdos la burguesía con tal de salvar su preciado pellejo, hasta que, por último, no le quedó ya nada con qué traficar. Y cuanto más se desarrollaba el proletariado, cuanta más conciencia adquiría de su condición de clase y cuanto más actuaba en calidad de tal, más cobarde se hacía la burguesía. Cuando la estrategia asombrosamente mala de los prusianos venció en Sadowa [9] a la estrategia asombrosamente aún peor de los austriacos, difícilmente podría decirse quién lanzó un suspiro de alivio más grande: el burgués prusiano, que también había sido derrotado en Sadowa, o el burgués austriaco.

Nuestros grandes burgueses obran en 1870 exactamente igual como obraron en 1525 los villanos medios. En lo que atañe a los pequeños burgueses, a los artesanos y a los tenderos, éstos siguen siendo siempre los mismos. Esperan poder trepar a las filas de la gran burguesía y temen ser precipitados a las del proletariado. Fluctuando entre la esperanza y el temor, tratarán de salvar su precioso pellejo durante la lucha, y después de la victoria se adherirán al vencedor. Tal es su naturaleza.

El desarrollo de la actividad social y política del proletariado ha marchado a la par con el auge industrial que siguió a 1848. El papel desempeñado hoy día por los obreros alemanes en sus sindicatos, cooperativas, organizaciones y asambleas políticas, en las elecciones y en el llamado Reichstag, demuestra perfectamente por sí sola cuál ha sido la transformación experimentada de un modo imperceptible por Alemania en estos últimos veinte años. Es un gran mérito de los obreros alemanes el haber sido los únicos que han logrado enviar obreros y representantes de los obreros al parlamento, cosa que ni los franceses ni los ingleses han logrado hasta ahora.

Pero tampoco el proletariado ha salido aún de ese estado que permite establecer un paralelo con 1525. La clase que depende exclusivamente del salario toda su vida se halla aún lejos de constituir la mayoría del pueblo alemán. Por eso, también tiene que buscarse aliados. Y sólo los puede buscar entre los pequeños burgueses, el lumpemproletariado de las ciudades, los pequeños campesinos y los obreros agrícolas.

Ya hemos hablado de los pequeños burgueses. Son muy poco de fiar, excepto cuando ya ha sido lograda la victoria. Entonces arman un alboroto infernal en las tabernas. A pesar de esto, entre ellos se encuentran excelentes elementos que se unen espontáneamente a los obreros.

El lumpemproletariado, esa escoria integrada por los elementos desmoralizados de todas las capas sociales y concentrada principalmente en las grandes ciudades, es el peor de los aliados posibles. Ese desecho es absolutamente venal y de lo más molesto. Cuando los obreros franceses escribían en los muros de las casas durante cada una de las revoluciones: «Mort aux voleurs!» ¡Muerte a los ladrones!, y en efecto fusilaban a más de uno, no lo hacían en un arrebato de entusiasmo por la propiedad, sino plenamente conscientes de que ante todo era preciso desembarazarse de esta banda. Todo líder obrero que utiliza a elementos del lumpemproletariado para su guardia personal y que se apoya en ellos, demuestra con este solo hecho que es un traidor al movimiento.

Los pequeños campesinos –pues los grandes pertenecen a la burguesía– son de composición heterogénea.

O bien son campesinos feudales, obligados todavía a realizar determinadas prestaciones para sus señores. Después que la burguesía dejó pasar la oportunidad de liberarles de la servidumbre, como era su deber, no costará trabajo convencerles de que sólo pueden esperar la liberación de manos de la clase obrera.

O bien son arrendatarios. En este caso tenemos por lo común las mismas relaciones que en Irlanda. El arriendo es tan elevado que, cuando la cosecha es mediana, el campesino y su familia apenas pueden mantenerse, y cuando la cosecha es mala casi se mueren de hambre, no pueden pagar el arriendo y quedan, por consiguiente, completamente a merced del terrateniente. Para esta gente, la burguesía sólo hace algo cuando se la obliga a ello. ¿De quién, si no es de los obreros, pueden esperar la salvación?

Quedan los campesinos que cultivan su propio pedazo de tierra. En la mayoría de los casos están tan cargados de hipotecas que dependen del usurero tanto como el arrendatario del terrateniente. Tampoco a ellos les queda más que un mísero salario, muy inestable por lo demás, ya que depende de los altibajos de la cosecha. Menos que nadie pueden esperar algo de la burguesía, pues son explotados precisamente por los burgueses, por los capitalistas usureros. A pesar de ello, las más de las veces están muy apegados a su propiedad, aunque, en realidad, ésta no les pertenece a ellos, sino al usurero. Sin embargo, es preciso convencerles de que sólo podrán liberarse del prestamista cuando un Gobierno dependiente del pueblo convierta todas las deudas hipotecarias en una deuda única al Estado y rebaje así el tipo del interés. Y esto sólo puede lograrlo la clase obrera.

En todas partes donde predomina la propiedad agraria mediana y grande, la clase más numerosa del campo está integrada por los obreros agrícolas. Tal es el caso en todo el Norte y en el Este de Alemania, y en este grupo es donde los obreros industriales de la ciudad encuentran su aliado más natural y más numeroso. El terrateniente o gran arrendador se opone al obrero agrícola de la misma manera que el capitalista se opone al obrero industrial. Las mismas medidas que ayudan a uno deben ayudar al otro. Los obreros industriales sólo pueden liberarse transformando los capitales de la burguesía, es decir, las materias primas, las máquinas, los instrumentos y los medios de vida necesarios para la producción en propiedad social, o sea, en propiedad suya y utilizada por ellos en común. De la misma manera, los obreros agrícolas sólo pueden liberarse de su espantosa miseria si, en primer término, la tierra –su principal objeto de trabajo– es arrancada a la propiedad privada de los grandes campesinos y de los aún más grandes señores feudales y convertida en propiedad social, cultivada colectivamente por cooperativas de obreros agrícolas. Y aquí nos llegamos a la célebre resolución del Congreso de la Internacional, celebrado en Basilea, que dice que en interés de la sociedad es preciso convertir la propiedad de la tierra en propiedad colectiva, en propiedad nacional [10]. Esta resolución se refiere principalmente a los países donde existe la gran propiedad de la tierra, con grandes explotaciones agrícolas en manos de un solo amo y atendidas por numerosos obreros asalariados. Y como en términos generales esta situación sigue predominando en Alemania, dicha resolución era particularmente oportuna para Alemania a la vez que para Inglaterra. El proletariado agrícola, los jornaleros del campo constituyen la clase que proporciona más reclutas para los ejércitos de los monarcas. Es la clase que, gracias al sufragio universal, envía hoy día al parlamento a la mayoría de los feudales y de los junkers. Pero, al mismo tiempo, es la clase que está más cerca de los obreros industriales de la ciudad, la que comparte con ellos las mismas condiciones de existencia, la que se encuentra en una situación de miseria aún mayor que la de ellos. Esta clase es impotente, pues está fraccionada y dispersa, pero el Gobierno y la nobleza conocen tan bien su fuerza latente, que con toda intención dejan desmoronarse las escuelas para mantenerla en la ignorancia. La tarea inmediata más urgente de los obreros alemanes es despertar a esta clase e incorporarla al movimiento. El día en que la masa de obreros agrícolas aprenda a tener conciencia de sus propios intereses, ese día será imposible en Alemania un gobierno reaccionario, ya sea feudal, burocrático o burgués.

11 de febrero de 1870.

Adición al prefacio a la edición de 1870 para la tercera edición de 1875

Las líneas que anteceden fueron escritas hace más de cuatro años, pero siguen conservando hoy día toda su significación. Lo que era cierto después de Sadowa [11] y de la división de Alemania, se ha confirmado después de Sedán [12] y de la fundación del Sacro Imperio germánico de la nación prusiana [13]. ¡Tan pequeños son los cambios que pueden introducir en el curso del movimiento histórico esas representaciones públicas de la llamada alta política que «conmueven al mundo»!

Lo que pueden hacer en cambio es acelerar el curso de ese movimiento. A este respecto, los causantes de esos acontecimientos que «conmueven al mundo» han logrado, a pesar suyo, unos éxitos que seguramente les resultan muy indeseables, pero que, quiéranlo o no, tienen que aceptar.

La guerra de 1866 ya había sacudido los cimientos de la vieja Prusia. Después de 1848 costó mucho trabajo reducir de nuevo a la vieja disciplina a los elementos rebeldes industriales –tanto burgueses como proletarios– de las provincias occidentales; sin embargo, se logró, y los intereses de los junkers de las provincias orientales volvieron a ser los dominantes en el Estado a la par con los intereses del ejército. En 1866 casi toda la Alemania Noroccidental era prusiana. Sin hablar ya del irreparable daño moral que la corona prusiana por la gracia de Dios había experimentado al tragarse otras tres coronas por la gracia de Dios [******], el centro de gravedad de la monarquía se había desplazado sensiblemente hacia el Occidente. Los cinco millones de renanos y de westfalianos recibieron en un principio el refuerzo de cuatro millones de alemanes anexionados directamente y, después, el de seis millones de alemanes indirectamente anexionados a través de la Confederación de la Alemania del Norte [14]. Y en 1870 se les añadieron, además, ocho millones de alemanes del Suroeste [15], de modo que en el «nuevo Imperio», a los catorce millones y medio de viejos prusianos (de las seis provincias del Este del Elba y entre los que figuran, además, dos millones de polacos) se oponen unos veinticinco millones que ya hace tiempo han dejado atrás al feudalismo viejo-prusiano de los junkers. Así pues, fueron precisamente las victorias del ejército prusiano las que desplazaron radicalmente todos los cimientos del edificio estatal prusiano; la dominación de los junkers se hizo cada vez más insoportable hasta para el propio Gobierno. Pero, al mismo tiempo, el vertiginoso desarrollo de la industria relegó a segundo plano la lucha entre los junkers y la burguesía, destacando la lucha entre la burguesía y los obreros, de suerte que las bases sociales del viejo Estado sufrieron también desde dentro una transformación radical. La premisa fundamental de la monarquía, que se iba descomponiendo lentamente desde 1840, era la lucha entre la nobleza y la burguesía, lucha en la que la monarquía mantenía el equilibrio. Pero desde el momento en que ya no se trataba de defender a la nobleza del empuje de la burguesía, sino de defender a todas las clases poseedoras frente al empuje de la clase obrera, la vieja monarquía absoluta hubo de transformarse por completo en monarquía bonapartista, la forma de Estado especialmente elaborada para ese fin. En otro logar (“Contribución al problema de la vivienda”, 2ª parte, pág. 26 y siguientes [*******]) examiné ya este paso de Prusia al bonapartismo, aunque allí pude dejar sin destacar un punto que aquí es muy esencial, a saber, que este paso fue el avance más grande hecho por Prusia desde 1848, hasta tal punto había quedado a la zaga del desarrollo moderno. Prusia seguía siendo un Estado semifeudal, mientras que el bonapartismo es en todo caso una forma moderna de Estado que presupone la eliminación del feudalismo. Prusia debe, pues, decidirse a terminar con sus numerosos vestigios del feudalismo y a sacrificar a sus junkers como tales. Todo esto se va haciendo, naturalmente, de la manera más suave y al compás de la meladía favorita: Immer langsam voran [********]. Así ha ocurrido, por ejemplo, con la célebre ordenanza sobre los distritos, que suprime los privilegios de cada junker en sus tierras, pero únicamente para restablecerlos en forma de privilegios del conjunto de los grandes terratenientes en el territorio de todo el distrito. La esencia de la cuestión sigue siendo la misma; lo único que se hace es traducirla del dialecto feudal al dialecto burgués. El junker viejo prusiano es convertido a la fuerza en algo parecido al squire inglés, y no tiene por qué ofrecer mucha resistencia, pues ambos son igualmente estúpidos.

De este modo, a Prusia le ha correspondido el peculiar destino de culminar a fines de este siglo, y en la forma agradable del bonapartismo, su revolución burguesa que se inició en 1808-1813 y que dio un paso de avance en 1848. Y si todo marcha bien, si el mundo permanece quieto y tranquilo y nosotros llegamos a viejos, tal vez en 1900 veamos que el Gobierno prusiano ha acabado realmente con todas las instituciones feudales y que Prusia ha alcanzado por fin la situación en que se encontraba Francia en 1792.

La abolición del feudalismo, expresada de un modo positivo, significa el establecimiento del régimen burgués. A medida que desaparecen los privilegios de la nobleza, la legislación se va haciendo más burguesa. Y aquí llegamos a la médula de las relaciones entre la burguesía y el Gobierno. Ya hemos visto que el Gobierno tiene forzosamente que introducir estas reformas lentas y mezquinas. Pero cada una de estas míseras concesiones la presenta a los ojos de la burguesía como un sacrificio que hace por ella, como una concesión arrancada a la corona con gran esfuerzo, y a cambio de la cual los burgueses deben hacer a su vez concesiones al Gobierno. Y los burgueses aceptan el engaño, aunque saben perfectamente de qué se trata. Este es el origen del acuerdo tácito que preside en Berlín todos los debates del Reichstag y de la Cámara de Prusia: por una parte, el Gobierno, a paso de tortuga, reforma las leyes en interés de la burguesía, elimina las trabas feudales y los obstáculos creados por el particularismo de los pequeños Estados, que impiden el desarrollo de la industria; introduce la unidad de moneda, de pesas y medidas; establece la libertad de industria, etc.; implanta la libertad de residencia, poniendo así a disposición del capital y en forma ilimitada la mano de obra de Alemania; fomenta el comercio y la especulación; por otra parte, la burguesía cede al Gobierno todo el poder político efectivo, aprueba los impuestos, los empréstitos y la recluta de soldados y ayuda a formular todas las nuevas leyes de reforma de modo que el viejo poder policíaco sobre los elementos indeseables conserve toda su fuerza. La burguesía compra su paulatina emancipación social al precio de su renuncia inmediata a un poder político propio. El principal motivo que hace aceptable para la burguesía semejante acuerdo no es, naturalmente, su miedo al Gobierno, sino su miedo al proletariado.

Por lamentable que sea el papel desempeñado por nuestra burguesía en el campo político, no se puede negar que en la industria y en el comercio ya ha empezado a cumplir con su deber. El ascenso de la industria y del comercio, señalado ya en el prefacio a la segunda edición [*********], se ha desarrollado desde entonces con nuevos bríos. Lo ocurrido en este aspecto en la región industrial renano-westfaliana a partir de 1869 constituye algo realmente insólito para Alemania, y nos recuerda el florecimiento de los distritos fabriles ingleses a principios de siglo. Lo mismo ocurrirá en Sajonia y en la Alta Silesia, en Berlín, en Hannover y en las ciudades marítimas. Por fin tenemos un comercio mundial, una verdadera gran industria y una auténtica burguesía moderna; al mismo tiempo, también hemos sufrido una verdadera crisis y hemos obtenido un verdadero y poderoso proletariado.

Para los futuros historiadores, el tronar de los cañones en Spickeren, Mars-la-Tour [16] y Sedán y todo lo relacionado con esto tendrá mucha menos importancia para la historia de Alemania de los años 1869-1874 que el desarrollo sin ostentación, reposado, pero siempre progresivo del proletariado alemán. En 1870, los obreros alemanes ya tuvieron que pasar por una dura prueba: la provocación bélica bonapartista y su consecuencia lógica, el entusiasmo nacional general en Alemania. Los obreros socialistas alemanes no se dejaron despistar ni un solo momento. No manifestaron ni un ápice de chovinismo nacionalista. Conservaron su sangre fría en medio del más furioso delirio provocado por las victorias, y exigieron que se concertase con la «República Francesa una paz justa y sin anexiones»; ni siquiera el estado de sitio pudo reducirles al silencio. Ni el entusiasmo por la gloria militar ni las chácharas sobre la «magnificencia del Imperio alemán» hallaron eco entre ellos; su único objetivo era la emancipación de todo el proletariado europeo. Se puede afirmar con todo fundamento que en ningún país los obreros han sufrido una prueba tan difícil y han salido de ella tan airosos.

Al estado de sitio del período bélico siguieron los procesos por delitos de alta traición, de lesa majestad y de ofensas a los funcionarios y las persecuciones policíacas cada vez mayores de los tiempos de paz. Por lo menos tres o cuatro miembros de la redacción del “Volksstaat” [17] se hallaban habitualmente al mismo tiempo en la cárcel; lo mismo les ocurría a los demás periódicos. Cualquier orador del partido, que fuese algo conocido, debía comparecer ante los tribunales por lo menos una vez al año, y casi siempre era condenado. Llovían los destierros, las confiscaciones y las disoluciones de asambleas. Pero todo era en vano. Cada persona detenida o desterrada era sustituida inmediatamente por otra; por cada asamblea disuelta se convocaban otras dos; la firmeza y el estricto cumplimiento de las leyes iban agotando la arbitrariedad policíaca. Todas las persecuciones producían un efecto contrario: lejos de romper o siquiera doblar al partido obrero, no hicieron más que proporcionarle nuevos afiliados y fortalecer su organización. En su lucha, lo mismo contra las autoridades que contra burgueses aislados, los obreros dieron pruebas en todas partes de su superioridad intelectual y moral, y demostraron, sobre todo en sus choques con los llamados «patronos», que ellos, los obreros, eran ahora unas personas cultas, y los capitalistas, unos ignorantes. Al propio tiempo, en la mayoría de los casos luchan con un profundo sentido del humor, prueba de que tienen confianza en su causa y conciencia de su superioridad. La lucha así llevada, sobre un terreno preparado por la historia, debe producir grandes resultados. El éxito logrado en las elecciones de enero constituye un caso sin precedentes en la historia del movimiento obrero moderno [18], y se comprende perfectamente el asombro que ha provocado en toda Europa.

Los obreros alemanes tienen dos ventajas esenciales sobre los obreros del resto de Europa. La primera es la que pertenecen al pueblo más teórico de Europa y que han conservado en sí ese sentido teórico, casi completamente perdido por las clases llamadas «cultas» de Alemania. Sin la filosofía alemana que le ha precedido, sobre todo sin la filosofía de Hegel, jamás se habría creado el socialismo científico alemán, el único socialismo científico que ha existido. De haber carecido los obreros de sentido teórico, este socialismo científico nunca hubiera sido, en la medida que lo es hoy, carne de su carne y sangre de su sangre. Y lo inmenso de esta ventaja lo demuestra, por una parte, la indiferencia por toda teoría, que es una de las causas principales de que el movimiento obrero inglés avance tan lentamente, a pesar de la excelente organización de algunos oficios, y, por otra, lo demuestran el desconcierto y la confusión sembrados por el proudhonismo, en su forma primitiva, entre los franceses y los belgas, y, en la forma caricaturesca que le ha dado Bakunin, entre los españoles y los italianos.

La segunda ventaja consiste en que los alemanes han sido casi los últimos en incorporarse al movimiento obrero. Así como el socialismo teórico alemán jamás olvidará que se sostiene sobre los hombros de Saint-Simon, Fourier y Owen –tres pensadores que, a pesar del carácter fantástico y de todo el utopismo de sus doctrinas, pertenecen a las mentes más grandes de todos los tiempos, habiéndose anticipado genialmente a una infinidad de verdades, cuya exactitud estamos demostrando ahora de un modo científico–, así también el movimiento obrero práctico alemán nunca debe olvidar que se ha desarrollado sobre los hombros del movimiento inglés y francés, que ha tenido la posibilidad de sacar simplemente partida de su experiencia costosa, de evitar en el presente los errores que entonces no había sido posible evitar en la mayoría de los casos. ¿Dónde estaríamos ahora sin el precedente de las tradeuniones inglesas y de la lucha política de los obreros franceses, sin ese impulso colosal que ha dado particularmente la Comuna de París?

Hay que hacer justicia a los obreros alemanes por haber aprovechado con rara inteligencia las ventajas de su situación. Por primera vez desde que existe el movimiento obrero, la lucha se desarrolla en forma metódica en sus tres direcciones concertadas y relacionadas entre sí: teórica, política y económico-práctica (resistencia a los capitalistas). En este ataque concéntrico, por decirlo así, reside precisamente la fuerza y la invencibilidad del movimiento alemán.

Esta situación ventajosa, por una parte, y, por otra, las peculiaridades insulares del movimiento inglés y la represión violenta del francés hacen que los obreros alemanes se encuentren ahora a la cabeza de la lucha proletaria. No es posible pronosticar cuánto tiempo les permitirán los acontecimientos ocupar este puesto de honor. Pero, mientras lo sigan ocupando, es de esperar que cumplirán como es debido las obligaciones que les impone. Para esto, tendrán que redoblar sus esfuerzos en todos los aspectos de la lucha y de la agitación. Sobre todo los jefes deberán instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie. La conciencia así lograda y cada vez más lúcida, debe ser difundida entre las masas obreras con celo cada vez mayor, y se debe cimentar cada vez más fuertemente la organización del partido, así como la de los sindicatos. Aunque los votos reunidos en enero por los socialistas representen ya un ejército hastante considerable, aún se hallan lejos de constituir la mayoría de la clase obrera alemana; y por muy alentadores que sean los éxitos logrados por la propaganda entre la población rural, aquí precisamente es donde aún queda infinitamente mucho por hacer. No hay, pues, que cejar en la lucha; es preciso ir arrebatando al enemigo ciudad tras ciudad y distrito electoral tras distrito electoral. Pero, es preciso ante todo mantener el verdadero espíritu internacional, que no admite ningún chovinismo patriótico y que acoge con alegría todo progreso del movimiento proletario, cualquiera que sea la nación donde se produzca.  Si los obreros alemanes siguen avanzando de este modo, no es que marcharán al frente del movimiento –y no le conviene al movimiento que los obreros de una nación cualquiera marchen al frente del mismo–, sino que ocuparán un puesto de honor en la línea de combate; y estarán bien pertrechados para ello si, de pronto, duras pruebas o grandes acontecimientos reclaman de ellos mayor valor, mayor decisión y energía.

Federico Engels
Londres, 1 de julio de 1874
Friedrich Engels: “Der Deutsche Bauernkrieg”, Leipzig, 1875.

Notas

[*] C. Marx. “Las luchas de clases en Francia” (véase la presente edición [Obras Escogidas de Marx-Engels en 3 tomos, Editorial Progreso, Moscú], t. I, págs. 209-306). (N. de la Edit.)

[**] Véase la presente edición [Obras Escogidas de Marx-Engels en 3 tomos, Editorial Progreso, Moscú], t. 1, págs. 408-498. (N. de la Edit.)

[***] F. Engels. “La guerra campesina en Alemania”. (N. de la Edit.)

[****] Baviera, Baden, Würtemberg. (N. de la Edit.)

[*****] Hannover, Hessen-Kassel, Nassau. (N. de la Edit.)

[******] Hannover, Hessen-Kassel, Nassau. (N. de la Edit.)

[*******] Véase el presente tomo [Obras Escogidas de Marx-Engels en 3 tomos, Editorial Progreso, Moscu, t. 1], págs. 369-370 (N. de la Edit.)

[********] Siempre adelante, sin apresurarse. (N. de la Edit.)

[*********] Véase el presente tomo [Obras Escogidas de Marx-Engels en 3 tomos, Editorial Progreso, Moscu, t. 1], págs. 167-175. (N. de la Edit.)

[1] “Neue Rheinische Zeitung. Politisch-ökonomische Revue” («Nueva Gaceta del Rin. Revista de política y economía»), órgano teórico de la Liga de los Comunistas, fundado por Marx y Engels. Se publicó en diciembre de 1849 a noviembre de 1850. Vieron la luz seis números de la revista.

[2] El libro de Zimmermann “Allgemeine Geschichte des grosen Bauernkrieges” («Historia general de la gran guerra campesina») se publicó en Stuttgart en 1841-1843, en tres partes.

[3] Trátase del ala izquierda extrema de la Asamblea Nacional de Alemania que se reunía en Francfort del Meno durante la revolución de 1848-1849; representaba preferentemente los intereses de la pequeña burguesía, pero contaba con el apoyo de una parte de los obreros alemanes. La misión principal de la Asamblea era acabar con el fraccionamiento político del país y elaborar una constitución para toda Alemania. Pero, en virtud de la pusilanimidad y las vacilaciones de la mayoría liberal, la Asamblea no se atrevió a tomar en sus manos el poder supremo del país y no supo adoptar una actitud resuelta en los problemas fundamentales de la revolución alemana. El 30 de mayo de 1849, la Asamblea tuvo que trasladar su sede a Stuttgart. El 18 de junio de 1849 fue disuelta por las tropas.- 167

[4] Después de la derrota en la guerra austro-prusiana de 1866, al recrudecer la crisis del multinacional Estado de Austria, las clases gobernantes del país pactaron con los terratenientes de Hungría y firmaron en 1867 un acuerdo de formación de la doble monarquía de Austria-Hungría.

[5] Los nacional-liberales constituían el partido de la burguesía alemana fundado en el otoño de 1866. Se planteaban como objetivo fundamental agrupar los Estados alemanes bajo la supremacía de Prusia; su política reflejaba la capitulación de la burguesía liberal alemana ante Bismarck.

[6] El Partido Popular Alemán surgió en 1865 y constaba de elementos democráticos de la pequeña burguesía y, en parte, de la burguesía, principalmente de los Estados del Sur de Alemania. El partido se oponía al establecimiento de la hegemonía de Prusia en Alemania y defendía el plan de la llamada «Gran Alemania», en la que debían entrar tanto Prusia como Austria. Al preconizar la idea del Estado alemán federal, el partido estaba en contra de la unificación de Alemania como república democrática centralizada.

[7] A mediados de los años 60 del siglo XIX, en Prusia, se estableció, para varias ramas de la industria, un sistema de permisos especiales (concesiones), sin los cuales nadie podía dedicarse a actividades industriales. Esta legislación industrial semimedieval suponía una traba para el desarrollo del capitalismo.

[8] La insurrección de Junio, heroica insurrección de los obreros de París el 23-26 de junio de 1848, reprimida con inaudita crueldad por la burguesía francesa, fue la primera gran guerra civil entre el proletariado y la burguesía.

[9] La batalla de Sadowa tuvo lugar el 3 de julio de 1866 en Bohemia y decidió el desenlace de la guerra austro-prusiana de 1866, en favor de Prusia.

[10] Trátase del Congreso de la Internacional celebrado en Basilea del 6 al 11 de septiembre de 1869. El 10 de septiembre se adoptó en él la siguiente resolución sobre la propiedad de la tierra, propuesta por los partidarios de Marx:

«1) La sociedad tiene el derecho a suprimir la propiedad privada sobre la tierra y convertir ésta en propiedad social.

2) Es preciso suprimir la propiedad privada sobre la tierra y convertir ésta en propiedad social».

En el Congreso fueron igualmente adoptados acuerdos de unificación de los sindicatos a escala nacional e internacional, así como varios acuerdos para reforzar la Internacional en materia de organización y para ampliar los poderes del Consejo General.

[11] La batalla de Sadowa tuvo lugar el 3 de julio de 1866 en Bohemia y decidió el desenlace de la guerra austro-prusiana de 1866, en favor de Prusia.

[12] El 2 de setiembre de 1870, el ejército francés fue derrotado en Sedán, quedando prisioneras las tropas, con el mismo emperador. Del 5 de setiembre de 1870 al 19 de marzo de 1871, Napoleón III y el mando se hallaban en Wilhelmshöle (cerca de Kassel), castillo de los reyes de Prusia. La catástrofe de Sedán precipitó la caída del Segundo Imperio y desembocó el 4 de setiembre de 1870 en la proclamación de la república en Francia. Se formó un Gobierno nuevo, el llamado «Gobierno de la Defensa Nacional». 

[13] Al hablar del «Sacro Imperio alemán de la nación prusiana», Engels parafrasea el nombre del medieval Sacro Imperio Romano germánico (véase la nota 136), subrayando que la unificación de Alemania se produjo bajo la supremacía de Prusia, acompañada de la prusificación de las tierras alemanas.

[14] La Confederación de Alemania del Norte, encabezada por Prusia, comprendía 19 Estados y 3 ciudades libres de Alemania del Norte y Central. Fue constituida en 1867 a propuesta de Bismarck. La formación de la Confederación significó una de las etapas decisivas de la reunificación de Alemania bajo la hegemonía de Prusia. En enero de 1871, la Confederación dejó de existir debido a la constitución del Imperio alemán.

[15] Se alude a la inclusión de Bavaria, Baden, Würtemberg y Hesse-Darmstadt, en 1870, en la Confederación de la Alemania del Norte.

[16] El 6 de agosto de 1870, las tropas prusianas derrotaron, en la batalla de Spickeren (Lorena), a las unidades francesas. En las publicaciones históricas, esta batalla se llama también batalla de Forbach.

En la batalla de Mars-la-Tour (llamada también batalla de Vionville), las tropas alemanas consiguieron el 16 de agosto de 1870 detener el Ejército francés del Rin, que se retiraba de la ciudad de Metz, y cortarle así el camino de repliegue.

[17]  “Der Volksstaat” («El Estado del pueblo»), órgano central del Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania (los eisenachianos), se publicó en Leipzig del 2 de octubre de 1869 al 29 de setiembre de 1876. La dirección general corría a cargo de G. Liebknecht, y el director de la editorial era A. Bebel. Marx y Engels colaboraban en el periódico, prestándole constante ayuda en la redacción del mismo. Hasta 1869, el periódico salía bajo el título “Demokratisches Wochenblatt” (véase la nota 94 [en Obras Escogidas de Marx-Engels en 3 tomos, Editorial Progreso, Moscu, t. 1]).

Trátase del artículo de J. Dietzgen “Carlos Marx. «El Capital. Crítica de la Economía política»”, Hamburgo, 1867, publicado en “Demokratisches Wochenblatt”, núms. 31, 34, 35 y 36 del año 1868.

[18]  En las elecciones del 10 de enero de 1874 al Reichstag, los socialdemócratas alemanes consiguieron que se eligiera a 9 diputados suyos, entre los cuales figuraban Bebel y Liebknecht, que a la sazón se hallaban en la cárcel.

También el pueblo alemán tiene su tradición revolucionaria. Hubo un tiempo en el que Alemania producía hombres que se pueden comparar con los mejores revolucionarios de otros países, en el que el pueblo alemán mostraba una perseverancia y energía que en una nación centralizada hubieran dado los resultados más grandiosos. Entonces los campesinos y plebeyos alemanes acariciaban proyectos que tantas veces causaron espanto a sus descendientes.

Frente al cansancio momentáneo que casi en todas partes se manifiesta al cabo de dos años de lucha es oportuno presentar de nuevo al pueblo alemán las figuras recias, fuertes y tenaces de la gran guerra campesina.

Transcurrieron tres siglos y han cambiado muchas cosas; sin embargo la guerra de los campesinos no se halla tan lejos de nuestras luchas actuales y muchas veces tenemos que combatir a los mismos adversarios de entonces. Las propias clases y fracciones de clases que traicionaron el movimiento de 1848 y 1849 son las que encontramos como traidoras en 1525 aunque en una etapa inferior de su desarrollo y si en el movimiento de los últimos años el vandalismo vigoroso de la guerra campesina no se manifestó más que en algunos sitios del Odenwald, de la Selva Negra y de Silesia, no es precisamente patrimonio de la insurrección moderna.

Memòria sobre l’alçament a Espanya l’estiu de 1873

Friedrich Engels

Escrit el 1874 immediatament després dels fets a Espanya descrits a l’article, que van ser el punt culminant de la revolució burgesa espanyola de 1868-1874. L’Advertència preliminar va ser afegida el 1894. Font: Marxist Internet Archive. Traduït del castellà al català per David Frigola.

Advertència preliminar a l’article “Els bakuninistes en acció”

Per facilitar la comprensió d’aquesta Memòria, consignarem aquí algunes dades cronològiques.

El 9 de febrer de 1873, el rei Amadeu, fart de la corona d’Espanya, va abdicar. Fou el primer rei vaguista. El 12 es va proclamar la República. Immediatament, va esclatar un nou aixecament carlista a les Províncies Basques. 

El 10 d’abril va ser escollida una Assemblea Constituent, que es va reunir a principis de juny, i el 8 d’aquest mes va ser proclamada la República Federal. El dia 11 es va constituir un nou ministeri sota la presidència de Pi i Margall. Alhora, es va triar una comissió encarregada de redactar el projecte de la nova Constitució, però foren exclosos d’ella els republicans extremistes, els anomenats intransigents. Quan, el 3 de juliol, es va proclamar la nova Constitució, aquesta no anava tan lluny com els intransigents pretenien quant al desmembrament d’Espanya en «cantons independents». Així, doncs, els intransigents organitzaren immediatament aixecaments a províncies. Del 5 a l’11 de juliol, els intransigents van triomfar a Sevilla, Còrdova, Granada, Màlaga, Cadis, Alcoi, Múrcia, Cartagena, València, etc., i van instaurar a cadascuna d’aquestes ciutats un govern cantonal independent. El 18 de juliol va dimitir Pi i Margall i va ser substituït per Salmerón, qui immediatament  va llençar les tropes contra els insurrectes. Aquests foren vençuts al cap de pocs dies, després d’una lleugera resistència; el 26 de juliol, amb la caiguda de Cadis, quedà restablert el poder del Govern a tota Andalusia i, gairebé al mateix temps, foren sotmeses Múrcia i València; únicament València va lluitar amb alguna energia.

I només Cartagena va resistir. Aquest port militar, el més gran d’Espanya, que havia caigut en poder dels insurrectes juntament amb la Marina de Guerra, estava defensat per terra, a més de per la muralla, per tretze fortins destacats i no era, per tant, fàcil de prendre. I, com que el Govern es guardava molt de destruir la seva pròpia base naval, el «Cantón soberano de Cartagena» visqué fins a l’11 de gener de 1874, dia en que per fi va capitular perquè, en realitat, no tenia res millor a fer.

D’aquesta ignominiosa insurrecció, l’únic que ens interessa són les gestes encara més ignominioses dels anarquistes bakuninistes; úniques aquí que relatem en cert detall, per prevenir amb aquest exemple al món contemporani.

Escrit a inicis de gener de 1894. Publicat en el llibre d’Engels, Internacionales aus dem “Volkstaat” (1871-1875), Berlin, 1894.

*      *      *

I

L’informe que acaba de publicar la Comissió de la Haia sobre l’Aliança secreta de Miquel Bakunin ha posat de manifest davant el món obrer les maniobres ocultes, les berganteries i la vana fraseologia amb què es pretenia posar el moviment proletari al servei de la presumptuosa ambició i els designis egoistes d’uns quants genis incompresos. Mentrestant, aquests megalòmans ens han donat ocasió a Espanya de conèixer també la seva actuació revolucionària pràctica. Vegem com duen als fets les seves frases ultrarrevolucionaries sobre l’anarquia i l’autonomia, sobre l’abolició de tota autoritat, especialment la de l’Estat, i sobre l’emancipació immediata i completa dels obrers. Per fi podrem fer-ho ja, ja que ara, a més de la informació dels diaris sobre els esdeveniments a Espanya, tenim a la vista l’informe enviat al congrés de Ginebra per la Nova Federació Madrilenya de la Internacional.

És sabut que, a Espanya, en produir-se l’escissió de la Internacional, van treure avantatge els membres de l’Aliança secreta; la gran majoria dels obrers espanyols s’hi va adherir. En proclamar-se la República, el febrer de 1873, els aliancistes espanyols es van veure en un tràngol molt difícil. Espanya és un país molt endarrerit industrialment i, per tant, no es pot parlar encara d’una emancipació immediata i completa de la classe obrera. Abans d’això, Espanya ha de passar per diverses etapes prèvies de desenvolupament i treure del mig tota una sèrie d’obstacles.

La República brindava l’ocasió per escurçar dins del possible aquestes etapes i per escombrar ràpidament aquests obstacles. Però aquesta ocasió només es podia aprofitar mitjançant la intervenció política activa de la classe obrera Espanyola.

La massa obrera ho sentia així; a totes bandes pressionava per tal que s’intervingués als esdeveniments, per tal que s’aprofités l’ocasió d’actuar, en lloc de deixar a les classes posseïdores el camp lliure per a l’acció i les intrigues, com s’havia fet fins llavors.

El Govern va convocar les Corts Constituents. Quina posició havia d’adoptar la Internacional? Els caps bakuninistes estaven sumits en la més gran perplexitat. La prolongació de la inactivitat política es feia cada dia més ridícula i més insostenible; els obrers volien «fets». I, per altra banda, els aliancistes feia anys que predicaven que no s’havia d’intervenir en cap revolució que no fos encaminada cap a l’emancipació immediata i completa de la classe obrera; que emprendre qualsevol acció política implicava el reconeixement de l’Estat, el gran principi del mal; i que, per tant, i molt especialment, la participació en qualsevol classe d’eleccions era un crim que mereixia la mort. L’esmentat informe de Madrid ens diu com van sortir del tràngol:

Els mateixos que desconeixent els acords presos al Congrés general de La Haia sobre l’acció política de la classe treballadora, i esquinçant els Estatuts de la Internacional, van introduir la divisió, la lluita i el desordre en el si de la federació espanyola; els mateixos que no van vacil·lar a presentar-nos a ulls dels treballadors com uns polítics ambiciosos, que, amb el pretext de col·locar al Poder la classe obrera, combatien per apropiar-se del Poder en benefici propi; aquells mateixos homes que es donen el títol de revolucionaris, autònoms, anàrquics, etc., s’han llençat en aquesta ocasió a fer política; però la pitjor de les polítiques, la política burgesa; no han treballat per donar el Poder polític a la classe proletària, idea que ells miren amb horror, sinó per ajudar que conquerís el govern una fracció de la burgesia, fracció composta d’aventurers, postulants i ambiciosos, que s’anomenen republicans intransigents.

Ja en vigílies de les eleccions generals per a les Constituents, els obrers de Barcelona, Alcoi i altres punts van voler saber quina política havien de seguir els internacionalistes, tant en les lluites parlamentàries com en les altres. Se celebraren amb aquest objecte dues grans assemblees, una a Barcelona i l’altra a Alcoi, i els separatistes (els aliancistes) es van oposar amb totes les seves forces que es determinés quina havia de ser l’actitud política de la Internacional (de la seva, notis bé!), resolent-se que la Internacional, com a Associació, no ha d’exercir cap acció política; però que els internacionals, com a individus, podien obrar en el sentit que volguessin i afiliar-se al partit que millor els hi semblés, sempre en ús de la famosa autonomia. I, ¿què en resultà de l’aplicació d’una teoria tan extravagant? Que la majoria dels internacionals, inclús els anàrquics, van prendre part a les eleccions, sense programa, sense bandera, sense candidats, contribuint que vingués a les Constituents una quasi totalitat de burgesos, amb excepció de dos o tres obrers, que representen res, que no han aixecat ni un sol cop la veu en defensa dels interessos de la nostra classe i que voten tranquil·lament quants projectes els hi presenten els reaccionaris de la majoria.

A això condueix l’«abstencionisme polític» bakuninista. En temps pacífics, en què el proletariat sap per endavant que com a molt aconseguirà dur al Parlament uns quants diputats i que l’obtenció d’una majoria parlamentària li és vedada per complet, s’aconseguirà convèncer als obrers a algun lloc o altre  que és tota una actuació revolucionària quedar-se a casa quan hi hagi eleccions i, en lloc d’atacar a l’Estat concret, en què vivim i que ens oprimeix, atacar a l’Estat abstracte, que no existeix enlloc i, per tant, no es pot defensar.

Aquest és un procediment magnífic de fer-se el revolucionari, característic de gent a qui els hi cau fàcilment l’ànima als peus; i fins a quin punt els caps dels aliancistes espanyols estan entre aquesta casta de gent ho demostra en tot detall l’escrit sobre l’Aliança que citàvem al principi.

Però, tan aviat com els mateixos esdeveniments empenyen al proletariat i el posen en primer pla, l’abstencionisme es converteix en una bogeria palpable, i la intervenció activa de la classe obrera en una necessitat inexcusable. I aquest va ser el cas a Espanya.

L’abdicació d’Amadeu havia desplaçat del Poder i de la possibilitat immediata de recobrar-lo als monàrquics radicals; els alfonsins estaven, de moment, més impossibilitats encara; els carlistes preferien, com gairebé sempre, la guerra civil a la lluita electoral. Tots aquests partits s’abstingueren a la manera espanyola; en les eleccions només van prendre part els republicans federals, dividits en dos bàndols, i la massa obrera. Donada l’enorme fascinació que el nom de la Internacional exercia encara llavors sobre els obrers d’Espanya i donada l’excel·lent organització que, almenys per a finalitats pràctiques, conservava encara la seva Secció espanyola, era segur que als districtes fabrils de Catalunya, a València, a les ciutats d’Andalusia, etc., haurien triomfat brillantment tots els candidats presentats i mantinguts per la Internacional, duent a les corts una minoria prou forta per decidir les votacions entre els dos bàndols republicans.

Els obrers sentien això; sentien que havia arribat l’hora de posar en joc la seva potent organització, ja que en aquell moment encara ho era. Però els senyors caps de l’escola bakuninista havien predicat, durant tant de temps, l’evangeli de l’abstencionisme incondicional, que no podien fer marxa enrere de sobte; i així van inventar aquella lamentable sortida, consistent en fer que la Internacional s’abstingués com a col·lectivitat, però deixant als seus membres en llibertat per votar individualment com volguessin.

La conseqüència d’aquesta declaració en fallida política va ser que els obrers, com passa sempre en aquests casos, van votar a la gent que es feien més els radicals, als intransigents, i que, sentint-se amb això més o menys responsables de les passes donades posteriorment pels seus elegits, van acabar per veure’s embolicats en la seva actuació.

II

Els aliancistes no podien persistir en la ridícula situació en què s’havien col·locat amb la seva astuta política electoral, si no volien malmetre el seu comandament sobre la Internacional a Espanya. Havien d’aparentar, com a mínim, que feien alguna cosa. I la seva taula de salvació va ser la vaga general.

Al programa bakuninista, la vaga general és la palanca que cal fer servir per desencadenar la revolució social. Un bon matí, els obrers de tots els gremis d’un país i fins i tot del món sencer deixen la feina i, en quatre setmanes com a molt, obliguen a donar a les classes posseïdores a donar-se per vençudes o a llençar-se contra els obrers, amb el qual donen a aquests dret a defensar-se i a enderrocar, aprofitant l’ocasió, tota la vella organització social. La idea dista molt de ser nova; primer els socialistes francesos i després els belgues se n’han fartat, des de 1848, de muntar aquest palafrè, que és, malgrat tot, per origen, un cavall de raça anglesa.

Durant el ràpid i intens auge del cartisme entre els obrers britànics, que va seguir a la crisi del 1837, es va predicar, ja el 1839, el «mes sant», l’aturada a escala nacional (v. Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra, segona edició, pàg. 234); i la idea va tenir tanta ressonància, que els obrers fabrils del Nord d’Anglaterra intentaren posar-la en pràctica el juliol de 1842. També al Congrés dels aliancistes celebrat a Ginebra el 1r de setembre de 1873 exercí un gran paper la vaga general, tot i que es va reconèixer per tot el món que per a això calia una organització perfecta de la classe obrera i una caixa ben plena.

I aquí justament la dificultat de l’assumpte. D’una banda, els governs, sobretot si els permet encoratjar-se contra l’abstencionisme polític, mai permetran que l’organització i les caixes dels obrers arribin tan lluny; i, d’altra banda, ells esdeveniments polítics i els abusos de les classes governants facilitaran l’emancipació dels obrers molt abans que el proletariat arribi a reunir aquesta organització ideal i aquest gegantí fons de reserva. Però, si es disposés d’ambdues coses, no caldria fer la volta de la vaga general per arribar a la meta.

Per a ningú que conegui una mica l’engranatge ocult de l’Aliança pot ser dubtós que la proposta d’aplicar aquest ben experimentat procediment va partir del centre suís. El cas és que els dirigents espanyols van trobar d’aquesta manera una sortida per fer alguna cosa sense tornar-se d’una vegada «polítics»; i s’hi van llençar encantats. Per tot arreu es van predicar els efectes miraculosos de la vaga general i de seguida es va preparar tot per començar-la a Barcelona i a Alcoi.

Mentrestant, la situació política anava apropant-se cada cop més a una crisi. Els vells perdonavides del republicanisme federal, Castelar i comparsa, començaven a tremolar davant el moviment, que els superava; no van tenir més remei que cedir el poder a Pi i Margall, que intentava una transacció amb els intransigents. Pi era, de tots els republicans oficials, l’únic socialista, l’únic que entenia la necessitat que la República es recolzés en els obrers. Així va presentar de seguida un programa de mesures socials d’immediata execució, que no només eren directament avantatjoses per als obrers sinó que, a més, pels seus efectes, havien necessàriament d’empènyer a majors avenços i, d’aquesta manera, com a mínim posar en marxa la revolució social.

Però els internacionals bakuninistes, que tenen l’obligació de refusar fins i tot les mesures més revolucionàries, quan aquestes provenen de l’«Estat», preferien donar suport als intransigents més extravagants abans que a un ministre. Les negociacions de Pi amb els intransigents es dilataven; els intransigents començaren a perdre la paciència; els més fogosos d’entre ells van començar a Andalusia l’aixecament cantonal. Havia arribat l’hora que els caps de l’Aliança actuessin també, si no volien seguir marxant a remolc dels intransigents burgesos. En vista d’això, ordenaren la vaga general.

A Barcelona es va enganxar, entre d’altres, aquest cartell:

Obrers! Declarem la vaga general per demostrar la profunda repugnància que ens causa veure com el Govern posa l’exèrcit al carrer per lluitar contra els nostres germans treballadors, mentre a penes es preocupa de la guerra contra els carlistes, etc.

És a dir, que es convidava els obrers de Barcelona —el centre fabril més important d’Espanya, que té en el seu haver històric més combats de barricades que cap altra ciutat del món— a enfrontar-se contra el Poder públic armat, però no amb les armes que ells tenien també en les seves mans, sinó amb una aturada general, com una mesura que només afecta directament als burgesos individuals, però que no va contra la seva representació col·lectiva, el Poder de l’Estat.

Els obrers barcelonesos havien pogut, en la inactivitat dels temps de pau, parar atenció a les frases violentes d’homes tan mansos com Alerini, Farga Pellicer i Viñas; però quan va arribar l’hora d’actuar, quan Alerini, Farga Pellicer i Viñas van llençar, primer, el seu famós programa electoral, després es van dedicar constantment a calmar els ànims, i per fi, enlloc de cridar a les armes, van declarar la vaga general, acabaren per provocar el menyspreu dels obrers. El més feble dels intransigents revelava, amb tot, més energia que el més enèrgic dels aliancistes.

L’Aliança i la Internacional manipulada per ella van perdre tota la seva influència i, quan aquests cavallers van proclamar la vaga general, sota el pretext de paralitzar amb això l’acció del Govern, els obrers es van posar simplement a riure. Però l’activitat de la falsa Internacional havia aconseguit, com a mínim, que Barcelona es mantingués al marge de l’aixecament cantonal. Dins d’ell, la representació de la classe obrera era, a tot arreu, un element molt fort; i Barcelona era l’única ciutat la incorporació de la qual podia recolzar de manera ferma a aquest element obrer i donar-li la perspectiva de fer-se amo, al cap i a la fi, de tot el moviment.

A més, la incorporació de Barcelona es pot dir que hauria decidit el triomf. Però Barcelona no va moure un dit; els obrers barcelonesos, que sabien a què atenir-se respecte als intransigents i havien estat enganyats pels aliancistes, es van creuar de braços i donaren amb això el triomf final al Govern de Madrid. Tot el qual no va impedir als aliancistes Alerini i Brousse (sobre qui dona més detalls l’informe sobre l’Aliança) declarar al seu diari Solidarité révolutionnaire:

El moviment revolucionari s’estén com una reguera de pólvora per tota la península. A Barcelona encara no ha posat res, però a la plaça pública la revolució és permanent!

Però era la revolució dels aliancistes, que consisteix a mantenir tornejos oratoris i, precisament per això, és «permanent», sense moure’s del lloc.

La vaga s’havia posat a l’ordre del dia alhora a Alcoi. Alcoi és un centre fabril de recent creació, que compta actualment uns 30.000 habitants, i en el que la Internacional, en forma bakuninista, només aconseguí penetrar fa un any, desenvolupant-se després amb gran rapidesa.

El socialisme, sota qualsevol forma, era ben rebut per aquests obrers, que fins llavors havien restat completament al marge del moviment, com succeeix en alguns llocs endarrerits d’Alemanya, a on sobtadament l’Associació General Obrera Alemanya  adquireix de moment un gran nombre d’adeptes. Alcoi va ser triat, per tant, per a la seu de la Comissió federal bakuninista espanyola; i aquesta comissió federal és, precisament, la que aquí veurem actuar.

El 7 de juliol, una assemblea obrera pren l’acord de la vaga general; i al dia següent envia una comissió a entrevistar-se amb l’alcalde, requerint-la perquè reuneixi en un termini de 24 hores als patrons i els hi presenti les reivindicacions dels obrers.

L’alcalde, Albors, un republicà burgès, entreté als obrers, demana tropes a Alacant i aconsella als patrons que no cedeixin, sinó que es parapetin a les seves cases. Quant a ell, estarà al seu lloc. Després de celebrar una entrevista amb els patrons —estem seguint l’informe oficial de la Comissió federal aliancista, que duu la data de 14 de juliol de 1873—, l’alcalde, que al  principi havia promès als obrers mantenir-se neutral, llença una proclama en la qual «injuria i calumnia als obrers i pren partit pels patrons, anul·lant així el dret i la llibertat dels vaguistes i reptant-los a lluitar». Com els pietosos desitjos d’un alcalde podien anul·lar el dret a la llibertat dels vaguistes, és cosa que no s’esclareix a l’informe. El cas és que els obrers, dirigits per l’Aliança, van fer saber al Concejo, per mitjà d’una comissió que, si no estava disposat a mantenir la neutralitat promesa, el millor que podia fer era dimitir per evitar un conflicte. La comissió no va ser rebuda i, quan sortia de l’ajuntament, la força pública disparà contra el poble, congregat a la plaça en actitud pacífica i sense armes.

Així va començar la lluita, segons l’informe aliancista. El poble es va armar, i va començar la batalla que havia de durar «vint hores». D’una banda, els obrers, que Solidarité révolutionnaire xifra en 5.000; d’altra banda, 32 guàrdies civils concentrats a l’Ajuntament i alguna gent armada parapetada a quatre o cinc cases al costat del mercat, cases a les que el poble va calar foc a la bona manera prussiana. Per fi, als guàrdies se’ls hi van esgotar les municions i van haver de capitular.

No hauria hagut de lamentar tantes desgràcies —diu l’informe de la Comissió aliancista— si l’alcalde Albors no hagués enganyat al poble simulant rendir-se i fent després assassinar traïdorament als qui van entrar a l’Ajuntament confiant en la seva paraula; i el mateix alcalde no hauria mort, com va morir a mans de la població, legítimament indignada, si no hagués disparat el seu revòlver a frec de roba contra els qui anaven a detenir-lo.

Quantes baixes va causar aquesta batalla?

Malgrat que no és possible calcular amb exactitud el nombre de morts i ferits (de la banda del poble), sí que podem dir que no hauran estat segurament menys de deu. De part dels provocadors, no són menys de quinze els morts i els ferits.

Aquella va ser la primera lluita de carrer de l’Aliança. Al capdavant de 5.000 homes, es va batre durant vint hores contra 32 guàrdies i alguns burgesos armats; els va vèncer, després que ells haguessin esgotat les municions, i va perdre, en total, deu homes. És conegut que l’Aliança inculca als seus iniciats aquella sàvia sentència de Falstaff que «el major mèrit de la valentia és la prudència».

Sobra dir que totes les notícies terrorífiques dels diaris burgesos, que parlen de fàbriques incendiades sense cap objecte, de guàrdies afusellats en massa, de persones ruixades amb petroli i després cremades, són pures invencions. Els obrers vencedors, encara que estiguin dirigits per aliancistes, el lema dels quals és «No s’ha de reparar en res», són sempre massa generosos amb l’enemic vençut com per obrar així, i aquest els hi imputa totes les atrocitats que ell no deixa de cometre quan venç.

Eren, doncs, vencedors.

«A Alcoi —diu, ple de joia, Solidarité révolutionnaire— els nostres amics, en nombre de 5.000, són amos de la situació».

Veiem que van fer de la seva «situació» els anomenats «amos».

En arribar aquí, l’informe de l’Aliança i el diari aliancista ens deixen a l’estacada; ens hem de conformar amb la informació general de la premsa. Per aquesta ens n’assabentem que a Alcoi es va constituir immediatament un «Comitè de Salut Pública», és a dir, un govern revolucionari.

És cert que al Congrés celebrat per ells a Sant Imier (Suïssa) el 15 de setembre de 1872, els aliancistes havien acordat que «tota organització d’un Poder polític, del poder anomenat provisional o revolucionari, no pot ser més que un nou engany i resultaria tan perillosa per al proletariat com tots els governs que existeixen actualment». A més, tots els membres de la Comissió federal d’Espanya, resident a Alcoi, havien fet tot el possible per aconseguir que el Congrés de la Secció espanyola de la Internacional fes seu aquest acord. Però, malgrat tot això, ens trobem que Severino Albarracín, membre d’aquella Comissió i, segons alguns informes, també Francisco Tomás, el seu secretari, formen part d’aquest govern provisional i revolucionari que era el Comitè de Salut Pública d’Alcoi. 

I què va fer aquest Comitè de Salut Pública? Quines van ser les seves mesures per aconseguir l’«emancipació immediata i completa dels obrers»? Prohibir que cap home sortís de la vila, autoritzant en canvi per fer-ho a les dones, sempre que tinguessin passi! Els enemics de l’autoritat restablint el règim de passis! Per la resta, la més completa confusió, la més completa inactivitat, la més completa ineptitud.

Entretant, el general Velarde avançava amb les seves tropes des d’Alacant. El Govern tenia les seves raons per anar apaivagant silenciosament les insurreccions locals de les províncies. I els «amos de la situació» d’Alcoi tenien també les seves per escapolir-se d’un estat de les coses amb el que no sabien què fer. Per això, el diputat Cervera, que actuava de mediador, va trobar el camí pla. El Comitè de Salut Pública resignà els seus poders, les tropes van entrar a la vila el 12 de juliol sense trobar la menor resistència i l’única promesa que es va fer a canvi al Comitè de Salut Pública va ser donar una amnistia general. Els aliancistes «amos de la situació» havien sortit realment del tràngol un cop més. I amb això va acabar l’aventura d’Alcoi.

A Sanlúcar de Barrameda, tocant a Cadis, «l’alcalde —relata l’informe aliancista— clausura el local de la Internacional i, amb les seves amenaces i els seus incessants atemptats contra els drets personals dels ciutadans, provoca la còlera dels obrers. Una comissió reclama del ministre el respecte del dret i la reobertura del local, arbitràriament clausurat. El senyor Pi hi accedeix en principi però ho denega a la pràctica; els obrers veuen que el Govern mira de posar la seva Associació sistemàticament fora de la llei; destitueixen les autoritats locals i posen en el seu lloc a d’altres, que ordenen la reobertura del local de l’Associació».

«A Sanlúcar el poble és amo de la situació!», exclama triomfalment Solidarité révolutionnaire. Els aliancistes, que també aquí, en contra dels seus principis anarquistes, instituïren un govern revolucionari, no van saber per on començar a servir-se del Poder. Van perdre el temps en debats buits i acords sobre el paper, i el 5 d’agost, després d’ocupar les ciutats de Sevilla i Cadis, el general Pavía va destacar a unes quantes companyies de la brigada de Sòria per prendre Sanlúcar i no va trobar la més petita resistència.

Aquestes són les gestes heroiques dutes a terme per l’Aliança allà a on ningú li feia la competència.

III

Immediatament després de la batalla lliurada als carrers d’Alcoi, s’aixecaren els intransigents a Andalusia. Pi i Margall encara era al Poder i en continues negociacions amb els caps d’aquest grup polític, per formar amb ells un nou ministeri. Per què, doncs, llençar-se als carrers, sense esperar al fracàs de les negociacions? La raó d’aquestes presses no ha arribat a esclarir-se del tot. L’únic que es pot dir del cert és que els senyors intransigents intentaven abans de tot que es portés a la pràctica el més aviat possible la República federal per a, d’aquesta manera, poder escalar el Poder i els molts nous càrrecs que s’haurien de crear als diferents cantons.

A Madrid, les corts trigaven molt a esquarterar Espanya; calia intervenir i proclamar a tot arreu cantons sobirans. L’actitud que havien mantingut fins llavors els internacionals (els bakuninistes), de ple, des de les eleccions, a les manipulacions dels intransigents, permetia comptar amb la seva col·laboració; a més, precisament s’havien apoderat d’Alcoi per la violència i estaven, per tant, en lluita oberta contra el Govern. A això s’hi afegia que els bakuninistes havien estat predicant durant molts anys que tota acció revolucionària de dalt cap a baix era perniciosa i que tot s’havia d’organitzar i dur a terme de baix cap a dalt. I heus aquí que ara se’ls hi oferia l’ocasió d’implantar de baix cap a dalt, com a mínim a unes quantes ciutats, el famós principi d’autonomia. No cal dir que els obrers bakuninistes es van empassar l’esquer i van treure les castanyes del foc als intransigents per veure’s després recompensats pels seus aliats, com sempre, amb puntades de peu i bales de fusell.

Vegem quina va ser la posició dels internacionals bakuninistes en tot aquest moviment. Van ajudar a imprimir el segell de l’atomització federalista i van realitzar el seu ideal de l’anarquia en la mesura del possible. Els mateixos bakuninistes que, pocs mesos abans, a Còrdova, havien fet anatema com a traïció i engany contra els obrers la instauració de governs revolucionaris formaven ara part de tots els governs municipals revolucionaris d’Andalusia, però sempre en minoria, de manera que els intransigents podien fer tot allò que volguessin. Mentre aquests monopolitzaven la direcció política i militar del moviment, als obrers se’ls despatxava amb uns quants tòpics brillants o amb uns acords sobre suposades reformes socials del caràcter més barroer i absurd i que, a més, només existien sobre el paper. Quan els líders bakuninistes demanaven alguna concessió real i positiva, eren rebutjats amb menyspreu. El més important que declaraven sempre els intransigents directors del moviment als corresponsals dels diaris anglesos, era que ells no tenien res a veure amb aquests anomenats internacionals i que declinaven qualsevol responsabilitat pels seus actes, aclarint molt bé que tenien estrictament vigilats per la policia als seus caps i a tots els emigrats de la Comunia de París. Finalment a Sevilla, com veurem, els intransigents, durant el combat contra les tropes del Govern, van disparar també contra els seus aliats bakuninistes.

Així va succeir que, en el decurs de pocs dies, tota Andalusia va estar en mans dels intransigents armats. Sevilla, Màlaga, Granada, Cadis, etc. van caure en el seu poder gairebé sense resistència. Cada ciutat es va declarar cantó independent i va anomenar una Junta revolucionària de govern. El mateix van fer després Múrcia, Cartagena i València. A Salamanca també s’hi va fer un assaig de l’estil, però de caràcter més pacífic. Així van estar la majoria de grans ciutats d’Espanya en poder dels insurrectes, amb excepció de la capital, Madrid —simple ciutat de luxe, que gairebé mai intervé amb decisió—, i de Barcelona. Si Barcelona s’hi hagués llençat, el triomf final hagués estat gairebé segur i, a més, s’hauria assegurat un reforç enorme a l’element obrer que prenia part al moviment. Però ja hem vist que  Barcelona que els gairebé no tenien forces i que els internacionals bakuninistes, que en aquell moment encara eren molt fortes allà, van prendre la vaga general com un pretext per escapolir-se. Així doncs, aquest cop Barcelona no va ser al lloc que li tocava.

No obstant això, aquesta insurrecció, tot i que iniciada de manera espantosa, encara tenia grans perspectives d’èxit si se l’hagués dirigit amb una mica d’intel·ligència, ni tan sols que hagués estat a la manera dels pronunciaments militars espanyols, en què la guarnició d’una plaça es revolta, passa sobre la plaça més propera, arrossega la seva guarnició, preparada per endavant i, creixent com una allau, avança sobre la capital, fins que una batalla afortunada o el pas al seu bàndol de les tropes enviades contra ella decideix el triomf.

Tal mètode era especialment adient per a aquesta ocasió. Els insurrectes es trobaven organitzats a tot arreu des de feia molt de temps en batallons de voluntaris, la disciplina dels quals era, s’ha de dir, pèssima, però no pitjor, segurament, que la de les restes de l’antic exèrcit espanyol, descompost en la seva major part. L’única força de confiança de què disposava el Govern era la Guàrdia Civil, i aquesta es trobava escampada per tot el país. Abans de tot s’havia d’impedir la concentració dels guàrdies civils i, per a això, no hi havia més recurs que prendre l’ofensiva i aventurar-se a camp obert; la cosa no era molt arriscada, cons el Govern només podia oposar als voluntaris tropes tan indisciplinades com ells mateixos. I, si es volia vèncer, no hi havia altre camí.

Però, no. El federalisme dels intransigents i del seu apèndix bakuninista consistia, precisament, a deixar que cada ciutat actués pel seu compte i declarava essencial, no la seva cooperació amb les altres ciutats, sinó la seva separació d’elles, amb el que barrava el pas a tota possibilitat d’una ofensiva general. El que a la guerra dels camperols alemanys i a les insurreccions alemanyes de maig de 1849 havia estat un mal inevitable —l’atomització i l’aïllament de les forces revolucionàries, que va permetre a unes i les mateixes tropes del Govern anar esclafant un aixecament rere altre—, es proclamava aquí com el principi de la suprema saviesa revolucionària. 

Bakunin va poder gaudir d’aquest desgreuge. Ja el setembre de 1870 (a les seves Lettres à un Français) havia declarat que l’únic mitjà per expulsar de França als prussians amb una lluita revolucionària consistia a abolir tota direcció centralitzada i deixar que cada ciutat, cada aldea, cada municipi, dirigís la guerra pel seu compte. Si a l’exèrcit prussià, amb la seva direcció única, s’hi oposava el desencadenament de les passions revolucionàries, el triomf estava assegurat. Davant la intel·ligència col·lectiva del poble francès, abandonat per fi novament als seus propis destins, la intel·ligència individual de Moltke s’esfumaria. Llavors, els francesos no ho van voler entendre així; però a Espanya s’obsequià a Bakunin, com hem vist i encara hem de veure, amb un ressonant triomf.

Mentrestant, el cop baix d’aquest aixecament, organitzat sense cap pretext, va impossibilitar a Pi i Margall de seguir negociant amb els intransigents. Va haver de dimitir; el van substituir al Poder els republicans purs del tipus de Castelar, burgesos sense disfressar, el primer designi dels quals era malmetre el moviment obrer, del que abans se n’havien servit, però que ara els destorbava.

A les ordres del general Pavía es va formar una divisió per enviar-la contra Andalusia, i una altra a les ordres de Martínez Campos per enviar-la contra València i Cartagena. La flor d’aquestes divisions eren els guàrdies civils portats de totes les parts d’Espanya, tots ells antics soldats la disciplina dels quals es mantenia encara incommovible. Com havia succeït amb els gendarmes a la marxa de l’exèrcit versallès sobre París, la missió d’aquests guàrdies civils era reforçar les tropes de línia desmoralitzades i anar sempre al capdavant de les columnes d’atac, comesa que, en tots dos aspectes, van complir en la mesura de les seves forces. A més d’ells, les divisions contenien alguns regiments de línia refosos, de manera que cadascuna d’elles estava composta per uns 3.000 homes. Era tot el que el Govern podia mobilitzar contra els insurrectes.

El general Pavía es va posar en marxa cap al 20 de juliol. El 24 fou ocupada Còrdova per una columna de guàrdies civils i tropes de línia comandades per Ripoll. El 29, Pavía va atacar les barricades de Sevilla, la qual va caure a les seves mans el 30 o el 31 (els telegrames no permeten fixar amb seguretat les dates). Va deixar una columna mòbil per sotmetre la rodalia i avançà sobre Cadis, els defensors de la qual no es van batre més que a l’accés a la ciutat, i fins i tot aquí amb poca empenta; després, el 4 d’agost, es van deixar desarmar sense resistència. Els dies següents va desarmar, també sense resistència, Sanlúcar de Barrameda, San Roque, Tarifa, Algesires i altra multitud de petites ciutats, cadascuna de les quals s’havia erigit en cantó independent. Alhora, va enviar columnes contra Màlaga i Granada, que capitularen sense resistència el 3 i el 8 d’agost respectivament; i així, el 10 d’agost, en menys de 15 dies i gairebé sense lluita, havia quedat sotmesa tota Andalusia.

El 26 de juliol inicià Martínez Campos l’atac contra València. Aquí, la insurrecció havia partit dels obrers. En escindir-se a Espanya la Internacional, a València van obtenir la majoria els internacionals autèntics i el nou Consell federal espanyol va ser traslladat a aquesta ciutat. Poc després de proclamar-se la República quan ja s’albirava la imminència de combats revolucionaris, els obrers bakuninistes de València, desconfiant dels líders barcelonins, que disfressaven la seva tàctica d’apaivagament amb frases ultrarrevolucionaries, van prometre als autèntics internacionals que farien causa comuna amb ells a tots els moviments locals. En esclatar el moviment cantonal, immediatament ambdues fraccions es van llençar al carrer, fent servir els intransigents, i van desallotjar les tropes. No s’ha sabut quina era la composició de la Junta de València; malgrat tot, dels informes dels corresponsals de la premsa anglesa se’n desprèn que a ella, igual que entre els voluntaris valencians, els obrers tenien preponderància decisiva. 

Aquests mateixos corresponsals parlaven dels insurrectes de València amb un respecte que distaven molt de dispensar a la resta de rebels, majoritàriament intransigents; enaltien la seva disciplina i l’ordre que regnava a la ciutat i pronosticaven una llarga resistència i una lluita aferrissada. No es van equivocar. València, ciutat oberta, es va sostenir contra els atacs de la divisió de Martínez Campos des del 26 de juliol fins al 8 d’agost, és a dir, més temps que tota Andalusia junta.

A la província de Múrcia, les tropes van ocupar sense resistència la capital, del mateix nom. Després de prendre València, Martínez Campos va marxar sobre Cartagena, una de les fortaleses més ben defensades d’Espanya, protegida per terra per una muralla i una sèrie de fortins destacats a les altures dominants. Els 3.000 soldats del Govern, privats d’artilleria de setge, eren, naturalment, impotents, amb els seus canons lleugers, contra l’artilleria pesada dels forts, i van haver de limitar-se a posar setge a la ciutat per la banda de terra; però això no significava gran cosa, mentre els cartageners dominessin el mar amb els vaixells de guerra capturats per ells al port. Els insurrectes, que, mentre es lluitava a València i Andalusia, només se n’havien ocupat d’ells mateixos, van començar a pensar en el món exterior després que estiguessin reprimides la resta de revoltes, quan van començar a notar ells mateixos l’escassedat de diners i vitualles. Llavors, van fer primer una temptativa de marxar sobre Madrid, que distava de Cartagena, com a mínim, 60 milles alemanyes, més del doble que, per exemple, València o Granada!

L’expedició tingué un final lamentable no gaire lluny de Cartagena; i el setge va tallar el pas a un altre intent de sortida per terra. Es van llençar, doncs, a fer sortides amb la flota. I quines sortides! No es podia ni parlar de tornar a revoltar, amb els vaixells de guerra cartageners, els ports de mar que acabaven de ser sotmesos. Per tant, la marina de guerra del Cantó sobirà de Cartagena es va limitar a amenaçar que bombardejaria a la resta de ciutats del litoral marítim des de València fins a Màlaga —també sobiranes, d’acord amb la teoria cartagenera—, i en cas necessari, a bombardejar-les realment i efectiva, si no duien a bord de les seves naus les provisions exigides i una contribució de guerra en diners comptants. Mentre aquestes ciutats havien estat aixecades en armes contra el Govern com a cantons sobirans, a Cartagena regia el principi de «cadascú per ell mateix!». Ara, que estaven derrotades, havia de regir el principi de «tots per Cartagena!». Així entenien els intransigents de Cartagena i els seus sequaços  bakuninistes el federalisme dels cantons sobirans.

Per tal de reforçar les files dels combatents de la llibertat, el govern de Cartagena va alliberar als 1.800 reclusos del penal d’aquella ciutat, els pitjors lladres i assassins de tota Espanya. Que aquesta mesura revolucionària l’hi va ser suggerida pels bakuninistes és indubtable després de les revelacions de l’informe sobre l’«Alianza». En ell es demostra com Bakunin s’entusiasmava davant del «desencadenament de totes les males passions» i com proclamava al bandoler rus model de veritables revolucionaris. El que val per als russos, ha de valdre també per als espanyols. Per tant, el govern cartagener s’ajustava per complet a l’esperit de Bakunin quan va desencadenar les «males passions» dels 1.800 bergants empresonats, portant amb ells fins a l’extrem la desmoralització entre les seves tropes. I quan el Govern espanyol, en lloc de desfer a canonades les seves pròpies fortificacions, esperava la submissió de Cartagena de la descomposició interior dels seus defensors, seguia una política totalment encertada.

IV

Escoltem ara l’informe de la Nova Federació Madrilenya sobre tot aquest moviment.

Al Congrés que s’havia de celebrar a València el segon diumenge d’agost s’havia encomanat, com es veu, la important missió de determinar l’actitud de la federació espanyola davant dels greus esdeveniments polítics que s’han estat desenvolupant a Espanya des de l’últim 11 de febrer, dia de la proclamació de la República; però l’escabellada revolta cantonal, avortada miserablement i a la qual van prendre part activa els internacionals de gairebé totes les províncies revoltades, ha vingut, no només a paralitzar l’acció del Consell federal, disseminant la major part dels seus membres, sinó que ha desorganitzat gairebé per complet les federacions locals, llençant sobre els seus individus —que és el més trist— tot el pes de l’odiositat, totes les persecucions que porta amb si una insurrecció fracassada i matusserament tramada.

En esclatar el moviment cantonal, en constituir-se les juntes, és a dir, els governs dels cantons, aquells mateixos (els bakuninistes) que tant vociferaven contra el Poder polític, que tan violentament ens acusaven d’autoritaris, s’apressaven a entrar en aquells governs; i a ciutats tan importants com Sevilla, Cadis, Sanlúcar de Barrameda, Granada i València, molts internacionals dels que s’anomenen antiautoritaris, formaven part de les juntes cantonals, sense altra bandera que la de l’autonomia de la província o cantó. Així consta oficialment a les proclames i la resta de documents publicats per les esmentades juntes, a on internacionals no gaire coneguts estamparen els seus noms.

Tanta contradicció entre la teoria i la pràctica, entre la propaganda i el fet significaria molt poc si d’una conducta com aquesta en resultés o n’hagués pogut resultar algun avantatge per a la nostra Associació, algun progrés en el camí de l’organització de les nostres forces, alguna passa donada cap al compliment de la nostra aspiració fonamental, l’emancipació de la classe treballadora. Però ha succeït tot el contrari, com no podia succeir d’una altra manera. En faltant l’acció col·lectiva del proletariat espanyol, tan fàcil si s’hagués obrat en nom de la Internacional, mancant l’acord de les federacions locals i quedant en conseqüència abandonat el moviment a la iniciativa individual o de localitat aïllada, sense més direcció que la que pogués imprimir-hi la misteriosa Aliança, que per desgràcia encara impera a la nostra regió, i sense altre programa que el dels nostres naturals enemics els republicans burgesos, l’aixecament cantonal va sucumbir d’una manera vergonyosa, gairebé sense resistència, arrossegant en la seva caiguda el prestigi i l’organització de la Internacional a Espanya.

No hi ha excés, crim ni violència que els republicans d’avui no atribueixin a la Internacional, havent-se donat el cas, segons se’ns assegura, que a Sevilla, durant el combat, els propis intransigents feien foc als seus aliats els internacionals (bakuninistes). La reacció, aprofitant-se hàbilment de les nostres malapteses, incita als republicans que ens persegueixin revoltant alhora als indiferents contra nosaltres, i el que no van poder assolir en temps de Sagasta ho aconsegueixen ara: avui dia a Espanya el nom de la Internacional és un nom detestat fins i tot per a la generalitat dels obrers.

A Barcelona moltes seccions obreres s’han separat de la Internacional, protestant contra els homes del diari La Federación (òrgan  principal dels bakuninistes) i contra la seva inexplicable conducta; a Jerez, Puerto de Santa María i altres punts, les federacions s’han declarat dissoltes: a Loja (província de Granada) han estat expulsats els pocs internacionals que allà hi havia; a Madrid, a on es gaudeix de més llibertat, l’antiga federació (bakuninista) no dona la més lleu senyal de vida, i la nostra es veu forçada a romandre inactiva i silenciosa per no carregar amb culpes alienes; a les localitats del Nord la guerra cada cop més acarnissada dels carlistes impedeix tot tipus de feines; i per últim, a València, a on després de 15 dies de setge va quedar vencedor el Govern, els internacionals que no han fugit han de romandre ocults, i el Consell federal es troba avui totalment dissolt».

Fins aquí, l’informe de Madrid. Com podem veure, coincideix del tot amb el relat històric fet a les pàgines anteriors.

Examinem, doncs, el resultat de tota la nostra investigació:

1.  Tan aviat es van enfrontar amb una situació revolucionària seriosa, els bakuninistes es van veure obligats a llençar per la borda tot el programa que fins llavors havien mantingut. En primer lloc, van sacrificar el seu dogma de l’abstencionisme polític i, sobretot, de l’abstencionisme electoral. Després, li arribà el torn a l’anarquia, a l’abolició de l’Estat; en lloc d’abolir l’estat, el que van fer va ser intentar erigir una sèrie de petits Estats nous. A continuació, van abandonar el seu principi que els obrers no havien de participar en cap revolució que no perseguís la immediata i completa emancipació del proletariat, i participaren en un moviment el caràcter purament burgès del qual era evident. Finalment, van trepitjar el principi que acabaven de proclamar ells mateixos, principi segons el qual la instauració d’un govern revolucionari no és més que un nou engany i una nova traïció a la classe obrera, instal·lant-se còmodament a les juntes governamentals de les diferents ciutats, i a més gairebé sempre com una minoria impotent, neutralitzada i políticament explotada pels burgesos.

2. En renegar dels principis que havien estat predicant sempre, ho van fer de la manera més covarda i més mentidera i sota la pressió d’una consciència culpable, sense que els propis bakuninistes ni les masses capitanejades per ells es llencessin al moviment amb cap programa ni sabessin remotament el que volien. Quina va ser la conseqüència natural d’això? Que els bakuninistes van entorpir qualsevol moviment, com a Barcelona, o es veiessin arrossegats a aixecaments aïllats, irreflexius i estúpids, com a Alcoi i Sanlúcar de Barrameda, o bé que la direcció de la insurrecció caigués en mans dels burgesos intransigents, com va succeir en la majoria dels casos. Així, doncs, en donar-se els fets, els crits ultrarrevolucionaris dels bakuninistes es traduïren en mesures per calmar els ànims, en aixecaments condemnats per endavant o en l’adhesió a un partit burgès, que, a més d’explotar ignominiosament als obrers per als seus fins polítics, els maltractava.

3. L’únic que ha quedat dret dels anomenats principis de l’anarquia, de la federació lliure de grups independents, etc., ha estat la dispersió sense taxa i sense sentit dels mitjans revolucionaris de lluita, que va permetre al Govern dominar a una ciutat rere altra amb un grapat de tropes i sense trobar a penes resistència.

4. Final de festa: No només la Secció espanyola de la Internacional -igual la falsa que l’autèntica- s’ha vist embolicada en l’esfondrament dels intransigents, i avui aquesta Secció -en altres temps nombrosa i ben organitzada- està dissolta de fet, sinó que, a més, s’hi atribueix tot el cúmul d’excessos imaginaris sense el qual els filisteus de tots els països no poden concebre un aixecament obrer; amb el que s’ha fet impossible, potser per molts anys, la reorganització internacional del proletariat espanyol.

5. En una paraula, els bakuninistes espanyols ens han donat un exemple insuperable de com no s’ha de fer una revolució.

Traducció de Neus Faura, 1971.

El projecte actual es distingeix molt avantatjosament de l’antic programa. Les nombroses romanalles d’una tradició envellida –sigui específicament lassal·liana, sigui socialista vulgar– són en gran part eliminades; des del punt de vista teòric, el projecte es manté en conjunt en el terreny de la ciència actual, i és possible de discurit-lo si ens situem en aquest terreny.

Es divideix en tres parts: 1a., exposició de motius; 2a., reivindicacions polítiques; 3a., reivindicacions relacionades amb la protecció dels obrers.

I. Exposició dels motius en deu paràgrafs

D’una manera general, aquestes consideracions preliminars han patit del fet que hom ha intentat d’unir dues coses inconciliables: hom ha volgut fer un programa i, ensems, els comentaris d’aquest programa. Hom tem no ésser prou clar quan elegeix fórmules breus i colpidores, i, així, hi afegeix comentaris que encallen l’assumpte i l’allarguen. A parer meu, el programa ha d’ésser al més curt i precís possible. No hi fa res que s’hi trobi casualment un mot o una frase l’abast dels quals sigui, a primera vista, impossible de copsar. En aquest cas, la lectura pública ja en les reunions, l’explicació escrita a la premsa ja hi faran el que calgui; així, la frase curta i xocant, una vegada compresa, es clava a la memòria i esdevé una consigna, cosa que no fa mai una explicació massa llarga.

No cal fer massa concessions al problema de la popularitat; no hem de menysvalorar les facultats intel·lectuals i el grau de cultura dels nostres obrers. Ells han comprès coses molt més difícils que les que els podrà presentar el programa més concís i més curt; i encara que l’època de la legislació antisocialista hagi fet més difícil àdhuc hagi impedit completament el desenvolupament total de la consciència en les masses nou conquerides, sota la direcció dels antics serà fàcil de recobrar tot això, ara que de nou es poden conservar i llegir els nostres escrits de propaganda.

Intentaré de redactar d’una manera més breu tot aquest passatge i si hi reïxo, l’adjuntaré a la meva carta o l’enviaré més tard. Abordaré ara, un a un, els articles enumerats d’1 a 10. En el full suplementari I, hi trobareu el projecte de redacció de les meves propostes.

Paràgraf 1. — La «separació» etc. «Bergwerke, Gruben, Minen», tres mots per a designar una sola i mateixa cosa: caldria suprimir-ne dos. Per part meva, deixaria Bergwerke, atès que aquest el emprat entre nosaltres àdhuc a la plana, i designaria el tot per l’expressió usual. En canvi, afegiria: «ferrocarrils i altres mitjans de comunicació.»

Paràgraf 2. — Aquí posaria: «En mans de llurs acaparadors (o de llurs posseïdors), els mitjans de treball de la societat han esdevingut…»: i així també, més endavant, «dependència… dels posseïdors (o acaparadors) dels mitjans de treball», etcètera.

L’afirmació segons la qual aquests senyors han fet d’aquestes coses llur propietat exclusiva figura ja en l’article primer i aquí tan sols representa una repetició, si hom es resisteix a introduir el mot «monopolista». Ni un ni l’altre d’aquests dos mots no afegeix res de nou al sentit. Aleshores, tot el que és superflu en el programa tan sols pot afeblir-lo.

«Els mitjans de treball necessaris per per a l’existència de la societat»: són, a cada època, els que existeixen en aquell moment. Abans de la invenció de la màquina de vapor, hom podia passar-se’n; ara ja no podria. Com avui, els mitjans de treball, directament o indirecta —sigui per llur natura tècnica, sigui com a conseqüència de la divisió social del treball—, són tots mitjans de treball socials; aquests darrers mots expressen d’una manera prou clara i sense equívoc, el que que existeix a cada moment.

Si la conclusió lliga amb l’exposició dels motius dels estatuts internacionals, m’estimaria més que hom s’hi atingués totalment: «la misèria social (això es el núm. 1), el decandiment intel·lectual i la dependència política». El decandiment físic va comprès en la misèria social i la dependència política és un fet, mentre que la privació dels drets polítics no és altre que una frase declamatòria d’un valor molt relatiu, el lloc de la qual no es troba en un programa.

Paràgraf 3. — A parer meu, cal modificar la primera frase. «Sota el domini dels posseïdors exclusius.» Primerament, el que segueix és un fet econòmic que cal explicar des del punt de vista econòmic. D’altra banda, l’expressió domini dels posseïdors exclusius faria creure falsament que és un efecte del domini polític d’aquesta colla de brètols. Segonament, els posseïdors exclusius no comprenen pas solament «els capitalistes i els grans hisendats»: (què hi vénen a fer, aquí, els burgesos?, constitueixen una tercera categoria de posseïdors exclusius? els grans hisendats, són «burgesos» també?; ¿cal, potser, quan precisament es tracta de grans hisendats, silenciar les restes colossals de feudalitat, que donen a tot el nostre batibull polític a Alemanya el seu caràcter particularment reaccionari?). Els pagesos i els petits burgesos són també «posseïdors exclusius», si més no encara avui; però no figuren en tot el programa; per això cal expressar-se de tal manera que aquells no siguin del tot compresos en la categoria de posseïdors exclusius de què es parla. 

«L’acumulació dels mitjans de treball i de la riquesa produïda pels explotats». La «riquesa» es compon: a) de mitjans de producció; b) de mitjans de consum. És, doncs, contrari a Ja gramàtica i a la lògica de parlar primer d’una part  de la riquesa i després no parlar de l’altra, sinó del conjunt de la riquesa, i d’unir-les totes dues amb i.

«Augmenta… entre les mans dels capitalistes amb una rapidesa més i més creixent.» I dels «grans hisendats», i els «burgesos» d’aquí a poc, què en feu? Si aquí els capitalistes ja són suficients, bé haurien d’haver-ho estat abans. Però si es vol precisar, detallar, aleshores no són ni de bon tros suficients.

El nombre de proletaris i llur misèria augmenten cada vegada més. Això, afirmat d’una manera tan absoluta, no és exacte. És possible que l’organització dels treballadors, llur resistència sempre creixent, oposen en certa manera un dic al creixement de la misèria. Però el que certament augmenta és la incertitud de l’existència. Vet aquí el que jo hi afegiria.

Paràgraf 4. — «L’absència de planificació, que té el seu fonament en el caràcter mateix de la producció capitalista privada», exigeix molta esmena. Conec una producció capitalista com a forma de societat, com a fase econòmica, i una producció capitalista privada com un fenomen que es presenta d’una manera o altra mentre dura aquesta fase. Què significa, doncs, producció capitalista privada? ¿Producció per part de l’empresari, particular, isolat? I una producció així, no esdevé cada vegada més una excepció? La producció capitalista de les societats anònimes no és ja una producció privada, sinó una producció a compte d’un gran nombre d’associats. I, si passem de les societats anònimes als trusts que sotmeten i monopolitzen branques senceres de la indústria, aleshores això no és solament la fi de la producció privada, sinó el cessament de l’absència de planificació. Passa ratlla sobre «privada» i la frase podrà passar amb més rigor.

«La ruïna de vastes capes de la població…» En lloc d’aquesta frase declamatòria que sembla fer creure que lamentem encara la ruïna dels burgesos i dels petits burgesos, jo explicaria el fet molt simplement: «els quals, per la ruina de les classes mitjanes urbanes i rurals, dels petits burgesos i dels petits pagesos, eixamplen o aprofundeixen l’abisme entre els posseïdors i els no posseidors».

Les dues frases finals diuen dues vegades la mateixa cosa. Dono en el fragment suplementari I un projecte de canvi.

Paràgraf 5. — En lloc de «de les causes» cal posar «de les seves causes»; sens dubte és un lapsus.

Paràgraf 6. — «Bergwerke, Minen, Gruben»; veges més amunt núm. 1. -«Producció privada»: veges més amunt el núm. 4.- Jo hi posaria: «transformació de la producció capitalista actual, a compte de particulars o de societats anònimes, en producció socialista a compte de la societat tota i segons un pla establert per endavant, transformació… tan sols mitjançant la qual es realitzarà l’emancipació de la classe obrera i, d’aquí, l’emancipació de tots els membres de la societat sense excepció.»

Paràgraf 7. — Hi posaria el que es troba en el fragment suplementari I.

Paràgraf 8. — En lloc de «conscients de classe» (klassen bewust), abreviació que en els nostres medis és evidentment fàcil de comprendre, diria, a fi que l’expressió pugui ésser compresa per tots i traduïda fàcilment a les llengües estrangeres: «amb els obrers que han adquirit consciència de llur situació de classe», o quelcom d’aquesta mena.

Paràgraf 9. — Frase final: «…i que amb això aplega en una mà el poder de l’explotació econòmica i de l’opressió política.»

Paràgraf 10. — Després de «del domini de classe» manca «i de les mateixes classes». La supressió de les classes és la nostra reivindicació fonamental, sense la qual la supressió del domini de classe és una bajanada des del punt de vista econòmic. En lloc de «per al dret igual de tots», jo proposo: «per als drets iguals i els deures iguals de tots», etc. Els deures iguals són per a nosaltres un complement essencial dels drets iguals demòcrata-burgesos i els lleven llur sentit específicament burgès. 

Quant a la frase final «En llur lluita..», de bon grat que la suprimiria. En el seu vague contingut: «que són aptes per a millorar la condició del poble en general» (què vol dir?) pot comprendre-ho tot, drets duaners protectors i lliure canvi, associacions corporatives i llibertat d’oficis, crèdit hipotecari, banques de canvi, vacunació obligatòria, alcoholisme i antialcoholisme, etc. El que vol dir es troba ja en la frase precedent, és necessari de dir, però, que, quan hom vol el tot, agafa també cada part; a la meva manera de veure, això afebleix l’efecte. Ara, si la frase ha de servir de transició a les reivindicacions particulars, es podria dir més o menys això: «La socialdemocràcia defensa totes les reivindicacions que poden acostar-la a aquest fi.» («Mesures i institucions», cal suprimir-ho per repetició.) O bé aleshores, cosa que fóra encara millor, cal només dir francament de què es tracta, és a dir, que cal resquitar el temps perdut per la burgesia. En el fragment suplementari I he afegit en aquest sentit una frase final, que considero molt important a causa de les notes que he formulat en el capítol seguent.”

II. Reivindicacions polítiques

Les reivindicacions polítiques del projecte tenen un gran defecte. Allò que justament hauria calgut dir, no s’hi troba. Si aquestes deu reivindicacions haguessin estat totes atorgades, disposaríem, això sí, d’alguns mitjans més per a aconseguir la reivindicació política principal, però no tindríem de cap manera aquesta mateixa reivindicació principal. La constitució del Reich és, pel que fa a la limitació dels drets reconeguts al poble i als seus representants, una còpia pura i simple de la constitució prussiana de 1850, constitució en la qual la redacció més extrema troba la seva expressió en paràgrafs on el govern posseeix tot el poder efectiu i on les Cambres no no tenen ni el dret de refusar els impostos; constitució que, durant el període del conflicte, ha provat que el podia fer-ne el que volia. Els drets del Reichstag són exactament els mateixos que els de la Cambra prussiana, i per això Liebknecht ha anomenat aquest Reichstag la fulla de vinya de l’absolutisme. Voler, sobre la base d’una aliança entre Prússia i Reuss-Greiz Schleiz-Lobenstein, Estats dels quals l’un cobreix tantes llengües quadrades com l’altre polzades quadrades, voler sobre una base així realitzar la «transformació dels mitjans de treball en propietat comuna», és palesament absurd.

Tocar-ho fóra perillós. Però, de totes maneres, les coses han de tirar endavant. Com això és necessari, ho prova precisament avui l’oportunisme que comença a escampar-se en gran part de la premsa socialdemòcrata. Tement que es renovi la llei contra els socialistes o recordant certes opinions emeses prematurament, en el temps en què aquesta llei romania en vigor, volem ara que el Partit reconegui l’ordre legal a Alemanya com a capaç de bastar per a fer realitzar totes les seves reivindicacions per la via pacífica. Hom vol fer creure a si mateix i al Partit que «la societat actual, en desenvolupar-se, va a poc a poc cap al socialisme», sense preguntar-se si per això no està obligada a sortir de la seva vella constitució social, a fer saltar aquest vell embolcall amb tanta violència com el cranc rebentant el seu; com si a Alemanya, a més. a més, aquella no hagués de vèncer els obstacles de l’ordre polític encara mig absolutista i, més encara, indiciblement trasbalsat. Es pot concebre que la vella societat podrà evolucionar pacíficament vers la nova en els països on la representació popular concentra en ella tot el poder, on, segons la constitució, podeu fer el que voleu, com sigui que teniu darrera vostre la majoria de la nació; en repúbliques democràtiques com ara França i Amèrica, en monarquies com Anglaterra, on el rescat imminent de la dinastia ha estat debatut cada dia a la premsa, i on aquesta dinastia és impotent contra la voluntat del poble. Però a Alemanya, on el govern és quasi omnipotent, on el Reichstag i els altres cossos representatius són sense poder efectiu, proclamar tals coses a Alemanya, i més sense necessitat, és treure la seva fulla de vinya a l’absolutisme i cobrir-ne la nuesa amb el seu propi cos.

Una política així, a la llarga, no pot sinó arrossegar el Partit per un camí fals. Es posen a primer pla qüestions polítiques generals, abstractes, i amb això s’amaguen les questions concretes més urgents que, als primers esdeveniments importants, a la primera crisi política, es posen per si mateixes a l’ordre del dia. Què pot passar, sinó que, de sobte, al moment decisiu, el Partit es trobarà desprevingut i sobre els punts més decisius regnarà la confusió i l’absència d’unitat, perquè aquestes questions no hauran estat mai discutides? ¿Tornarem a veure el que succeí, en el seu temps, per la qüestió dels drets de duana, quan es declarà que això només concernia la burgesia i que no tenia res a veure amb el món dels treballadors, i, com a conseqüència, cada un podia votar com volia, mentre que avui més d’un cau en l’extrem oposat i, per oposició als burgesos esdevinguts proteccionistes, reedita les absurditats econòmiques de Cobden i Bright , i predica, com el més pur socialisme, el més pur manxesterianisme?

Aquest oblit de les grans consideracions essencials davant els interessos passatgers del dia, aquesta cursa d’èxits efímers i la lluita que s’hi lliura al voltant, sense preocupar-se de les conseqüències ulteriors, aquest abandó de l’esdevenidor del moviment, sacrificat pel present, tot això té potser motius honestos. Però són les restes de l’oportunisme. L’oportunisme «honest de tots» és potser, doncs, el més perillós de tots. Quins són ara aquests punts delicats, però essencials?

Primerament. —, Una cosa absolutament certa és que el nostre Partit i la classe obrera no poden arribar al domini sinó sota la forma de república democràtica. Aquesta darrera és àdhuc la forma específica de la dictadura del proletariat, com ho ha demostrat ja la Revolució francesa. Efectivament, no és inconcebible que els nostres millors homes hagin d’esdevenir ministres sota un emperador, com és el cas de Miquel?

Sembla, doncs, legalment impossible de plantejar en el programa la reivindicació de la república —i tanmateix això ha pogut fer-se fins i tot sota Lluís Felip, a França, així com a Itàlia avui. Però el fet que no és ni permès d’establir a Alemanya un programa de partit obertament republicà prova com és gran la il·lusió que, per una via senzillament pacífica, s’hi podrà organitzar la república, i no solament la república, ans encara la societat comunista.

Ça com lla, podem encara en rigor bandejar la qüestió de la república. Però el que, al meu parer, podria i hauria de figurar en el programa, és la reivindicació de la concentració de tot el poder polític a mans de la representació del poble. I amb això ja n’hi hauria prou, per a esperar, si hom no pot anar més lluny.

Segonament. — Reconstitució d’Alemanya. D’una part, cal abolir la subdivisió en petits Estats —revolucioneu, doncs, la societat, mentre existeixin drets particulars a Baviera i a Wurtemberg, mentre el mapa de Turíngia tingui l’aspecte lamentable d’ara! D’altra banda, cal que Prússia deixi d’existir, que es descompongui en províncies autònomes, per tal que l’esperit específicament prussià deixi de pesar sobre Alemanya. Subdivisió en petits Estats, esperit específicament prussià, vet aquí els dos costats de la contradicció entre els quals Alemanya s’ha tancat avui, i un de cada costat ha de servir sempre d’excusa i de justificació a l’altre. Què cal posar en lloc d’això? A parer meu, el proletariat no pot utilitzar sinó la forma de la república una i indivisible. En suma, en el territori immens dels Estats Units, la república federativa és avui encara una necessitat, tot i que ja comença des d’ara a ésser un obstacle a l’Est. Constituiria un progrés a Anglaterra, on en dues illes habiten quatre nacions, i on, malgrat un Parlament únic, existeixen de costat, avui encara, tres legislacions diferents. En la petita Suissa, fa molt de temps que constitueix un obstacle tolerable només perquè Suissa s’acontenta d’ésser un membre purament passiu en el sistema d’Estats europeu. Per a Alemanya, una organització federalista a la manera suïssa fóra una reculada considerable. Dos punts distingeixen un Estat federal d’un Estat unitari, és, primer, que cada Estat federat, cada cantó posseeix la seva pròpia legislació civil i penal, la seva pròpia legislació judicial, després que, al costat de la Cambra del poble, hi ha una Cambra dels representants dels Estats, on cada cantó, petit o gran, vota com a tal. Quant al primer punt, sortosament l’hem superat i no serem tan babaus com per a introduir-lo novament. Quant al segon, el tenim sota la forma del Consell federal i podríem ben bé passar-nos-en —i més quan el nostre «Estat federal» forma ja la transició cap a l’Estat unitari. No és pas feina nostra de retrogradar la revolució des de dalt, feta en 1866 i 1870: al contrari, hi hem d’aportar el complement i el millorament necessaris mitjançant un moviment des de baix.

Així doncs, república unitària. Però no en el sentit de la República francesa d’avui, que no és altra cosa que l’Imperi sense emperador fundat el 1798. De 1792 a 1798, cada departament francès, cada municipi tingué la seva completa autonomia administrativa, sobre el model americà, i és el que ens cal també. Com organitzar aquesta autonomia i com passar-se de la burocràcia, és el que ens han demostrat Amèrica i la primera República francesa; i és el que ens mostren encara avui Austràlia, Canadà i les altres colònies angleses. Una semblant autonomia provincial i comunal és molt més lliure que no el federalisme suís, per exemple, en què el cantó és, i és veritat, molt independent a l’esguard de la Confederació i del municipi. Els governs cantonals nomenen governadors de districtes (Bezirksstatthalter) i prefectes, dels quals no se sap res en els països de llengua anglesa i dels quals d’ara endavant hem de desempallegar-nos tan resoludament com dels consellers provincials i governamentals (Landrat i Regierungsrat) prussians.

De tot això, no es podrà posar gran cosa al programa. Si en parlo, és sobretot per marcar el caràcter de la situació a Alemanya, on no és permès de dir aquestes coses, i també per mostrar ensems com són il·lusos els qui volen, per la via legal, transferir un estat de coses semblant en la societat comunista. I també per recordar al Comitè director del Partit que existeixen encara altres qüestions polítiques importants que no són la legislació directa del poble o la justícia gratuïta, sense les quals, a fi de comptes, avançarem igualment. Vist l’estat d’inseguretat general, aquestes qüestions poden esdevenir ardents un dia per l’altre, i què passaria aleshores, si no les hem discutides, si no ens hi hem posat d’acord?

Però el que tanmateix pot entrar en el programa i que, d’una manera indirecta almenys, pot servir d’indicació per al que és impossible de dir, és aquesta reivindicació: «Administració autònoma completa a la província, al districte i al municipi per part de funcionaris elegits per sufragi universal. Supressió de totes les autoritats locals i provincials nomenades per l’Estat.»

Quant a saber si fora d’això seria possible de formular, pel que fa als punts que acabo de discutir, altres reivindicacions en el programa, no puc ací jutjar-ho tan bé com vosaltres, allà baix. Però és desitjable que aquestes qüestions siguin debatudes al si del Partit, abans que sigui massa tard.

1. No copso la diferència que s’estableix entre «dret d’elecció i dret de vot, respectivament eleccions i vots»,. Si una distinció és necessària, caldria en tot cas expressar-la més clarament o explicar-la en un comentari que acompanyaria el projecte.

2. «Dret de proposició i de veto del poble.» Per què? Caldria afegir: per totes les lleis o resolucions de la representació nacional.

5. Separació completa de l’Església i de l’Estat. Totes les comunitats religioses sense excepció seran tractades per l’Estat com a societats privades. Perden tota subvenció que provingui dels diners públics i tota influència sobre les escoles públiques.

6. «Laïcitat de l’escola» sobra, aleshores, el seu lloc és en el paràgraf precedent.

8 i 9. Voldria cridar l’atenció sobre això: Aquests punts exigeixen l’«estatització»: a) dels advocats, b) dels metges, c) dels farmacèutics, dentistes, lleyadores, infermers, etcètera. A més, es demana per a més tard l’estatització total de l’assegurança obrera. ¿És que tot això podrà ésser confiat a M. de Caprivi, i concorda bé tot això amb la declaració feta precedentment, quan hom es pronuncià contra tot socialisme d’Estat?

10. Aquí jo posaria: «Impostos… progressius per a fer front a totes les despeses de l’Estat, dels districtes i del municipi, en la mesura que els impostos seran necessaris. Supressió de tots els impostos indirectes, siguin de l’Estat, siguin locals, dels drets, etc.» La resta és supèrflua i no és més que un comentari o una exposició de motius, això no pot sinó afeblir-ho.

III. Reivindicacions econòmiques

Paràgraf 2. — Enlloc com a Alemanya el dret de coalició no té necessitat d’una garantia de cara a l’Estat. La frase final «per a reglamentar…» seria afegible com a article 4 i com a conseqüència s’hauria de tornar a redactar. Aquí caldria remarcar que amb les Cambres de treball, compostes meitat per obrers i meitat per patrons, nosaltres seríem enganyats. Amb aquest sistema les majories estarien durant molts anys sempre al costat dels patrons, als quals bastaria la presència d’una «ovella negra» entre els obrers. Si hom no estipular que en cas de litigi les dues meitats emetran llur opinió separadament, fóra molt més preferible de tenir una Cambra de patrons, i, al costat, una cambra independent d’obrers.

Espero que abans de la clausura hom compari una vegada més el programa francès on hi hauria, em sembla, molta cosa a aprendre, precisament per al núm. III. Quant al programa espanyol, no puc, malauradament, per manca de temps, buscar-lo: és molt bo també sota molts aspectes.

Friedrich EngelsEscrit el 10 de febrer de 1892 a Londres. Font: Marxist Internet Archive. Traduït del castellà al català per Adriana Sabater.

La necessitat de reeditar la versió polonesa del Manifest Comunista requereix un comentari.

Abans de res, el Manifest ha resultat ser, com es proposava, un mitjà per posar en relleu el desenvolupament de la gran indústria a Europa. Quan a un país, qualsevol que sigui, es desenvolupa la gran indústria, brolla al mateix temps entre els obrers industrials el desig d’explicar-se les seves relacions com a classe, com la classe dels qui viuen del treball, amb la classe dels qui viuen de la propietat. En aquestes circumstàncies les idees socialistes s’estenen entre els treballadors i creix la demanda del Manifest Comunista. En aquest sentit, el nombre d’exemplars del Manifest que circulen en un idioma donat ens permet apreciar bastant aproximadament, no només les condicions del moviment obrer de classe en aquest país, sinó també el grau de desenvolupament aconseguit en ell per la gran indústria.

La necessitat de fer una nova edició en llengua polonesa acusa, per tant, el continu procés d’expansió de la indústria a Polònia. No pot haver-hi dubte sobre la importància d’aquest procés en el transcurs dels deu anys que han passat des de l’aparició de l’edició anterior. Polònia s’ha convertit en una regió industrial a gran escala sota l’ègida de l’Estat rus.

Mentre que a la Rússia pròpiament dita la gran indústria només s’ha anat manifestant esporàdicament (en les costes del golf de Finlàndia, a les províncies centrals de Moscou i Vladimiro, al llarg de les costes de la mar Negra i de la mar d’Azov), la indústria polonesa s’ha concentrat dins dels confins d’una àrea limitada, experimentant alhora els avantatges i els inconvenients de la seva situació. Aquests avantatges no passen inadvertits per als fabricants russos; per això alcen el crit demanant aranzels protectors contra les mercaderies poloneses, malgrat el seu ardent anhel de russificació de Polònia. Els inconvenients (que toquen per igual els industrials polonesos i el Govern rus) consisteixen en la ràpida difusió de les idees socialistes entre els obrers polonesos i en una demanda sense precedent del Manifest Comunista.

El ràpid desenvolupament de la indústria polonesa (que deixa enrere amb molt a la de Rússia) és una clara prova de les energies vitals inextingibles del poble polonès i una nova garantia del seu futur renaixement. La creació d’una Polònia forta i independent no interessa només al poble polonès, sinó a tots i cadascun de nosaltres. Només podrà establir-se una estreta col·laboració entre els obrers tots d’Europa si a cada país el poble és amo dins la seva pròpia casa. Les revolucions de 1848 que, tot i renyides sota la bandera del proletariat, només van portar els obrers a la lluita per treure les castanyes del foc a la burgesia, van acabar per imposar, prenent per instrument a Napoleó i a Bismarck (als enemics de la revolució), la independència d’Itàlia, Alemanya i Hongria. En canvi a Polònia, que el 1791 va fer per la causa revolucionària més que aquests tres països junts, se la va deixar sola quan el 1863 va haver d’enfrontar-se amb el poder deu vegades més fort de Rússia.

La noblesa polonesa ha estat incapaç de mantenir, i ho serà també per restaurar, la independència de Polònia. La burgesia va sentint-se cada cop menys interessada en aquest assumpte. La independència polonesa només podrà ser conquerida pel proletariat jove, en les mans del qual està la realització d’aquesta esperança. Per això els obrers de l’occident d’Europa no estan menys interessats en l’alliberament de Polònia que els obrers polonesos mateixos.

Friedrich Engels

Acta feta per l’autor del discurs a la sessió de la Conferència de Londres [1] el 21 de setembre de 1871. Font: Marxist‌ ‌Internet‌ ‌Archive.‌ Traduït del castellà al català per Mercedes Vidal.

L’abstenció absoluta en política és impossible; també fan política tots els diaris abstencionistes. El quid de la qüestió consisteix únicament en com la fan i quina política fan. A part d’això, per nosaltres l’abstenció és impossible. El partit obrer ja existeix com a partit polític en la majoria de països. I no serem nosaltres qui el destruïm predicant l’abstenció. L’experiència de la vida actual, l’opressió política a què sotmeten als obrers els governs existents, sigui amb una finalitat política o social, els obliguen a dedicar-se a la política, ho vulguin o no. Predicar l’abstenció significaria llençar-los als braços de la política burgesa. L’abstenció és completament impossible, sobretot després de la Comuna de París, que ha situat l’acció política del proletariat a l’ordre del dia.

Volem l’abolició de les classes. Quin és el mitjà per assolir-la? La dominació política del proletariat. I quan a tot arreu s’hi han posat d’acord, se’ns demana que no ens barregem amb la política! Tots els abstencionistes s’anomenen revolucionaris a sí mateixos, i fins i tot revolucionaris per excel·lència, però la revolució és l’acte suprem de la política; qui la vulgui ha de voler el mitjà, l’acció política que la prepara, que proporciona als obrers l’educació per a la revolució i sense la qual els obrers, l’endemà de la lluita, sempre seran enganyats pels Fevre i pels Pyat. Però la política a la que han de dedicar-se és la política obrera; el partit obrer no s’ha de constituir com un apèndix de qualsevol partit burgès, sinó com un partit independent, que té un objectiu propi, la seva pròpia política.

Les llibertats polítiques, el dret de reunió i associació i la llibertat de premsa: aquestes són les nostres armes. I ens hem de creuar de braços quan ens les vulguin prendre? Es diu que tota acció política implica el reconeixement de l’estat existent de les coses, però quan aquest estat de les coses ens dona mitjans per lluitar contra ell, recórrer a ells no significa reconèixer l’estat existent de les coses. 

Notes

[1] La Conferència de la I Internacional celebrada a Londres es va reunir del 17 al 23 de setembre de 1871. Convocada en un ambient de cruels repressions contra els membres de la Internacional després de la derrota de la Comuna de París, va tenir una representació relativament reduïda: van participar-hi 22 delegats amb veu i vot i 10 amb veu. Els països que no van poder enviar delegats van ser representats pels secretaris corresponsals del Consell General. Marx representava a Alemanya, i Engels, a Itàlia.

La Conferència de Londres va significar una important etapa a la lluita de Marx i Engels per la creació del partit proletari. La Conferència va adoptar la resolució “Sobre l’acció política de la classe obrera”, la part fonamental de la qual va ser inclosa, per acord del Congrés de la Internacional celebrat a La Haia, als Estatuts Generals de l’Associació Internacional dels Treballadors. En diverses resolucions de la Conferència van ser formulats importants principis tàctics i d’organització del partit proletari, assestant-se un cop al sectarisme i al reformisme. La Conferència de Londres va exercir un gran paper en la victòria dels principis del partidisme proletari sobre l’oportunisme anarquista.

Friedrich Engels

Escrit a finals de 1845; primera publicació a: Rheinische Jahrbücher zur gesellschaftlichen Reform, 1846. Font: MECW Volume 6, p. 3. Traduït de l’anglès per Alexis Fernández.

“Què ens importen a nosaltres les nacions? Què ens importa la República Francesa? No vam comprendre fa força temps la noció de “nacions” i no vam condicionar el lloc de cadascuna d’elles? No assignàvem als alemanys l’esfera de la teoria, als francesos la de la política i als anglesos l’àmbit de la societat civil? I més encara sent ara la República Francesa! Què es pot celebrar d’una etapa de desenvolupament que ha estat superada des de fa molt de temps, que s’ha abolit a si mateixa com a efecte de les seves pròpies conseqüències? Si ens voleu donar alguna informació sobre Anglaterra, seria millor que descrivíssiu l’última fase a la qual el principi socialista hi ha arribat; digueu-nos si el socialisme anglès unilateral encara no reconeix fins a quin punt està per sota de les nostres altures de principis i com pot afirmar que només és una fase i que és obsolet!”

Mantingueu la calma, estimada Alemanya. Les nacions i la República Francesa són de gran importància per nosaltres.

La fraternització de les nacions, tal com està duent a terme arreu l’extrem partit proletari, en contrast amb l’antic egoisme nacional instintiu i el cosmopolitisme hipòcrita privat egoista del lliure comerç, val més que totes les teories alemanyes del veritable socialisme juntes.

La fraternització de les nacions sota la bandera de la democràcia moderna, que va començar a partir de la Revolució Francesa i es va convertir en el comunisme francès i el cartisme anglès, demostra que les masses i els seus representants coneixen millor que els teòrics alemanys com estan les coses.

“Però això no té res a veure amb el que estem discutint. Qui està parlant de fraternització, com si fos…, de democràcia, com si fos…, etc.? Estem parlant de la fraternització de les nacions en si i per si mateixa, de la fraternització de les nacions, de la democràcia, de la democràcia pura i dura, de la democràcia com a tal. Has oblidat completament el teu Hegel? ”

“No som romans, fumem tabac”. [Heinrich Heine, “Zur Beruhigung”] No parlem del moviment antinacionalista que s’està desenvolupant al món, sinó de l’abolició de les nacionalitats a través del pensament pur —assistit per la fantasia en absència de fets— que succeeix al nostre cap. No parlem d’una democràcia real que tota Europa s’afanya a adoptar i que és una democràcia bastant especial, diferent de totes les democràcies anteriors. Parlem d’una democràcia força diferent que representa la mitjana entre les democràcies grega, romana, americana i francesa, o sigui, sobre el concepte de democràcia. No parlem de les coses dolentes i efímeres que pertanyen al segle XIX, sinó de categories eternes i que existien abans que “les muntanyes foren creades”. En poques paraules, no estem discutint sobre què s’està parlant, sinó de quelcom bastant diferent.

En resum: quan els anglesos, els francesos i els alemanys que participen en el moviment pràctic, però que a dia d’avui no són teòrics, parlen de democràcia i de fraternització de les nacions i això no s’ha d’entendre simplement en un sentit polític. Aquestes fantasies encara existeixen només entre els teòrics alemanys i alguns estrangers que no compten. En realitat, aquestes paraules tenen ara un significat social on es dissol el significat polític. La Revolució en si era quelcom ben diferent de lluitar per aquesta o aquella forma d’estat, ja que la gent d’Alemanya encara sovint s’imagina que sí. La connexió de la majoria de les insurreccions d’aquella època amb la fam, la importància que el subministrament de capital i la distribució de subministraments van assumir ja a partir de 1789, el màxim, les lleis contra la compra de proveïment d’aliments, el crit de batalla dels exèrcits revolucionaris – “Guerre aux palais, paix aux chaumières” [la guerra als palaus, la pau a les cases dels camperols] – el testimoni del “carmanyola” segons el qual els republicans han de tenir du pain [pa], així com du fer [armes] i du coeur [cor, coratge] – i milers de superficialitats òbvies ja demostrades, sense una investigació més detallada dels fets, fins a quin punt la democràcia es diferenciava en aquell moment d’una mera organització política. Així, és ben sabut que la Constitució de 1793 i el terror es va originar en el partit que va obtenir el seu suport del proletariat insurgent, que el derrocament de Robespierre va significar la victòria de la burgesia sobre el proletariat i que la conspiració de Babeuf per a la igualtat va revelar les conseqüències finals de la democràcia del 93, en la mesura que aquestes eren possibles en aquell moment. La Revolució Francesa va ser un moviment asocial de principi a fi i, després, una democràcia purament política es va convertir en una completa absurditat.

La democràcia avui en dia és comunisme. Qualsevol altra democràcia només pot existir encara en els caps de teòrics visionaris que no estiguin preocupats per esdeveniments reals, a la vista dels quals no són els homes i les circumstàncies els que desenvolupen els principis, sinó que els principis es desenvolupen per si mateixos. La democràcia s’ha convertit en el principi del proletariat, en el principi de les masses. Pot ser que les masses tinguin més o menys clar aquest fet, l’únic significat correcte de la democràcia, però totes tenen almenys un sentiment obscur que la igualtat social de drets està implícita en la democràcia. Amb tota seguretat les masses democràtiques es poden incloure en qualsevol càlcul o còmput de la solidesa de les forces comunistes. I si els partits proletaris de les diferents nacions s’uneixen, tindran tota la raó en inscriure la paraula “Democràcia” a les seves pancartes, ja que, excepte aquells que no compten, tots els demòcrates europeus el 1846 són més o menys comunistes de cor.

Malgrat que la República Francesa ha estat “reemplaçada”, els comunistes de tots els països se senten plenament amb dret a celebrar la seva existència. En primer lloc, totes les nacions que van ser prou estúpides com per deixar-se utilitzar a l’hora de lluitar contra la Revolució han de demanar disculpes als francesos des que es van adonar a quina sottise [estupidesa] van jurar fidelitat; en segon lloc, tot el moviment social europeu avui és el segon acte de la revolució, és només la preparació per al desenllaç del drama que va començar a París el 1789 i que ara té tota Europa per a la seva etapa; en tercer lloc, és el moment, en la nostra època covarda, egoista, mendicant i burgesa, de recordar aquells grans anys on tot un poble va deixar de banda la covardia, l’egoisme i la mendicitat, quan hi havia homes prou valents per desafiar la llei, que es no es van rendir i amb la seva energia de ferro van assegurar que del 31 de maig de 1793 al 26 de juliol de 1794 ni un covard o insignificant comerciant o especulador, en definitiva, ni un sol burgès s’atrevís a mostrar la seva cara a tota França. És realment necessari en un moment on la pau europea es manté unida per un Rothschild, on un Köchlin demana aranzels protectors, un Cobden pregona sobre el lliure comerç, i un Diergardt predica la salvació de la humanitat pecaminosa mitjançant associacions per aixecar la classe treballadora – en realitat cal recordar Marat i Danton, Saint-Just i Babeuf, i l’alegria per les victòries a Japes i Fleurus. Si aquella poderosa època, amb aquests personatges de ferro, encara no estava per sobre del nostre món mercenari, de fet la humanitat hauria de desesperar-se i llançar-se als braços d’un cosí Köchlin, un Cobden o un Diergardt.

Finalment, la fraternització entre les nacions té avui més que mai un significat purament social. Les fantasies sobre una República Europea, la pau perpètua sota l’organització política, s’han tornat tan ridícules com les locucions sobre la unió de les nacions sota l’empara del lliure comerç universal i, tot i que tots aquests sentimentalismes quimèrics esdevenen completament irrellevants, els proletaris de totes les nacions, sense massa cerimònia, ja estan començant a confraternitzar realment sota la bandera de la democràcia comunista. I els proletaris són els únics que són capaços de fer-ho realment; ja que la burgesia de cada país té els seus propis interessos especials i, ja que aquests interessos són els més importants per la burgesia, mai pot transcendir la nacionalitat. I els pocs teòrics no aconsegueixen res amb tots els seus bons “principis” perquè simplement permeten que continuïn existint aquests interessos contradictoris –com tota la resta– i no poden fer res més que parlar. Però els proletaris de tots els països tenen un mateix interès, un mateix enemic i una mateixa lluita. La gran massa de proletaris són, per la seva pròpia naturalesa, prejudicis nacionals de forma lliure i tota la seva disposició i moviment són essencialment humanitàries i antinacionalistes. Només els proletaris poden destruir la nacionalitat, només el proletariat que desperta pot portar la confraternització entre les diferents nacions.

Els fets següents confirmaran tot el que acabo de dir.

El 10 d’agost de 1845 es va celebrar a Londres un festival similar per celebrar un triple aniversari: el de la revolució de 1792, la proclamació de la Constitució de 1793 i la fundació de l’Associació Democràtica per part de l’ala més radical del moviment anglès de 1838-39.

Aquesta branca més radical estava formada pels cartistes, proletaris com es podia esperar, però en essència persones que van entendre clarament l’objectiu del moviment cartista i que s’esforçaren per accelerar-lo. Si bé la gran massa dels cartistes encara estava preocupada en aquell moment només per la transferència del poder estatal a la classe treballadora, i pocs van tenir temps per reflexionar sobre l’ús d’aquest poder, els membres d’aquesta Associació Democràtica, que van jugar un paper important en l’agitació d’aquella època, van ser unànimes en això: eren en primer lloc republicans i, a més, republicans que presentaven com a credo la Constitució de 1793, que rebutjaven tots els vincles amb la burgesia, inclús amb la petita burgesia, i que van defensar el principi que els oprimits tenen el dret d’utilitzar els mateixos mitjans contra els seus opressors igual que aquests darrers utilitzen contra ells. Però això no era tot; no només eren republicans, sinó comunistes, i que no eren creients. El col·lapse de l’Associació va seguir al de l’agitació revolucionària de 1838-39, però la seva eficàcia no es va malgastar i va contribuir en gran manera a estimular l’energia del moviment cartista i a desenvolupar els seus elements comunistes latents. Els principis comunistes i cosmopolites ja es van expressar en aquesta festa del 10 d’agost: es demanava igualtat social i política i es va proposar amb entusiasme un brindis pels demòcrates de totes les nacions.

Els esforços per reunir els radicals de diferents nacions ja s’havien fet anteriorment a Londres. Aquests intents van fracassar, en part per les divisions entre els demòcrates anglesos i el desconeixement que tenien els estrangers sobre aquests i també per les diferències de principis entre els líders del partit de diferents nacions. L’obstacle per a la unificació total, degut a la diferència de nacionalitat, és tan gran que fins i tot els estrangers que havien viscut a Londres des de feia anys, per molt que simpatitzessin amb la democràcia anglesa, coneixien poc o res el moviment que passava davant dels seus ulls, o de l’estat real de les coses, van confondre els burgesos radicals amb els proletaris radicals i desitjaven portar junts els enemics més confirmats a la mateixa reunió. Els anglesos van cometre errors similars, en part per això i en part per la desconfiança nacional, errors que es cometien amb més facilitat, ja que l’èxit d’aquesta discussió depenia inevitablement del major o menor acord entre uns quants membres del comitè superior que difícilment es coneixien personalment. Malauradament, aquests individus havien estat escollits en les ocasions anteriors i, per tant, el mateix error es va tornar a produir. Però la necessitat d’aquesta fraternització era massa urgent. Cada intent que es va esvair va actuar com un esperó per a prosseguir amb nous esforços. Quan alguns dels portaveus democràtics de Londres es van cansar de la qüestió, altres van prendre el seu lloc. L’agost passat es van fer nous plantejaments –que per sort no van ser infructuosos-, i amb motiu d’una celebració el 22 de setembre, organitzada per altres, es va proclamar públicament l’aliança dels demòcrates de totes les nacions que vivien a Londres.

Anglesos, francesos, alemanys, italians, espanyols, polonesos i suïssos es van reunir en aquesta reunió. Hongria i Turquia, també estaven representades per contingents unipersonals. Les tres nacions més grans de l’Europa civilitzada – l’anglesa, l’alemanya i la francesa – van proporcionar els oradors i van ser molt dignament representades. El president era, per descomptat, un anglès, Thomas Cooper, “el cartista” que va complir gairebé dos anys de presó per la seva part a la insurrecció de 1842 i, mentre estava a la presó, va escriure un poema èpic [The Purgatory of Suicides] a l’estil de Childe Harold, que és molt elogiat per la crítica anglesa. El principal orador anglès de la nit va ser George Julian Harney, coeditor de The Northern Star durant els darrers dos anys. The Northern Star és el diari cartista establert el 1837 per O’Connor, i s’ha convertit en tots els sentits en una de les millors revistes a Europa des que ha estat sota la redacció conjunta de J. Hobson i Harney. Només conec alguns petits treballadors de París, com ara el Sindicat, que poden comparar-s’hi. El mateix Harney és un veritable proletari que ha estat al moviment des de la seva joventut, un dels membres principals de l’Associació Democràtica de 1838-39 ja esmentat (va presidir el Festival del 10 d’agost) i, sens dubte, amb Hobson, els millors escriptors anglesos, fet que espero demostrar als alemanys algun dia. Harney té perfectament clar l’objectiu del moviment europeu i és completament a la hauteur des principes [a l’alçada dels principis], tot i que no sap res de les teories alemanyes del veritable socialisme. El principal mèrit de l’organització d’aquest festival cosmopolita era seu; Harney era incansable a l’hora d’aplegar les diverses nacionalitats, d’eliminar els malentesos i de superar les diferències personals.

Harney va proposar un brindis que deia:

“Per la solemne memòria dels honrats i virtuosos republicans francesos de 1792: que la igualtat que desitjaven i per la qual vivien, treballaven i van morir, tingui una ràpida resurrecció a França i estengui el seu regnat per tota Europa”.

Harney, que va ser rebut amb goig i alegria renovada una vegada i una altra, va dir:

“Hi va haver un temps, senyor president, on la celebració d’aquest esdeveniment hauria sotmès les parts reunides no només al menyspreu, a les burles, als abusos i a la persecució per part de les classes privilegiades, sinó també a la violència del poble ignorant i equivocat, al qual els seus governants i sacerdots van fer creure que la Revolució Francesa era una cosa terrible i infernal, que es podria mirar enrere amb horror i parlar-ne amb execració. La majoria dels presents recordaran que no fa molt de temps, sempre que es demanava en aquest país la derogació de qualsevol llei dolenta o la promulgació de qualsevol llei bona, immediatament els contraris al progrés començaven a cridar: “Jacobinisme!”. Tant era si es proposava reformar el Parlament, reduir els impostos, educar la gent o fer qualsevol altra cosa que assaborís el progrés, treien els fantasmes de la “Revolució Francesa”, el “Regnat del Terror” i l’home del sac per espantar aquests grans nadons amb pantalons, que encara no han après a pensar per si mateixos. Aquest temps ha passat; així i tot, en pregunto si encara hem après a llegir bé la història d’aquesta gran revolució. Seria molt fàcil respondre a aquest brindis per expressar alguns sentiments de trampes sobre la llibertat, la igualtat, els drets de l’home, la coalició dels reis europeus i el que van fer en Pitt i en Brunswick. Podria dilatar-me en tots aquests temes i, possiblement, guanyar-me aplaudiments pel que probablement passaria a ser un discurs extremadament liberal. Podria fer tot això, i, tanmateix, és molt convenient evitar-me la gran pregunta. La gran pregunta, segons a la meva opinió, era que la solució de la Revolució Francesa tenia com a missió la destrucció de la desigualtat i l’establiment d’institucions que haurien de garantir al poble francès la felicitat que mereixen i que mai han vist. Ara, segons aquesta prova, tenim relativament poques dificultats per arribar a una estimació justa dels homes que van figurar en l’etapa de la revolució. Prenguem Lafayette, per exemple, com un exemple dels constitucionalistes; i que sigui, potser, el millor home i el més honest de tot el partit. Pocs homes han gaudit de més popularitat que Lafayette. A la seva joventut el trobem deixant el seu país i embarcant-se generosament en la lluita nord-americana contra la tirania anglesa. Acabada la gran tasca d’alliberament nord-americana, va tornar a França i poc després el trobem com un dels homes més destacats de la revolució que ara comença al seu propi país. De nou, a la seva vellesa, el veiem com l’home més popular de França, cridat, després dels ‘tres dies’, a la veritable dictadura, i posant i traient reis amb una sola paraula. Lafayette va gaudir, a tot Europa i Amèrica, d’una gran popularitat, més que potser qualsevol altre home del seu temps, i hagués merescut aquella popularitat si la seva conducta hagués estat coherent amb els seus primers actes a la revolució. Però Lafayette mai va ser l’amic de la igualtat. És cert, al principi, va renunciar als seus privilegis feudals i va renunciar al seu títol, i fins aquí ho va fer bé. Situat al capdavant de la força popular, l’ídol de la classe mitjana, i comandant fins i tot l’afecte de la classe obrera, fou considerat durant un temps com el campió de la revolució. Però es va plantar quan hauria d’haver avançat. Els obrers aviat es van assabentar que tot el que la destrucció de la Bastilla i l’abolició dels privilegis feudals havien aconseguit va ser la reducció del poder del rei [Lluís XVI] i l’aristocràcia, i l’augment del poder de la classe mitjana. Però la gent no es conformava amb això: exigien llibertat i drets per a ells mateixos, volien el que volem, una autèntica igualtat. Quan Lafayette va veure això, es va convertir en conservador i ja no va ser un revolucionari. Va ser ell qui va proposar l’adopció de la llei marcial per autoritzar el sotmetiment del poble a base de trets quan hi hagués un tumult, en un moment on la gent patia una fam absoluta. Segons aquesta llei marcial, el mateix Lafayette va supervisar una carnisseria quan la gent es va reunir al Camp de Mart, el 17 de juliol de 1791, per presentar una petició a l’Assemblea contra la reinversió del rei amb poder suprem, després del seu vergonyós vol a Varennes. Posteriorment, Lafayette es va atrevir a amenaçar París amb la seva espasa i va proposar tancar els clubs públics per violència armada. Després del 10 d’agost es va esforçar per convèncer i entusiasmar els seus soldats per marxar contra París, però ells, millors patriotes que ell, es van negar i llavors ell va fugir i va renunciar a la revolució. Tanmateix, Lafayette era potser el millor home de tots els constitucionalistes, però ni ell ni el seu partit entren a la brúixola del nostre brindis, ja que ni tan sols eren republicans de nom. Professaven reconèixer la sobirania del poble, alhora que dividien els ciutadans en actius i inactius, segons els impostos directes que pagaven. Els que més impostos pagaven eren els ciutadans actius, els quals gaudien el dret del sufragi. En resum, Lafayette i els constitucionalistes eren simples Whigs (parlamentaris partidaris de la monarquia constitucional), però poc millor, que els homes que ens van estafar amb la Llei de la Reforma (electoral) de 1832. A continuació vénen els girondins: aquest és el partit generalment sostingut pels “republicans honrats i virtuosos”, però he de discrepar amb els que mantenen aquesta opinió. És impossible negar-los l’homenatge amb la nostra admiració pels seus talents: l’eloqüència que distingia els líders d’aquest partit, acompanyada en alguns casos d’una severa integritat, com en el cas de Rolan, per devoció heroica, com en el cas de Madame Roland; i per un entusiasme ardent, com en el cas de Barbaroux [….] I no podem, almenys parlo per mi mateix –no puc llegir el final impactant i prematur d’una Madame Roland o del filòsof Condorcet, sense una intensa emoció. Tot i això, els girondins no eren els homes als quals la gent podia mirar per rescatar-los de l’esclavitud social. Que hi havia bons homes entre els girondins no es pot posar en dubte, que eren honestos a les seves conviccions pot ser admès. Que molts d’ells fossin ignorants més que culpables, es pot creure generosament, tot i que per creure-ho només ho hem de creure dels qui van morir, ja que si haguéssim de jutjar el partit pels qui van sobreviure al que comunament s’anomena ‘regnat del terror’, hauríem de ser forçats a la conclusió que mai no existia una banda més vulgar. Aquests supervivents d’aquell partit van ajudar a destruir la constitució del ‘93, van establir la constitució aristocràtica del ‘95, van conspirar amb les altres faccions aristocràtiques per exterminar els republicans reals i, finalment, van ajudar a situar França sota la tirania de l’usurpador militar Napoleó. L’eloqüència dels girondins ha estat molt lloada, però els demòcrates severs i intransigents no podem consentir admirar-los pel simple fet que eren eloqüents. De fet, si ho féssim, hauríem d’atorgar els màxims honors al corrupte i aristocràtic Mirabeau. Quan el poble, aixecant-se per la llibertat, rebentant els lligams de l’esclavitud de mil quatre-cents anys, va abandonar les seves cases per combatre contra el conspirador domèstic i l’invasor estranger, va requerir alguna cosa més que els discursos eloqüents i les fràgils teories dels girondins per mantenir-se. ‘Pa, acer i igualtat’, era el que la gent demanava. Pa per a les seves famoses famílies, acer amb el qual poder derrotar les cohorts dels dèspotes dels voltants, i la igualtat com a fi dels seus treballs i la recompensa dels seus sacrificis. Els girondins, però, consideraven el poble, citant les paraules de Thomas Carlyle, com a meres ‘masses explosives amb les quals fer explotar bastilles’ [Thomas Carlyle, La revolució francesa: una història. Vol. III] – per ser utilitzats com a eines i ser tractat com a esclaus. Van dubtar entre el reialisme i la democràcia, amb l’esperança inútil d’enganyar la justícia eterna mitjançant un compromís… Van caure, i la seva caiguda va ser merescuda. Els homes energètics els van trepitjar i la gent es va desfer d’ells. De les diverses seccions del partit de la Muntanya, només diré no les de Robespierre i els seus amics, dignes de qualsevol elogi. El nombre més gran de muntanyencs eren bandolers, que només estaven ansiosos d’obtenir per ells mateixos el botí de la Revolució, sense preocupar-se de la gent per la qual, gràcies al seu treball, patiment i coratge s’havia aconseguit la revolució. Aquests bandits, fent servir el llenguatge dels amics de la igualtat, i fent-los costat durant un temps contra els constitucionalistes i els girondins, tan aviat com havien adquirit el poder, es van mostrar tal com eren i des de llavors es mantingueren amb els enemics declarats i mortals de la igualtat. Va ser aquesta facció la que va derrocar i assassinar a Robespierre, i va condemnar a mort a Saint-Just, Couthon, i a tots els principals amics d’aquell legislador insubornable. No satisfets amb destruir els amics de la igualtat, els assassins van carregar els seus noms amb les més infames de les calúmnies, carregant sobre les seves víctimes els mateixos crims que ells havien comès. Sé que no està de moda considerar a Robespierre una altra cosa que no sigui un monstre, però crec que s’acosta el dia en què es tindrà una visió molt diferent del caràcter d’aquell home extraordinari. Jo no convertiria a Robespierre en cap déu. No el tinc per perfecte, però, a mi em sembla que va ser un dels pocs personatges principals de la Revolució que va veure quins eren els mitjans necessaris per extirpar el mal polític i social. No tinc temps per comentar els personatges de l’indomable Marat i aquella magnífica plasmació de la cavalleria republicana de Saint-Just. Tampoc tinc temps per parlar de les excel·lents mesures legislatives que van caracteritzar l’enèrgic govern de Robespierre. He dit que arribarà el dia en què es farà justícia al seu nom. Però, per a mi, la millor prova del personatge real de Robespierre es troba en el lament universal que sentien per la seva pèrdua els honrats demòcrates que el van sobreviure, els que també, enganyant les seves intencions, havien estat seduïts per afavorir la seva destrucció, i que, quan era massa tard, van lamentar les seves bogeries. Babeuf va ser un d’aquests, l’autor de la famosa conspiració coneguda que duia el seu nom. Aquesta conspiració tenia per objecte l’establiment d’una autèntica república, en la qual no s’hauria de conèixer mai més l’egoisme de l’individualisme, en què la propietat privada i els diners, fonament i arran de tot allò dolent i malvat, haurien de desaparèixer; i en què la felicitat de tots s’hauria de basar en el treball comú i que tots gaudissin per igual. Aquests homes gloriosos van perseguir el seu gloriós objectiu fins a la mort. Babeuf i Darthé van posar en una balança la seva creença i la seva sang i Buonarroti, després d’anys de presó, penúria i vellesa, va perseverar fins al final en defensar els grans principis que li feien perdre la son. Tampoc no hauria d’ometre aquells heroics diputats Romme, Soubrany, Duroy, Duquesnoy i els seus compatriotes, que, condemnats a mort pels aristòcrates traïdors de la Convenció, es van matar heroicament davant i en menyspreu als seus assassins, realitzant aquest auto-tragèdia amb una sola fulla de tallar que van passar de mà en mà. Això és molt per la primera part del nostre brindis. La segona part m’exigeix ​​només unes poques paraules, ja que les diran millor els patriotes francesos presents. No puc dubtar que els principis d’igualtat tindran una resurrecció gloriosa. De fet, aquesta resurrecció que ja han tingut aquests principis, no només en forma de republicanisme, sinó comunisme, ja que crec que França està coberta en l’actualitat per les societats comunistes; però d’això li deixaré parlar al meu amic el Dr. Fontaine i als seus compatriotes. Me n’alegro molt que aquells dignes patriotes estiguin aquí amb nosaltres. Seran testimonis aquesta nit a proves de l’absurditat de les diatribes que el partit francès de la guerra va pronunciar contra el poble anglès. Repudiem aquestes antipaties nacionals. Detestem i desdenyem aquestes bàrbares paraules com ‘enemics naturals’, ‘enemic hereditari’ i ‘glòria nacional’. Denunciem totes les guerres, excepte aquelles on les nacions poden ser forçades contra opressors domèstics o invasors hostils. . Més enllà d’això, rebutgem la paraula ‘estranger’ –no existirà en el nostre vocabulari democràtic. Podríem pertànyer a la secció anglesa, francesa, italiana o alemanya de la família europea, però l’Europa Jove és la nostra designació habitual i sota la seva bandera marxem contra la tirania i la desigualtat”.

Després que un comunista alemany [Joseph Moll] hagués cantat la marsellesa, Wilhelm Weitling va proposar un segon brindis:

Europa Jove. Repudiant les gelosies i les antipaties nacionals del passat, que els demòcrates de totes les nacions s’uneixin en una legió fraterna per a la destrucció de la tirania i el triomf universal de la igualtat”.

Weitling, que va ser rebut amb gran entusiasme, va llegir el discurs següent, ja que no parla anglès amb fluïdesa:

“Amics! Aquesta trobada és un testimoni d’aquest sentiment comú que escalfa el pit de tothom, és el sentiment de germanor universal. Sí! Tot i que som educats a diferenciar-nos els uns dels altres en l’ús dels sons com a mitjà natural per expressar i comunicar aquest sentiment interior, encara que l’intercanvi d’aquest sentiment es vegi dificultat per les diferències de llenguatge i milers de prejudicis estan units i dirigits pels nostres adversaris comuns per oposar-se en comptes que per promoure una millor comprensió i una germanor universal; tot i això, malgrat tots aquests obstacles, no es pot extingir aquest sentiment fort, caritatiu i saludable. Aquell sentiment que atrau el que el pateix cap al seu company patidor, el que lluita per obtenir un millor estat de coses per als seus companys de lluita. Aquells també van ser els nostres companys de lluita dels que la seva revolució commemorem aquesta nit; també estaven animats per les mateixes simpaties que ens ajunten i que, possiblement, deixeu-me tenir aquesta esperança, ens poden conduir a una lluita similar amb més èxit. En èpoques de moviment, quan els privilegis dels nostres adversaris locals corren un gran risc, intenten amb astúcia reconduir els nostres prejudicis més enllà de les fronteres de la nostra pàtria, fent-nos creure que els estrangers s’oposen al nostre interès comú. Quin truc! Quin frau! Però, reflexionant amb fredor sobre la qüestió, sabem molt bé que els nostres enemics més propers estan entre nosaltres. No és l’enemic exterior a qui hem de témer. Aquest pobre enemic és tractat com nosaltres; com nosaltres, es veu obligat a treballar per a milers de persones que no serveixen per res; com nosaltres pren les armes contra qualsevol perquè es veu obligat a fer-ho per la fam, per la llei o excitat per les seves passions, alimentat per la ignorància […]. Els governants nacionals representen als nostres germans com a cruels i garrepes; però, qui és més avariciós que aquells que ens governen per ser instruïts en l’art de la guerra, que, pels seus propis privilegis, ens encoratgen i ens condueixen a la guerra? És realment el nostre interès comú el que necessita la guerra? És l’interès de les ovelles que els llops les portin a lluitar contra altres ovelles també dirigides per llops? Són ells mateixos els nostres enemics més espoliadors; ens han pres tot el que és nostre, per fondre-ho tot en plaers i disbauxa. Ens treuen el que és nostre, ja que tot el que fan servir és produït per nosaltres i hauria de pertànyer a aquells que ho produeixen, i a les seves dones, fills, ancians i malalts. Però vegeu com per les seves astutes maniobres se’ns roba tot i una tripulació de consumidors ociosos ho acapara tot. És possible, doncs, que un enemic estranger ens robi més que els enemics de casa nostra? És possible, doncs, que la gent pugui ser assassinada per ells més vegades que pels nostres cruels homes de diners, que ens roben per la seva borsa de treball, pel moviment de diners i especulacions, per la seva moneda, per la seva fallida, pels seus monopolis i lloguers per a esglésies i terres? Per tots aquests mitjans ens roben el que necessitem a la vida i provoquen la mort de milions de germans treballadors, als quals no deixen ni les patates suficients per sobreviure. No és, per tant, prou clar que aquells que són el que són gràcies als diners, són realment els enemics de la classe treballadora de tots els països i que entre els homes no hi ha altres enemics de la raça humana que els enemics de la gent treballadora? És possible, doncs, que ens puguin robar i donar-nos mort més en un moment de guerra política que en un estat anomenat de pau? Els prejudicis nacionals, el vessament de sang i els robatoris només els fomentem en nom de la glòria militar! Quin interès tenim a guanyar una glòria tan estúpida? De fet, quina relació tenim amb allò, quan el nostre interès i sentiments s’hi oposen? No hem de pagar en tot moment les despeses? No hem de treballar i sagnar per això? Quin interès podem tenir en tots aquests vessaments de sang i robatoris de terres, excepte aprofitar les ocasions per girar la truita i provocar vessaments de sang i robatoris contra l’aristocràcia de totes les nacions? És només aquesta aristocràcia – i sempre aquesta aristocràcia – la que roba i assassina sistemàticament. Els pobres, dirigits pels aristòcrates, no són més que els seus instruments forçats i ignorants escollits entre totes les nacions: els més plens de prejudicis nacionals, són els que desitgen veure totes les nacions dominades per la seva pròpia nació. Però porteu-los aquí a aquesta reunió, i s’entendran i es donaran la mà els uns als altres… Si abans d’una batalla es permetés als defensors de la llibertat i l’amor dirigir-se a les tropes dels seus germans, no hi hauria matança, al contrari, hi hauria una reunió amistosa com la nostra. Oh! Si poguéssim tenir en un camp de batalla una trobada així, aviat hauríem acabat amb aquells que ens xuclen la sang i la medul·la i que ara ens oprimeixen i ens saquegen! Així són, amics, les sensacions d’aquest sentiment universal, on la seva calidesa, concentrada en el focus de la fraternitat universal, és l’espurna de l’entusiasme que aviat farà desaparèixer les muntanyes de prejudicis que han mantingut els germans massa temps separats”. (El senyor Weitling va tornar al seu seient enmig de llargues aclamacions)

El doctor Berrier-Fontaine, un vell republicà que durant els primers anys de govern burgès va jugar un paper a la Société des droits de l’homme de París, es va veure involucrat al judici d’abril de 1834, va fugir amb la resta dels acusats de Sainte Pélagie el 1835 (vegeu Geschichte der 10 jahre de Louis Blanc), i més endavant va fer progressos amb el desenvolupament del partit revolucionari a França i va tenir un contacte amistós amb Père Cabet, va començar a parlar després de Weitling. Va ser rebut amb fortíssims aplaudiments i va dir:

 “Ciutadans! La meva intervenció ha de ser necessàriament breu, ja que no parlo anglès molt bé. Em dóna un goig que no puc expressar amb paraules trobar la reunió dels demòcrates anglesos per commemorar la República Francesa. Responc enèrgicament als nobles sentiments del senyor Julian Harney. Us asseguro que els francesos no consideren el poble anglès com el seu enemic. Si alguns dels periodistes francesos escriuen contra el govern anglès, no escriuen contra el poble anglès. El govern d’Anglaterra és odiós a tota Europa, perquè és el govern de l’aristocràcia anglesa i no del poble anglès.  Els demòcrates francesos, tan lluny de ser enemics del poble anglès, desitgen realment confraternitzar amb ells. Els republicans de França no van lluitar només per França, sinó per tota la humanitat; volien establir la igualtat i estendre les seves benediccions a tot el món.  Consideraven a tota la humanitat com a germans i només lluitaven contra les aristocràcies d’altres nacions.  Us puc assegurar, ciutadans, que els principis d’igualtat han sorgit en una vida renovada. El comunisme avança a passos gegants per tota França. Les associacions comunistes s’estenen per tot el país i espero que aviat vegem una gran confederació de ciutadans demòcrates de totes les nacions per fer triomfar el comunisme republicà a tota Europa” (El doctor Fontaine es va asseure enmig de llargs aplaudiments)

Després de brindar per l’Europa Jove de Giuseppe Mazzini amb “tres crits que sonaven al sostre i les bigues” i “una hurra més”, es van proposar brindis a Thomas Paine, als demòcrates caiguts de tots els països i als d’Anglaterra, Escòcia i Irlanda, als cartistes deportats Frost, Williams, Jones i Ellis, a O’Connor, Duncombe i els altres propagandistes de la Carta i, finalment, tres hurres a The Northern Star. Es cantaven cançons democràtiques en tots els idiomes (no trobo cap menció a les cançons alemanyes) i el Festival es va acabar amb un ambient més fratern.

Aquí hi va haver una reunió de més de mil demòcrates de gairebé totes les nacions europees que s’havien unit per celebrar un esdeveniment aparentment completament aliè al comunisme: la fundació de la República Francesa. No s’havia fet cap acord especial per atreure un tipus de públic concret; no hi havia res que indiqués que només s’expressaria el que els cartistes de Londres entenien per democràcia. Per tant, podem suposar que la majoria de la reunió va representar bastant bé les masses dels proletaris cartistes de Londres. I aquesta reunió va acceptar els principis comunistes i la mateixa paraula “comunisme”, amb unànime entusiasme. La reunió cartista va ser un festival comunista i, com admeten els mateixos anglesos, “el tipus d’entusiasme que va prevaler aquella nit fa anys que no es veu a Londres”.

Tinc raó quan dic que la democràcia actual és comunisme?

Friedrich Engels

Escrit el 21 de novembre de 1847. Primera publicació a: La Réforme,  22 de novembre de 1847. Font: MECW Volume 6, p. 383. Traduït de l’anglès per Alexis Fernández.

La sessió d’obertura del Parlament recentment elegit que compta entre els seus membres amb distingits representants del partit del poble no va poder deixar de produir una excitació extraordinària a les files de la democràcia. A tot arreu es van reorganitzar les associacions cartistes locals. El nombre de reunions està augmentant i s’estan proposant i discutint les més diverses formes i mitjans per actuar. El comitè executiu de la National Charter Association acaba d’assumir el lideratge d’aquest moviment, exposant en un discurs als demòcrates britànics el pla de campanya que seguirà el partit durant la present sessió.

“D’aquí a uns dies”, se’ns diu, “se celebrarà una reunió de la que tenen la poca vergonya d’anomenar-la l’assemblea dels comuns d’Anglaterra (la cambra dels comuns)”. En pocs dies, aquesta assemblea, escollida només per una classe de la societat, començarà la seva perversa i odiosa tasca de reforçar els interessos d’aquesta classe, en detriment del poble.

“El poble ha de protestar en massa des del començament contra l’exercici de les funcions legislatives usurpades per aquesta assemblea. Vosaltres, cartistes del Regne Unit, teniu els mitjans per fer-ho; és el vostre deure utilitzar-los amb avantatge. Per tant, us presentem una nova petició nacional amb les exigències de la Carta del Poble. Ompliu-la amb milions de signatures. Feu possible que el presentem com l’expressió de la voluntat de la nació, com a protesta solemne del poble contra totes les lleis aprovades sense el consentiment del poble i com a projecte de llei, finalment, per la restauració de la sobirania a partir de qual la nació ha estat enganyada durant tants segles.

“Però la petició per si sola no serà suficient per satisfer les necessitats del moment. És cert que hem guanyat un escó a la cambra legislativa escollint el senyor O’Connor. Els membres democràtics el trobaran com un líder vigilant i enèrgic. Però O’Connor ha de fer-se fort amb el suport exterior, i és ell qui ha de crear aquesta pressió des de fora, aquesta forta i imponent opinió pública. Que les seccions de la nostra associació es reorganitzin arreu; que tots els nostres antics membres es reincorporin a les nostres files; que es convoquin reunions a tot arreu; que la Carta es converteixi en el tema del dia a tot arreu; que cada secció aporti la seva part per augmentar els nostres fons. Sigueu actius, doneu proves de la vella energia dels anglesos i la campanya que estem inaugurant serà la més gloriosa que s’hagi fet mai per a la victòria de la democràcia “. [“El Comitè Executiu dels Cartistes del Regne Unit”, 18 de novembre de 1847]

Els Demòcrates Fraterns, una societat constituïda per demòcrates de gairebé totes les nacions d’Europa, també s’acaba d’adherir, obertament i sense reserves, a l’agitació dels cartistes. Van adoptar una resolució amb aquest to:

“Mentre que el poble anglès no podrà recolzar eficaçment la lluita de la democràcia en altres països fins que no hagi guanyat el govern democràtic per si mateix i que la nostra societat, creada per ajudar la democràcia militant de tots els països, està obligada a ajudar els demòcrates anglesos en el seu esforç per obtenir una reforma electoral sobre la base de la Carta, els demòcrates fraterns es comprometen a recolzar amb totes les seves forces, finalment, l’agitació per la Carta del Poble”. [Resolució dels Demòcrates Fraterns, 15 de novembre de 1847]

Aquesta societat fraterna, que compta entre els seus membres amb els demòcrates més distingits, tant anglesos com estrangers residents a Londres, creix cada dia en importància. Ha arribat a tal proporció que els liberals londinencs no veuen amb bons ulls l’establiment, en oposició a aquesta societat fraterna, d’una “lliga internacional burgesa” encapçalada per famosos parlamentaris favorables al lliure comerç. L’únic objecte d’aquesta nova associació, el lideratge del qual inclou el doctor Bowring, el coronel Thompson i altres defensors del lliure comerç, és dur a terme propaganda sobre el lliure comerç a l’estranger sota la cobertura de locucions filantròpiques i liberals. Però sembla que aquesta associació no avançarà gaire. Durant aquests primers sis mesos no ha fet gairebé res, mentre que els demòcrates fraterns s’han oposat obertament a qualsevol acte d’opressió, independentment de qui ho pugui intentar cometre. Per tant, els demòcrates, tant anglesos com estrangers, en la mesura que aquests últims estan representats a Londres, s’han adherit als demòcrates fraterns, declarant al mateix temps que no se’ls permetrà explotar-los en benefici dels fabricants partidaris del lliure comerç d’Anglaterra.

Friedrich Engels i Karl Marx 

Primera publicació a Deutsche-Brüsseler-Zeitung, el 9 de desembre de 1847. Font: MECW Volume 6, p. 388. Traduït de l’anglès per Alexis Fernández.

El discurs d’Engels

Permeteu-me, estimats amics, parlar avui aquí com a excepció en la meva qualitat d’alemany. Per a nosaltres, els demòcrates alemanys tenen un interès especial en l’alliberament de Polònia. Van ser els prínceps alemanys qui van obtenir grans avantatges de la divisió de Polònia i són els soldats alemanys els que encara mantenen Galítsia i Posen. La responsabilitat d’eliminar aquesta desgràcia de la nostra nació recau en nosaltres, els alemanys, en nosaltres, els alemanys. Som demòcrates sobre totes les coses. Una nació no pot arribar a ser lliure i, al mateix temps, continuar oprimint altres nacions. Per tant, l’alliberament d’Alemanya no pot tenir lloc sense l’alliberament de Polònia de l’opressió alemanya. I per això, Polònia i Alemanya tenen un interès comú i, per això, els demòcrates polonesos i alemanys poden treballar junts per l’alliberament d’ambdues nacions. També crec que el primer cop decisiu que conduirà a la victòria de la democràcia i a l’alliberament de totes les nacions europees, serà donat pels cartistes anglesos. Porto vivint a Anglaterra des de fa uns quants anys i em vaig alinear obertament amb el moviment cartista durant aquest anys. Els cartistes anglesos seran els primers a aixecar-se perquè és precisament a Anglaterra on la lluita entre la burgesia i el proletariat és la més intensa. I per què és la més intensa? Perquè a Anglaterra, com a resultat de la indústria moderna amb la introducció de la maquinària, totes les classes oprimides es fusionen en una sola gran classe amb interessos comuns, la classe del proletariat; i a conseqüència d’això, al costat oposat totes les classes d’opressors també s’han unit en una sola classe, la burgesia. Així, la lluita s’ha simplificat i, per tant, serà possible decidir-la amb un sol cop ben fort. No és així? L’aristocràcia ja no té cap poder a Anglaterra; només governa la burgesia i ha arrossegat l’aristocràcia. Però tota la gran massa popular s’oposa a la burgesia, unida en una formidable tropa, la victòria de la qual sobre els capitalistes governants s’acosta cada cop més. I heu d’agrair a la maquinària aquesta eliminació d’interessos oposats que anteriorment dividien les diferents seccions de treballadors, per igualar els nivells de vida de tots els treballadors. Sense maquinària, no hi ha cartisme, i tot i que la maquinària pot empitjorar temporalment la vostra posició, és la maquinària la que fa possible la nostra victòria. Però no només a Anglaterra; a la resta de països ha tingut el mateix efecte sobre els treballadors. A Bèlgica, a Amèrica, a França i a Alemanya ha igualat les posicions de tots els treballadors i cada dia ho fa cada cop més; en tots aquests països, els treballadors de totes les nacions són el resultat dels interessos del partit dels treballadors de totes les nacions; el resultat de la maquinària és un avenç enorme. Què se’n desprèn d’això? Com que la condició dels treballadors de tots els països és la mateixa, perquè els seus interessos són els mateixos i els seus enemics també, els treballadors han de lluitar junts i oposar-se a la germanor de la burgesia de totes les nacions amb una fraternitat de treballadors internacionals.

El discurs de Marx

La unificació i la fraternitat de les nacions és una frase que està actualment en boca de tots els partits, especialment en aquells dels lliurecanvistes burgesos. Existeix, per cert, un cert tipus de germanor entre les classes burgeses de totes les nacions. És la fraternitat dels opressors contra els oprimits, dels explotadors contra els explotats. Així com la classe burgesa d’un país es troba agermanada i unida contra els proletaris d’aquest mateix país, malgrat la competència i els conflictes existents entre els integrants de la burgesia, els burgesos de tots els països estan units per llaços fraternals contra el proletariat de tots els països, encara que els burgesos combatin entre sí i competeixin mútuament al mercat mundial. Perquè els pobles puguin unir-se realment, els seus interessos han de ser comuns. I per tal que els seus interessos passin a ser comuns, és menester abolir les actuals relacions de propietat, ja que aquestes condicionen l’explotació dels pobles entre si; l’abolició de les actuals relacions de propietat és d’interès exclusiu de la classe obrera. La classe treballadora per si sola té els mitjans per aconseguir-ho.

La victòria del proletariat sobre la burgesia és, al mateix temps, la victòria sobre els conflictes nacionals i industrials que avui enfronten hostilment als pobles dels diversos països entre si com si fossin enemics. Per descomptat que l’antiga Polònia està perduda, i seríem els últims en desitjar la seva restauració. Però no només és l’antiga Polònia la que està perduda. La vella Alemanya, la vella França, la vella Anglaterra, tota la vella societat està perduda. Però la pèrdua de la vella societat no suposa cap pèrdua per a aquells que no tenen res a perdre en la vella societat, i actualment aquest és el cas en la gran majoria de països. Ans al contrari, tenen tot per guanyar amb la caiguda de la vella societat, que condiciona la formació d’una nova societat, que ja no es basa en els antagonismes de classe.

De tots els països, Anglaterra és on es troba més desenvolupada la contradicció entre el proletariat i la burgesia. La victòria dels proletaris anglesos sobre la burgesia anglesa és, per tant, decisiva per a la victòria de tots els oprimits sobre els seus opressors. Per tant, Polònia s’ha d’alliberar no a Polònia, sinó a Anglaterra. Per això vosaltres, els cartistes, no heu de formular simplement desitjos irrealitzables per l’alliberament de les nacions. Derroteu els vostres propis enemics interns i podreu ser conscientment orgullosos d’haver derrotat a la tota antiga societat.

Friedrich Engels 
Escrit el 4 de gener de 1848; Primera publicació a: La Réforme, 8 de gener de 1848. Font: MECW Volume 6, p. 445. Traduït de l’anglès per Alexis Fernández.

El projecte de llei de coerció a Irlanda va entrar en vigor dimecres passat. El Lord tinent d’Irlanda no va trigar a aprofitar els poders despòtics que aquesta nova llei li atorga; la llei s’ha aplicat als comtats de Limerick i Tipperary i a diverses baronies dels comtats de Clare, Waterford, Cork, Roscommon, Leitrim, Cavan, Longford i King’s County.

Queda per veure quin serà l’efecte d’aquesta odiosa mesura. En aquest sentit, ja tenim l’opinió de la classe pels interessos de la qual es va prendre la mesura, és a dir, dels propietaris irlandesos. Anuncien al món en els seus òrgans de propaganda que la mesura no tindrà cap mena d’efecte. I per aconseguir-ho, es posa tot un país en estat de setge! I a més, 9 de cada 10 representants irlandesos han desertat del seu país.

Això és un fet. La deserció ha estat general. Durant la discussió del projecte de llei, la mateixa família O’Connell es va dividir: John i Maurice, dos dels fills del difunt “Llibertador” [Daniel O’Connell], van romandre fidels a la seva terra natal, mentre que el seu germà Morgan O’Connell, no només va votar a favor del projecte de llei, sinó també es va manifestar en diverses ocasions a favor d’aquesta llei. Només va haver-hi divuit membres que van votar pel rebuig total del projecte de llei i només vint van donar suport a l’esmena presentada pel senyor Warley, el membre cartista d’un districte als afores de Londres, que va exigir que el projecte de llei de coerció (o coaccions) hauria de ser acompanyat per mesures destinades a reduir les causes dels delictes que aquesta llei es va proposar reprimir. I entre aquests divuit i vint també hi havia quatre o cinc radicals anglesos i dos irlandesos que representaven jurisdiccions electorals angleses, és a dir, que dels cent membres que Irlanda té al Parlament només hi havia una dotzena que es van oposar seriosament al projecte de llei.

Aquest va ser el primer debat sobre una qüestió important que afectava Irlanda i que s’havia celebrat des de la mort d’O’Connell. Va ser per decidir qui prendria el lloc del gran líder agitador a Irlanda. Fins que es va inaugurar l’última sessió parlamentària, el Sr. John O’Connell havia estat reconegut tàcitament a Irlanda com el successor del seu pare. Però aviat es va fer evident, una vegada havia començat el debat, que no era capaç de dirigir el partit i, a més a més, que Feargus O’Connor es va convertir en un extraordinari rival. Aquest líder democràtic, sobre el qual Daniel O’Connell va dir “Estem encantats de fer als cartistes anglesos un regal de part del senyor Feargus O’Connor”, es va posar al capdavant de l’Irish Party [el partit irlandès]. Va ser ell qui va proposar el rebuig total del projecte de llei sobre coaccions, qui va aconseguir reunir tota l’oposició darrere seu, qui es va oposar a cada clàusula, que va mantenir la votació sempre que va ser possible; resumint en els seus discursos tots els arguments de l’oposició contra el projecte de llei i finalment va ser ell qui, per primera vegada des del 1835, va introduir la moció de derogació de la Unió de 1800 amb el Regne Unit de Gran Bretanya, una moció que cap dels membres irlandesos hauria presentat. 

Els membres irlandesos van acceptar aquest líder amb poques ganes. Com a simples Whigs [liberals] de tot cor, detesten essencialment l’energia democràtica del senyor O’Connor. Ell no els permetrà continuar utilitzant la campanya de revocació com a mitjà per enderrocar els Tories [conservadors] a favor dels Whigs i una vegada aquests últims han arribat al poder, que se n’oblidin de la mateixa paraula “revocació”. Però els membres irlandesos que donen suport a la revocació no poden prescindir d’un líder com O’Connor i, tot i que intenten minar la seva creixent popularitat a Irlanda, estan obligats a sotmetre’s al seu lideratge al Parlament. 

Quan acabi la sessió parlamentària, O’Connor probablement farà una gira per Irlanda per revifar l’agitació perquè aquesta llei sigui revocada i fundar un partit cartista irlandès. No hi ha dubte que, si O’Connor aconsegueix fer-ho amb èxit, serà el líder del poble irlandès en menys de sis mesos. Unint el lideratge dels demòcrates dels tres regnes a les seves mans, ocuparà una posició que cap agitador, ni tan sols O’Connell, ha ocupat davant seu.

Deixarem que siguin els nostres lectors els qui jutgin la importància d’aquesta futura aliança entre els pobles de les dues illes. La democràcia britànica avançarà molt més ràpidament quan les seves tropes siguin inflades per dos milions d’irlandesos valents i ardents, i la Irlanda que sofreix la pobresa haurà fet un pas de gegant cap al seu alliberament.

Friedrich Engels

Escrit entre l’octubre i el novembre del 1847. Font: Marxist Internet Archive.

1. Qüestió: Què és el comunisme?

Resposta: El comunisme és la doctrina de les condicions d’alliberament del proletariat.

2. Qüestió: Què és el proletariat?

Resposta: El proletariat és la classe de la societat que viu completament de la venda del seu treball i que no treu profit de cap mena del capital; de la qual la prosperitat i la misèria, la vida i la mort, la simple existència depenen de la demanda de treball, i per tant de la mutable situació econòmica, de les incerteses de la competència sense fre. El proletariat o la classe dels proletaris és, en una paraula, la classe treballadora del segle XIX.

3. Qüestió: Així doncs, no sempre hi ha hagut proletaris?

Resposta: No. Sempre hi hagut classes pobres i treballadores; i la classe obrera ha sigut majoritàriament pobre. Però no sempre hi ha hagut pobres i treballadors en condicions com les actuals, en altres paraules, no sempre hi ha hagut proletaris, com no hi ha hagut sempre una lliure competència sense fre.

4. Qüestió: Com s’originà el proletariat?

Resposta: El proletariat s’originà durant la revolució industrial, que tingué lloc a la darrera meitat del segle passat a Anglaterra, i que des de llavors s’ha repetit en tots els països civilitzats del món. Aquesta revolució industrial fou precipitada per la descoberta de la màquina de vapor, de diverses filadores mecàniques, del teler mecànic i de tota una sèrie d’altres dispositius mecànics. Aquestes màquines, que eren molt cares i per tant sols les podien comprar els grans capitalistes, alteraren tot el sistema de producció i desplaçaren els antics treballadors, perquè les màquines produïen mercaderies més barates i millors que les que podien produir els obrers amb les ineficients filadores i telers manuals.

Aquestes màquines lliuraren la indústria directament a mans dels grans capitalistes i feren completament inútil la migrada propietat dels treballadors (eines, telers, etc.) de forma que aviat els capitalistes ho tenien tot a les mans i no res els quedava als treballadors. Això provocà la introducció del sistema fabril en la indústria tèxtil. – Un cop s’havia donat l’impuls a la introducció de la maquinària i del sistema fabril, aquest sistema es difongué ràpidament a tots els sectors industrials, especialment el tèxtil, i la imprempta, la ceràmica i les industries del metall. El treball com més anava més es dividia entre els treballadors individuals, de forma que el treballador que abans feia tota una feina, ara sols feia una part d’aquella feina.

Aquesta divisió del treball féu possible la producció més ràpida i barata d’objecte. Reduí l’activitat de cada treballador a moviments simples, mecànics i inacabablement repetitius que es podien realitzar, no també, sinó millor, amb una màquina. D’aquesta forma totes aquestes indústries caigueren, una darrera l’altra, sota el domini de la màquina de vapor, de la maquinària i del sistema fabril, com les filadores i els telers ja ho havien fet. Però alhora també queien a mans dels grans capitalistes i els treballadors perdien qualsevol independència que els hi restàs. Gradualment no sols la manufactura genuïna sinó també els oficis manuals anaven i anaven cap al domini del sistema fabril, mentre els grans capitalistes mitjançant l’establiment grans tallers desplaçaven els petits mestres, s’estalviaven despeses i afavorien una divisió elaborada del treball.

És així com s’ha esdevingut, i en els països civilitzats gairebé totes les formes de treball es realitzen en fàbriques, i gairebé tots els oficis, professions i manufactures han sigut superats per la gran indústria. Això, en un grau encara més gran, ha enfonsat les capes mitjanes, especialment els petits artesans, i els ha reduït completament a la condició de treballadors, de forma que s’han creat dues noves classes, que gradualment absorveixen totes les altres, és a dir:

1. La classe dels grans capitalistes, que en tots els països civilitzats ja posseeixen de forma gairebé exclusiva tots els mitjans de subsistència i els materials i instruments (màquines, fàbriques) necessaris per a la producció dels mitjans de subsistència. Aquesta és la classe dels burgesos o burgesia.

2. La classe dels completament desposseïts, que són obligats a vendre als burgesos el llur treball, per obtindre a canvi els mitjans per la llur subsistència. Aquesta classe rep el nom de classe dels proletaris o proletariat.

5. Qüestió: Sota quines condicions té lloc aquesta venda del treball dels proletaris als burgesos?

Resposta: El treball és una mercaderia com les altres, i el seu preu és per tant determinat exactament per les mateixes lleis que determinen el de les altres mercaderies. El preu d’una mercaderia sota el domini de la gran indústria o de la lliure competència, que, com veurem després, són una mateixa cosa, és en promig sempre igual al cost de la producció d’aquesta mercaderia. El preu del treball és per tant igual al cost de producció del treball.

El cost de producció del treball consisteix precisament en la quantitat de mitjans de subsistència necessaris per permetre que el treballador continue al seu lloc, i per evitar que la classe obrera desaparega. L’obrer no rebrà per tant pel seu treball res més que ço que cal per aquest objectiu; el preu del treball o el salari serà, en altres paraules, el mínim requerit per mantindre la vida. Però com els negocis de vegades van millor, de vegades pitjor, de vegades l’obrer obté més o obté menys per la seua mercaderia. Però de nou així com el fabricant en la mitjana de les èpoques bones i dolentes no rep per les mercaderies ni més ni menys que ço que costen l’obrer tampoc no rep ni més ni menys que el mínim. Aquesta llei econòmica del salari operarà de forma més forta en la mesura que la gran indústria controle tots els sectors productius.

6. Qüestió: Quines classes treballadores hi havia abans de la revolució industrial?

Resposta: Les classe treballadores han viscut sempre segons els diferents estadis del desenvolupament de la societat en diferents circumstàncies i amb diferents relacions amb les classes propietàries i dirigents. A l’Antiguitat els treballadors eren esclaus dels propietaris, com és el cas encara de molts països endarrerits i del propi sud dels Estats Units. A l’Edat Mitjana eren els serfs dels nobles terratinents, com és el cas encara a Hongria, Polònia i Rússia. A l’Edat Mitjana i de fet fins la revolució industrial hi havia jornalers a les ciutats que treballaven al servei de mestres petits-burgesos, i gradualment esdevingueren, en desenvolupar-se la manufactura, treballadors manufacturers que àdhuc eren contractats pels grans capitalistes.

7. Qüestió: En què es diferencia el proletari de l’esclau?

Resposta: L’esclau es venut d’una vegada per sempre; el proletari s’ha de vendre diàriament i horàriament. L’esclau individual, propietat d’un amo, té assegurada per l’interès d’aquest amo una existència per miserable que siga; el proletari individual, propietat de fet de tota la classe burgesa, que compra el seu treball sols quan hom el necessitat, no té l’existència assegurada. Aquesta existència sols és assegurada a la classe proletària en general. L’esclau resta fora de la competència, el proletari hi és i n’experimenta les incerteses. L’esclau és comptat com una cosa, no com un membre de la societat civil; el proletari és membre de la societat civil.

Així l’esclau pot tindre una existència millor que la del proletari, si bé el proletari pertany a un estadi superior del desenvolupament de la societat i pròpiament es troba a un nivell social superior que l’esclau. L’esclau s’allibera si, d’entre totes les relacions de propietat privada, aboleix la relació d’esclavitud i esdevé així proletari; el proletari sols pot alliberar-se, per l’abolició de la propietat privada en general.

8. Qüestió: En què es diferencia el proletari del serf?

Resposta: El serf té en propietat i en ús un instrument de producció, un tros de terra, a canvi del qual dóna una part del producte o de feina. El proletari treballa amb l’instrument de producció d’un altre i per comptes d’un altre, a canvi d’una part del producte. El serf dóna, el proletari rep. El serf té una existència assegurada, el proletari no la té. El serf és fora de la competència, el proletari hi és a dins. El serf s’allibera si fuig a la ciutat i allà es converteix en artesà, o si per comptes de treball o de producte dóna diners al senyor i esdevé un arrendatari lliure, o si enderroca el seu senyor feudal i esdevé propietari, en resum per una ruta o per l’altra, entra en la classe propietària i en la competència. El proletari s’allibera en abolir la competència, la propietat privada i totes les diferències de classe.

9. Qüestió: En què es diferencia el proletari de l’artesà?

Resposta: Davant del proletari, l’anomenat artesà, tal i com existia gairebé a tot arreu el segle passat i encara existeix ací i allà en el present, és un proletari, si més no, a temps parcial. El seu objectiu és adquirir capital amb el qual explotar altres treballadors. Sovint pot aconseguir aquest objectiu on encara existeixen els gremis o on la llibertat de les restriccions gremials encara no ha introduït els mètodes fabrils en els oficis ni tampoc la competència. Però tan bon punt s’ha introduiït el sistema fabril en els oficis i floreix completament la competència, aquesta perspectiva s’allunya i l’artesa esdevé més i més un proletari. L’artesà per tant s’allibera en esdevindre o bé burgès o en entrar en la classe mitjana en general, o en esdevindre un proletari degut a la competència (com és en l’actualitat el cas més habitual). En aquesta darrer cas pot alliberar-se si s’uneix al moviment proletari, és a dir, al moviment més o menys comunista.

10. Qüestió: En què es diferencia el proletari del treballador manufacturer?

Resposta: El treballador manufacturer dels segles XVI a XVIII encara tenia en general un instrument de producció en propietat, el seu teler, la filadora de la família, un petit tros, on hi cultivava en el temps lliure. El proletari no té res d’això. El treballador manufacturer vivia gairebé sempre al camp i en una relació més o menys patriarcal amb el seu terratinent o patró; el proletari viu en general en grans ciutats i la seua relació amb el seu patró és merament monetària. El treballador manufacturer veu alterada la seua relació patriarcal per la gran indústria, perd tota propietat que encara tenia, i així esdevé proletari.

11. Qüestió: Quines foren les conseqüències immediates de la revolució industrial i de la separació de la societat en burgesos i proletaris?

Resposta: En primer lloc la davallada de preus de productes industrials provocada pel treball mecànic destruí completament en tots els països del món l’antic sistema de manufactura o de indústria basada en el treball manual. En els països semibàrbars, que fins aleshores havien romàs més o menys estranys al desenvolupament històric, i que tenien una indústria basada en la manufactura, es veieren forçats violentament a eixir del seu isolament. Compraven les mercaderies més barates d’Anglaterra i permeteren l’enfonsament dels llurs propis treballadors manufacturers. Així països que no havien conegut durant milers d’anys el més petit progrés, com ara Índia, foren completament revolucionats, i àdhuc la pròpia Xina entra en una revolució. S’ha arribat a un moment en el que una nova màquina que s’inventa a Anglaterra priva de mitjans de vida per tot un any a milions de treballadors de Xina. D’aquesta forma la gran indústria ha posat en contacte tots els pobles amb els altres, ha fusionat tots els petits mercats locals en un mercat mundial, ha difós la civilització i el progrés per tot arreu, i així, ha assegurat que ço que passa en els països civilitzats, tinga efectes en tots els altres països. Així, si a Anglaterra o a França els treballadors s’alliberassen, en tots els altres països tard o d’hora s’haurien de donar revolucions, que aconseguerien l’alliberament dels respectius treballadors.

En segon lloc, allà on la gran indústria ha desplaçat la manufactura, la burgesia, desenvolupada en riquesa i en poder en un grau superior ha esdevingut la primera classe del país. El resultat d’això, sempre que ha passat, és que la burgesia ha pres el poder polítics en les seues mans i ha desplaçant les antigues classes dirigents, l’aristocràcia, els mestres gremials i els llurs representants, la monarquia absoluta.

La burgesia eliminà el poder de l’aristocràcia, la noblesa, mitjançant l’abolició dels feus o en altres paraules en fer la propietat de la terra subjecte de compra i venda. Destruí el poder dels mestres gremials, en abolir els gremis i els privilegis professionals. En el seu lloc hi col·locà la lliure competència, és a dir l’estat de la societat, en el qual tothom té dret d’entrar en qualsevol branca de la indústria, amb l’únic obstacle de la manca del capital necessari.

La introducció de la lliure competència és per tant la declaració oberta que, a partir d’aleshores els membres de la societat sols seran diferents en la mesura que els llurs capitals són diferents, que el capital és el poder decisiu i que per tant els capitalistes, els burgesos, han esdevingut la primera classe de la societat. La lliure competència és necessària per l’establiment de la gran indústria, perquè és la única condició social en la qual la gran indústria pot funcionar. La burgesia, en haver destruït així el poder social dels nobles i dels mestres gremials, ha destruït també el llur poder polític. En haver-se elevat a la posició de primera classe de la societat, es proclama també com la primera classe de l’estructura política. Això ho fa mitjançant la introducció del sistema representatiu, que es basa en la igualtat burgesa davant la llei, el reconeixement de la lliure competència i que en els països europeus pren la forma de les monarquies constitucionals. En aquestes monarquies constitucionals sols voten els qui posseeixen un determinat capital, és a dir sols els burgesos; aquests votants burgesos trien els diputats, i aquests diputats burgesos, en fer ús del dret de rebutjar l’aprovació d’impostos, trien un govern burgès.

En tercer lloc a tot arreu el proletariat es desenvolupa amb el mateix ritme que es desenvolupa la burgesia. En la mateixa proporció que la burgesia s’enriqueix, en la mateixa proporció el proletariat augmenta. Ja que com els proletaris sols poden ésser contractats pel capital i com el capital sols pot crèixer mitjançant la contractació de treball, així el creixement dels proletaris té lloc justament al mateix ritme que el creixement del capital. Simultàniament aquest procés aplega burgesos i proletaris a les grans ciutats, on la indústria pot funcionar amb un major rendiment, i així en llençar grans masses en un punt els proletaris prenen consciència de la llur força. A més, com més es desenvolupa això, s’inventen més màquines noves, més es destrueix el treball manual, més pressiona la gran indústria en els salaris que, com hem vist, s’aprimen fins al mínim i fan la condició dels proletaris més i més feixuga. Així la creixent insatisfacció unida amb el creixent poder dels proletaris prepara una revolució de la societat pel proletariat.

12. Qüestió: Quines foren les darreres conseqüències de la revolució industrial?

Resposta: La gran indústria creà en la màquina de vapor i les altres màquines, el mitjans d’una producció industrial en expansió accelerada i d’una reducció de les despeses. Amb aquesta gran indústria accelerada la lliure competència en la producció assumí el caràcter més extrem; un gran nombre de capitalistes entraren en la indústria, i en poc temps es produïa més del que era necessari. La conseqüència fou que les mercaderies fabricades no es podien vendre i s’entrà en una anomenada crisi comercial. Les fàbriques hagueren de tancar, els fabricants declararen la bancarrota, i els treballadors es quedaren sense pa. La més gran misèria s’escampava a tot arreu. Després d’un temps els productes superflus foren venuts, les fàbriques començaren a treballar de nou, els salaris pujaren, i gradualment l’economia anava millor que mai. Però no passà gaire que de nou es produïen massa mercaderies, i s’entrà a una nova crisi, que seguia el mateix camí que l’anterior. Així des del començament d’aquest segle la condició de la indústria ha fluctuat constantment entre èpoques de prosperitat i èpoques de crisi, i cada cinc o set anys s’ha produït una nova crisi, que ha tingut l’efecte més gran contra els treballadors, i sempre s’ha acompanyat d’unes tensions revolucionàries generals i del més gran perill per tot l’ordre vigent de coses.

13. Qüestió: Quina conclusió s’extreu d’aquestes periòdiques crisis comercials?

Resposta: Primer: Que la gran indústria, tot i crear en la seua primera època de desenvolupament la lliure competència, ha superat ara la lliure competència; que la competència i per damunt de tot l’organització individual de la producció industrial ha esdevingut una cadena de la qual s’ha de lliurar i es lliurarà; que la gran indústria, en la mesura que mantiga el seu actual ritme, sols pot durar a costa d’un caos general cada set anys que cada vegada amenaça tota la civilització, i que du a la misèria no sols els proletaris, sinó que també una gran part dels burgesos s’arruinen; que per tant la gran indústria ha d’abandonar per si sola, cosa que és una impossibilitat absoluta; o que es fa inevitable una nova organització de la societat on no la concurrència entre fabricants, sinó tota la societat d’acord amb un pla i una direcció d’acord amb les necessitat de tots dirigesca la producció industrial.

Segon: Que la gran indústria i per tant l’expansió sense límits de la producció que la fa possible, condueixen a l’àmbit de la factibilitat un ordre de la societat en la que es produesca prou com perquè qualsevol membre de la societat es trobe en posició d’exercir i desenvolupar tots els poder i facultats en completa llibertat. Així resultarà que els mateixos trets de la gran indústria que en la nostra organització social actual produeixen misèries i crisis són les que en una organització diferent de la societat aboliran aquesta misèria i aquestes despressions catastròfiques. Així veiem amb la major claredat:

1. que tots aquests mals cal atribuir-los únicament a un ordre social que ja no es correspon a les exigències de la situació real i

2. que amb els mitjans actuals, i per tant amb un nou ordre social es possible eliminar tots aquests mals.

14. Qüestió: A què s’haurà d’assemblar aquest nou ordre social?

Resposta: Per damunt de tot haurà de prendre el control de la indústria i de totes les branques de la producció de mans dels individus en mútua competència i en el seu lloc establir un sistema on la societat controle totes aquestes branques de la producció, és a dir d’acord amb els interessos comuns, mitjançant un pla comú i amb la participació de tots els membres de la societat. En altres paraules haurà d’abolir la competència i substituir-la per l’associació. A més com que el control de la indústria per individus implica necessària la propietat privada i com que resulta que la competència és simplement la forma amb la qual s’expressa el control de la indústria pels propietaris privats, la propietat privada no es pot separar del control individual de la indústria i de la competència. La propietat privada per tant ha d’ésser abolida i el seu lloc l’ha d’ocupar la utilització comuna de tots els instruments de la producció i la distribució de tots els productes de comú acord o en una paraula amb la propietat comuna dels béns. L’abolició de la propietat privada és de fet i sens dubte la forma més ràpida i crucial per caracteritzar el canvi en l’ordre social que s’ha fet necessari pel desenvolupament de la indústria i per aquesta mateixa raó els comunistes el presenten com la principal reivindicació.

15. Qüestió: Per tant l’abolició de la propietat privada no era possible abans?

Resposta: No. Cada canvi en l’ordre social, cada alteració en les relacions de propietat és la conseqüència necessària de la creació de noves forces productives, que ja no tenen lloc en les antigues relacions de propietat. Això val també per la propietat privada. La mateixa propietat privada no ha existit sempre, i quan, cap al final de l’Edat Mitjana sorgí en la manufactura un nou sistema de producció, que es no es podia realitzar sota les relacions feudals i gremials de propietat aleshores existents, aquesta, que havia sorgit de les antigues relacions de propietat creà una nova forma de propietat, la propietat privada. Per la manufactura i pel primer estadi de desenvolupament de la gran indústria la propietat privada era l’única forma de propietat possible, l’ordre social basat en la propietat privada era l’únic ordre social possible. Com que no era possible produir per tothom, i que restàs un excedent per fer crèixer el capital social i augmentar la producció, com que no era possible, sempre hi havia d’haver una classe dirigent que controlàs l’ús de les forces productives de la societat i una classe pobre i oprimida. En què consisteixen aquestes classes depèn del grau de desenvolupament assolit per la producció. L’Edat Mitjana agrària ens dóna el baró i el serf, la ciutat de l’Edat Mitjana tardana ens mostra el mestre de taller i el jornaler, el segle XVII té els seus obrers manufacturers, el segle XIX té els grans fabricants i els proletaris.

És clar que, fins ara, les forces productives mai no s’han desenvolupat fins al punt on es pot produir prou per tothom, i que la propietat privada d’aquestes forces productives ha esdevingut una cadena i una barrera. Ara, però, el desenvolupament de la gran indústria ha expandit el capital i les forces productives a un tamany sense precedents i hi ha els mitjans a l’abast per multiplicar aquestes forces productives sense límit en el futur proper; a més aquestes forces productives s’han concentrat a mans d’un grapat de burgesos, mentre la gran massa del poble cau més i més en el proletariat, amb una situació que es fa més feixuga i intolerable en relació a l’enriquiment dels burgesos; i en tercer lloc aquestes forces productives tan profundament i fàcilment ampliades han supertat la propietat privada i la burgesia que amenacen en qualsevol moment de desencadenar les més violentes perturbacions en l’ordre social, ara sota aquestes doncidions l’abolició de la propietat privada no sols és possible sinó que és prioritària.

16. Qüestió: Serà possible una abolició cordial de la propietat privada?

Resposta: Seria desitjable que això pogués passar, i els comunistes certament serien els darrers a oposar-s’hi. Els comunistes saben prou bé que totes les conspiracions no sols són inútils, sinó també perjudicials. Saben prou bé que les revolucions no es fan a voluntat i arbitràriament, sinó que sempre i a tot arreu han sigut la conseqüència necessària de condicions que eren completament independents de la voluntat i de la direcció dels partits individuals i de la classe sencera.

Però també veuen que el desenvolupament del proletariat en gairebé tots els països civilitzats ha sigut violentament reprimit i que d’aquesta forma els enemics del comunisme han treballat per la revolució amb totes les forces. Si el proletariat oprimit és dut finalment a la revolució, els comunistes defensaran els interessos dels proletaris amb fets com ara els defensen amb paraules.

17. Qüestió: Serà possible l’abolició de la propietat privada d’un sol cop?

Resposta: No, així com les forces productives actuals no poden ésser multiplicades d’un cop per arribar al tamany necessari per crear una societat comunal. Amb tota probabilitat la revolució dels proletaris transformarà gradualment la societat actual i serà capaç d’abolir la propietat privada sols quan s’arribe a la quantitat suficient de mitjans de producció.

18. Qüestió: Quin serà el desenvolupament d’aquesta revolució?

Resposta: Primer que tot establirà una constitució democràtica i mitjançant aquesta el domini polític directe o indirecte del proletariat. Directe a Anglaterra, on els proletaris ja són la majoria del poble. Indirecte a França i Alemanya, on la majoria del poble consisteix no sols de proletaris, sinó també de petits camperols i burgesos, que es troben en procés de caure en el proletariat i que són més i més dependents en els llurs interessos polítics del proletariat i que per tant s’han d’adaptar a les reivindicacions del proletariat. Potser això costarà una segona lluita, però el resultat sols pot ésser la victòria del proletariat.

La democràcia seria del tot inútil pel proletariat si no fos immediatament emprada per aplicar mesures dirigides contra la propietat privada i per assegurar l’existència dels proletaris. Les principals d’aquestes mesures, que són el resultat necessari de les relacions existents, són les següents:

1. Limitació de la propietat privada mitjançant impostos progressius, un alt impost d’herència, abolició de l’herència per línies colaterals (germans, nebots, etc.), prèstecs forçats, etc.

2. Expropiació gradual dels terratinents, fabricants, propietaris del ferrocarril i armadors, en part mitjançant la competència de la indústria estatal, i en part directament mitjançant la compensació en forma d’obligacions.

3. Confiscació de les possessions de tots els emigrants i rebels contra la majoria del poble.

4. Organització de treball o de contractació de proletaris en les terres nacionals, fàbriques i tallers, amb l’abolició de la competència entre treballadors i sota uns fabricants, en la mesura que encara n’hi haja, obligats a pagar-los salaris tan alts com els pagats per l’estat.

5. Obligació igual de tots els membres de la societat de treballar fins que s’arribe a l’abolició de la propietat privada. Formació d’exèrcits industrials, especialment per l’agricultura.

6. Centralització del sistema de crèdit i de la moneda en mans de l’estat mitjançant un banc nacional amb capital estatal, i la supressió de tots els bancs privats i banquers.

7. Augment del nombre de fabriques nacionals, tallers, ferrocarils i naus, cultiu de noves terres i millora de les terres ja cultivades, en proporció al creixement del capital i del treball disponible per la nació.

8. Educació de totes les criatures, des del moment que puguen deixar la cura de la mare, en establiments nacionals de despesa nacional. Unió de l’educació i la producció.

9. Construcció de grans palaus a les terres nacionals com a habitatges comunitaris per agrupacions de ciutadans implicats tant en la indústria com en l’agricultura i unió en la llur forma de vida dels avantatges de les condicions urbanes i rurals, mentre s’evita la parcialitat i els inconvenients de cadascuna d’elles.

10. Destrucció de tots els edificis insalubres i precaris dels districtes urbans.

11. Igualtat de drets d’herència de les criatures nascudes dins i fora del matrimoni.

12. Concentració de tots els mitjans de transport a mans de la nació.

És impossible, és clar, de dur a terme totes aquestes mesures tot d’una. Però cadascuna comportarà el desvetllament d’altres. Un cop s’haja llançat el primer atac radical contra la propietat privada, el proletariat es veurà forçat a anar més enllà, a concentrar progressivament tot el capital, tota l’agricultura, tot el transport, tot el comerç a mans de l’estat. Totes aquestes mesures s’han elaborat vers aquest fi; i esdevindran pràctiques i factibles i capaces de produir les llurs conseqüències centralitzadores precisament en la mesura que el proletariat, mitjançant el seu treball, multiplique les forces productives del país. Finalment, quan tot el capital, tota la producció i tot el bescanvi s’agrupen a mans de la nació, la propietat privada desapareixerà per si mateixa, la moneda esdevindrà superflua i la producció serà tan gran i els homes hauran canviat tant que la societat serà capaç de lliurar-se de qualsevol dels antics costums econòmics que encara hi resten.

19. Qüestió: Serà possible que aquesta revolució tinga lloc en un sol país?

Resposta: No. La gran indústria en crear el mercat mundial ha aplegat tots els pobles de la terra, i especialment els civilitzats, en una relació tan estreta que cap no és independent de ço que passe als altres. A més ha apropat el desenvolupament social de tots els països civilitzats a un punt on a tots aquests països la burgesia i el proletariat són les classes decisives de la societat, i la lluita entre elles és la gran lluita dels nostres dies. La revolució comunista per tant no serà merament un fenomen nacional sinó que la revolució ha de tindre lloc simultàniament en tots els països civilitzats, és a dir, si més no, a Anglaterra, Amèrica, França i Alemanya. Es desenvoluparà a cadascú d’aquests països d’una forma més ràpida o més lenta, d’acord a si tal o tal país té una indústria més desenvolupada, una riquesa més gran, unes forces productives més extenses. Així a Alemanya serà més lenta i trobarà més obstacles, a Anglaterra serà més ràpida i amb menys dificultats. Tindrà un poderós impacte en tots els altres països del món i alterarà radicalment el curs del desenvolupament que hagen fet fins aleshores i l’accelerà enormement. És una revolució universal i en conseqüència tindrà un abast universal.

20. Qüestió: Quines seran les conseqüències de la desaparició final de la propietat privada?

Resposta: La societat prendrà totes les forces productives i mitjans comercials, així com el bescanvi i la distribució dels productes de mans dels capitalistes privats i les gestionarà d’acord amb un pla basat en la disponibilitat de recursos i en les necessitat de tota la societat, de forma que principalment les conseqüències negatives que ara s’associen al comportament de la gran indústria siguen abolides. Les crisis desapareixeran; la producció ampliada, que per l’actual ordre de la societat és una sobreproducció i per tant una de les principals causes de la misèria, serà aleshores insuficient i caldrà ampliar-la encara molt més. Per comptes de generar misèria, la sobreproducció anirà més enllà de les necessitats elements de la societat per tal d’assegurar les necessitats de tothom, i crearà noves necessitats i, alhora, les formes de satisfer-les.

Esdevindrà la condició i l’estímul d’un nou progrés, que ja no llençarà tot l’ordre social a la confusió, a diferència de ço que el progrés ha fet sempre en el passat. La gran indústria, alliberada de la pressió de la propietat privada, entrarà en un desenvolupament, que ço que ara veiem semblarà tan petit com la manufactura en relació amb la gran indústria dels nostres dies. Aquest desenvolupament de la indústria donarà a la societat una quantitat de productes suficients per saisfer les nececessitat de tothom. El mateix passarà amb l’agricultura, que també pateix la pressió de la propietat privada i que la parcel·lació manté endarrerida, on s’aplicaran les millores i els procediments científics ja existents, amb el conseqüent salt cap endavant que assegurarà a la societat les quantitats de productes que necessita.

D’aquesta forma el producte social serà prou per gran per satisfer les necessitat de tots els seus membres. La divisió de la societat en diferents classes hostils les unes amb les altres esdevindrà superflua. De fet no sols serà superflua, sinó intolerable en el nou ordre social. L’existència de classes s’orgina en la divisió del treball, i la divisió del treball en la forma que s’ha donat fins ara desapareixerà completament. Per dur la producció industrial i agrícola al nivell que hem descrit, no n’hi ha prou amb els processos mecànics i químics; les capacitats dels homes que empren aquests processos han de patir un desenvolupament igual de gran. Igual que els camperols i els treballadors manufacturers del segle passat canviaren tota la llur forma de vida i es feren homes completament diferents, davant l’impacte de la gran indústria, el control comunitari de la producció per tota la societat i el conseqüent nou desenvolupament de la producció requerirà una mena completament diferent de material humà. El control comunitari de la producció farà per tant que els homes, com en l’actualitat, ja no se subordinen a una única branca de la producció, hi queden lligats i explotats, ja no coneixeran sols una única branca, o una única branca d’una branca de la producció total.

Fins i tot la indústria actual troba aquesta mena de gent com més va menys útil. El control i la planificació per tota la societat de la indústria necessita d’homes complets, amb unes facultats desenvolupades de forma equilibrada, i capaços de veure el sistema de producció com un tot. De fet la maquinària ja ha minat la divisió del treball que fa d’un un camperol, d’un altre un sabater, d’un tercer un obrer fabril, d’un quart un especulador de la borsa, i que desapareixarà completament. L’educació permetrà el joves de familiaritzar-se amb tot el sistema de producció, i d’arribar a la posició de poden canviar de branca de la producció d’acord amb les necessitat de la societat o de llurs pròpies inclinacions. Els alliberarà per tant del caràcter parcial que l’actual divisió del treball imposa a cadascú. D’aquesta forma l’organització comunista de la societat farà possible als seus membres de desenvolupar de forma racional totes les facultat en ple ús. Però quan això passe desapareixeran necessàriament les classes. Així l’organització comunista de la societat és incompatible amb l’existència de classes d’una banda, i de l’altra la pròpia construcció d’aquesta societat posa els mitjans per l’abolició de les diferències de classe.

Com a resultat d’això, la diferència entre la ciutat i el camp està destinada a desaparèixer. La gestió de l’agricultura i de la indústria per la mateixa gent per comptes de per dues classes diferents, és per raons completament materials una condició necessària de l’associació comunista. La dispersió de la població agrícola pel camp, juntament amb l’atapaïment de la indústria en les grans ciutats, és una condició que es correspon a un estadi subdesenvolupat de totes dues agricultura i indústria, i que es pot considerar com un obstacle pel desenvolupament posterior.

L’associació general de tots els membres de la societat per la gestió i planificació de l’explotació de les forces productives, l’expansió de la producció fins el grau de satisfer les necessitats de tothom, l’abolició de la situació on les necessitats d’un són satisfetes a costa de la dels altres, l’eliminació completa de les classes i dels llurs conflictes, el desenvolupament complet de les facultats de tots els membres de la societat mitjançant la desaparició de la divisió del treball, mitjançant l’educació industrial, mitjançant la dedicació a diverses activitats, mitjançant la participació de tots en el gaudiment produït per tots, mitjançant la combinació de ciutat i camp, són les principals conseqüències de l’abolició de la propietat privada.

21. Qüestió: Quina sera la influència de l’ordre social comunista sobre la família?

Resposta: Transformarà les relacions entre els dos gèneres en un afer merament privat, que pertany sols a les persones implicades i en la qual la societat no té oportunitat d’intervindre. Ho pot fer com que ha eliminat la propietat privada i educa socialment les criatures, ha eliminat les dues bases del matrimoni tradicional, la dependència basada en la propietat privada de les dones pels homes i de les criatures pels pares. Vet ací la resposta a les crides dels falsos moralistes contra la comunitat de dones. La comunitat de dones és una condició que pertany completament a la societat burgesa i que avui troba la seua expressió completa en la prostitució. La prostitució és basa, però, en la propietat privada i caurà amb ella. Així l’organització comunista, per compte d’introduir la comunitat de dones, de fet l’aboleix.

22. Qüestió: Quina serà l’actitud de l’organització comunista davant les nacionalitats existents?

Resposta: Les nacionalitats dels pobles que s’associen d’acord amb el principi de comunitat es veuran obligats a barrejar-se com a resultat d’aquesta associació i per tant a dissoldre’s-hi, de la mateixa forma que les diferències entre els diversos estaments i classes hauran de desaparèixer mitjançant l’abolició de la llur base, la propietat privada.

23. Qüestió: Quina serà l’actitud davant les religions?

Resposta: Totes les religions fins l’actualitat han sigut l’expressió dels estadis històrics de desenvolupament de pobles individuals o de grups de pobles. Però el comunisme és l’estadi del desenvolupament històric que fa supèrflues totes les religions existents i en comporta la desaparició.

24. Qüestió: Què diferencia els comunistes dels socialistes?

Resposta: Els anomenats socialistes poden dividir-se en tres classes. La primera classe consisteix en els addictes a la societat feudal i patriarcal, que la gran indústria, el mercat mundial i el llur producte, la societat burgesa, ja han destruït i destrueixen diàriament. Aquesta classe conclou a partir dels mals de la societat actual, que la societat feudal i patriarcal hauria d’ésser restaurada per tal d’alliberar-se d’aquests mals. Totes les llurs propostes a un grau més o menys gran van cap aquest fi. Aquesta classe de socialistes reaccionaris, tot i l’aparença de camaraderia i el vessament de llàgrimes per la misèria del proletariat, rep l’oposició enèrgica dels comunistes per

1. lluita per quelcom ja merament impossible;

2. cerca d’establir el domini de l’aristocràcia, dels mestre gremials i dels manufacturers i la corrua de monarques absoluts o feudals, oficials, soldats i sacerdots, una societat que era, certament, lliure de tots els mals de la societat actual, però que comportava com a mínim una mateixa quantitat de mals i que ni tan sols oferia als treballadors oprimits la possibilitat d’alliberar-se mitjançant l’organització comunista;

3. tan bon punt el proletariat esdevé revolucionari i comunista, mostren el llur veritable color en fer immediatament causa comuna amb el burgès contra el proletari.

La segona classe consisteix en els addictes de l’actual societat, que temen pel seu futur degut als mals que necessàriament origina aquesta societat. Lluiten per tant per mantindre la societat actual en alliberar-la dels mals que li són inherents. Per fer-ho qualques proposen mesures de benestar, mentre d’altres presenten grandiosos sistemes de reforma que, amb la pretensió de reorganitzar la societat, de fet proven de preservar els fonaments de la societat actual i per tant la vida de la societat actual. Aquests socialistes burgesos han d’ésser combatuts pels comunistes perquè treballen pels enemics dels comunistes i protegeixen la societat que els comunistes volen enderrocar.

La tercera classe finalment consisteix en els socialistes democràtics, que són favorables a les mateixes mesures que defensen els comunistes en la qüestió anterior, no com a part de la transició cap al comunisme, sinó com a mesures que creuen suficients per abolir la misèria i els mals de la societat actual. Aquests socialistes democràtics són o bé proletaris, que no tenen prou clares les condicions per l’alliberament de la llur classe, o són representants de la petita burgesia, una classe, que abans de la conquesta de la democràcia i de les mesures socialistes a les que hi donà lloc, tenia molts interessos comuns amb la proletària. Els comunistes per tant en moments d’acció han d’arribar a una entesa amb aquests socialistes democràtics i en general han de seguir una política comuna amb ell mentre siga possible, sempre que aquests socialistes no entren al servei de la burgesia dirigent i ataquen els comunistes. Aquesta forma de cooperació no exclou la discussió de les diferències, és clar.

25. Qüestió: Quina és l’actitud dels comunistes davant els partits polítics dels nostres dies?

Resposta: Aquesta actitud és diferent en els diferents països. – A Anglaterra, França i Bèlgica, on la burgesia domina, els comunistes encara tenen un interès comú amb els diversos partits democràtis, que creix més com més els apropen les mesures socialistes que propugnen als objectius dels comunistes, és a dir, com més clarament i deterinada sostenen els interessos del proletariat i més depenen del proletariat com a suport. A Anglaterra per exemple els cartistes de pertinença obrera són infinitament més a prop dels comunistes que els petits-burgesos democràtics o els anomenats radicals.

A Amèrica, on ja s’ha establert una constitució democràtica, els comunistes fan causa comuna amb el partit que gire aquesta constitució contra la burgesia i l’empre segons l’interès del proletariat, és a dir els nacional-reformistes agraris.

A Suïssa tot i que els radicals són un partit molt barrejat, són l’únic grup amb el qual els comunistes poden cooperar i, entre aquests radicals els més avançats són els valdesos i ginebrins.

A Alemanya finalment la lluita decisiva entre la burgesia i la monarquia absoluta és la prioritària. Com que els comunistes no poden entrar en la lluita entre la burgesia i ells fins que la burgesia no hi domine, és en interès dels comunistes ajudar la burgesia a assolir el domini per tal de poder enderrocar-la més aviat. Els comunistes han de donar suport per tant contra els governs al partit liberal burgès bo i que cal evitar els autoenganys de la burgesia i no caure en les promeses que els burgesos presenten al proletariat com a conseqüència de la victòria. Les úniques avantatges que d’una victòria burgesa pot obtindre el proletariat consisteixen: 1. en diverses concessions, que els comunistes poden capgirar per facilitar la unificació del proletariat en una classe sòlida, combativa i organitzada, i 2. en la certesa que el mateix dia que caiguen els governs, la lluita entre els burgesos i els proletaris començarà. Des d’aquell dia el partit polític dels comunistes actuarà com a la resta dels països, on la burgesia ja hi domina.